Las seis cosas más alucinantes del Rolls-Royce Dawn

Como buen Rolls, el Dawn está repleto de detalles que te harán babear como un auténtico poseso: estos son sus seis características más interesantes.

El techo

El Rolls-Royce Dawn es un ejemplo perfecto de modernidad y tradición: la marca inglesa jamás debería optar por el techo duro. Su techo de lona ya no es solamente un elemento estético importantísimo, es también una de las mejoras capotas que hemos tocado jamás (por no decir la mejor). El techo incorpora hasta seis capas de material para la máxima insonorización interior cuando va capotado: el confort debe ser propio de un Rolls, no hay discusión.

En 22 segundos la capota retráctil se echa para atrás dejando al aire la segunda faceta de este coche. Este movimiento se puede realizar en marcha, a una velocidad de hasta 50 km/h. Y todo ello rodeado de un silencio absoluto, no hay molestos chillidos ni cualquier otra cosa que perturbe el máximo refinamiento de una capota sencillamente excepcional.

Las puertas

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No es la primera vez (ni esperemos que la última) que vemos las puertas suicidas en un Rolls-Royce. La mayor parte de las veces cumple un cometido puramente teatral y de exclusividad, pero en el Dawn, además de eso, también ha permitido que los refuerzos estructurales sean menos contundentes. En conjunto, entre el mecanismo del techo y pequeños refuerzos, el peso aumenta en unos 200 kg, hasta unos intimidantes 2.560 kg. Solamente los gerifaltes de la marca saben cuánto pesará el futuro SUV de Rolls-Royce, quizás tanto como el Monte Everest…

La mecánica

De nuevo, ninguna novedad. Pero en serio, los 570 CV que produce su motor V12 biturbo de 6,6 litros no te dejan indiferente. Es un coche para ir tranquilo, de acuerdo, pero hunde el pedal derecho en la moqueta de oveja escocesa y prepárate para sentir la fuerza bajo tu trasero: el morro se levanta, tu espalda se pega al asiento y la sensación es como si estuvieses despegando en una nave espacial.

La transmisión

Como su hermano cerrado, el Wraith, el Dawn equipa una caja automática ZF de ocho velocidades que incluso se pone de acuerdo con el GPS y con tu manera de conducir para anticiparse a tus movimientos. Es inteligente y es una auténtica gozada: siempre entras a una curva en la relación correcta.

El estilo

Los chicos de diseño del Rolls-Royce Dawn podrían haber quitado el techo del Wraith y quedarse más ancho que largo. Pero no, aunque en un primer vistazo pueda parecer eso, los cambios son mucho más profundos: hasta el 80% de paneles y componentes se han modificado de alguna manera. El parabrisas está ligeramente más achatado, el espacio de vidrio es ahora menor y gracias a la relación entre chapa y tamaño de llanta, el coche podría ser perfectamente un 'hoy rod' de Al Capone. El aspecto es sensacional y tiene tanto estilo que no me cabe duda que el mismísimo Jay Gatsby lo habría utilizado para sus desplazamientos.

La 'coach line'

Es una opción que cuesta cerca de 1.500 euros y se trata de la raya que un artista pinta de manera completamente artesanal. Es una pijada, pero es maravillosa.

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