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Opinión: ¿por qué en España no gustan los familiares si son más prácticos que los SUV?

El mercado puede ser cruel. E incomprensible.

Imagen de perfil de Alex Aguilar
Skoda Octavia RS 245 Combi

Si nos sigues con regularidad seguro que en su día leíste la opinión de mi compañero Raúl Salinas acerca del éxito de los SUV... cuando no son mejores en nada. Hoy vamos a avanzar un paso más intentando entender nuestro mercado para tratar de encontrar las razones que expliquen por qué en España no gustan los familiares cuando, con cifras objetivas en la mano, suelen presentar mejores argumentos de venta que sus rivales todocamino -aquí cinco ventajas de un familiar sobre un SUV... y vicecersa-. 

Mes tras mes venimos comprobando un hecho realmente llamativo al analizar las cifras de ventas arrojadas por ANIACAM -de donde extrajimos cuáles fueron los deportivos más vendidos en abril, por ejemplo-: en España los familiares no tienen tirón. Y no estamos hablando de una sensación forjada al ver más o menos modelos rodando en la calle, no. Estamos hablando de números: durante el pasado mes sólo fueron matriculados en nuestro territorio 5.734 vehículos de esta categoría... cuya proporción es ridícula frente a los 25.303 utilitarios como el inminente Seat Ibiza 2017 que se vendieron durante el mismo período, los 23.446 compactos como el Volkswagen Golf 2017 o los 31.614 todocaminos como el... de todos tus vecinos. 

¿Cuál es la razón de que no tengan por aquí el éxito que se merecen? En realidad es algo difícil de explicar y parece íntimamente ligado a la importancia que le damos a la imagen proyectada hacia nuestros semejantes. Analizando objetivamente el mercado de los todocamino, lo cierto es que es muy difícil justificar su compra empleando términos auténticamente racionales como su economía, su seguridad real o su espacio interior -salvo honrosas excepciones como el Skoda Kodiaq y sus siete espectaculares plazas, por ejemplo-. ¿Qué nos ha ocurrido? ¿Por qué en España no gustan los familiares? ¿Hemos perdido la cabeza? 

¿Te vas de vacaciones? Las playas españolas donde peor se aparca en verano

Hace no demasiado tiempo -en los gloriosos años donde el Opel Kadett GSi era uno de los reyes de la carretera- en España la estampa más habitual que se podía ver en verano era la de una familia colocando todos sus bártulos de viaje en el generoso maletero de una berlina de tres volúmenes para lanzarse a la carretera e iniciar sus vacaciones. En este momento lo normal es ver la misma imagen... pero tratando de lidiar con la falta de espacio propia de SUV compactos que no brillan precisamente por su capacidad de carga. ¿Crees que tiene sentido? Evidentemente, quien ha hecho este tipo de compra siempre encontrará un buen argumento para defenderla pero, por mucho empeño que ponga, todo quedará reducido a un simple "es el tipo de coche que se lleva" o, lo que es todavía peor: "es que mi cuñado tiene uno y mola un montón". 

Todavía recuerdo la cara del comercial que me vendió el último coche que he comprado -para uso diario, ya que durante los fines de semana tengo el placer de conducir uno de los Porsche que puedes comprar por menos de 20.000 euros- cuando mi pareja y yo le dijimos que buscábamos un modelo familiar... con motor de gasolina. A pesar de sus conocimientos en la materia -y no es un sarcasmo-, la fuerza de la costumbre le hizo preguntarnos en varias ocasiones si estábamos seguros de que no lo preferíamos diésel. Ante un tribunal médico. Que pudiera certificar que no habíamos perdido la cabeza. Charlando en el momento de la entrega de llaves, Daniel -así se llamaba- nos confesó que se trataba de la venta más extraña que había hecho en todo el año. Y es que me imagino a los operarios de la factoría -por supuesto, de mi coche no había stock disponible- haciendo aspavientos y gritando en inglés cosas como "¡pero quién demonios ha hecho este pedido?" o "¡si ni siquiera tenemos las piezas!". 

Personalmente creo que la falta de cultura general del automóvil que sufrimos dentro de nuestras fronteras es la principal razón por la que este tipo de vehículos tienen tan poco éxito... y alternativas como los SUV son tan espectacularmente arrolladoras. Y sí, sé que este fenómeno no se da en exclusiva en nuestro mercado, pero la realidad es que con sólo con este argumento pueden explicarse otros casos como el de esos compradores que recorren 5.000 kilómetros al año y se hacen con un modelo de gasóleo o el de otros muchos que se atreven a emprender un viaje en carretera sin saber cambiar una rueda. Y que no se me ofenda nadie: vivimos en una sociedad libre en la que cada uno puede comprar, financiar y conducir lo que le dé la gana. ¿Te flipan los todocamino? Adelante. Pero sabes que en prácticamente ningún caso son la mejor opción. 

¿Por qué en España no gustan los familiares? ¿Por qué cada vez que voy por ahí con mi humilde pero horrorosamente práctico Civic Tourer todo el mundo me mira raro? Quizá sea porque es un vehículo realmente distinto y con una estética muy personal... o simplemente por el hecho de ser un automóvil pensado para las familias... con forma de familiar. La vida es un misterio. Y los misterios, misterios son. O algo. 

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