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Prueba: Aston Martin Vulcan en Yas marina. Sí, has leído bien...

Pfffff

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Esos escapes soltando llamas... ¡uf!
9 10

Nuestro veredicto

El protagonista de la prueba del Aston Martin Vulcan es mucho más que un deportivo. Es una bestia creada sólo para circuitos y basada en el Aston Martin One-77. Bueno, también fue la respuesta de la marca al McLaren P1 GTR y al Ferrari FXXK. Tiene 831 CV y, por encima de 300 km/h, genera más kilos de fuerza aerodinámica de los que pesa.

Vídeo: Aston Martin Vulcan

Eso quiere decir que, algighual que pasa con muchos modelos de competición, si eres capaz de encontrar un sitio donde poder conducir boca abajo, los 1.350 kg de este superdeportivo se mantendrán pegados al techo... Siempre que puedas ir a fondo, claro.

 

Esto se siente al probar un Aston Martin Vulcan

La verdad es que no se puede decir que la prueba de un Aston Martin Vulcan sea la típica que puedes hacer de por ejemplo un Seat León, pero tampoco fue un mal día: el escenario para conducir el Vulcan fue el Circuito de Yas Marina. Sí, donde se disputa el GP de Abu Dhabi. Los ingleses de Aston Martin sólo hicieron 24 unidades del Vulcan y, durante dos jornadas, una de estas máquinas de 2,27 millones de euros fue nuestra. Ha sido un privilegio enorme y una experiencia tremenda.

Vamos al lío. Bajar marchas hace que el conductor entre en shock casi con la misma rabia con la que lo hace el coche: aparecen llamas, los escapes laterales explotan, las luces del cambio parpadean con furia, la caja cruje, el motor se dispara y aúlla. Es una especie amalgama mecánica rugiente.

Fraser Dunn, jefe de la división Aston Q de Ingeniería Avanzada, y David King, director de Operaciones Avanzadas y Motorsport, hablaron sobre unos antiguos prototipos de desarrollo del Aston Martin One-77, el modelo del que deriva. No es sorprendente que su primera idea fuera hacer uno más rápido; pensaban en un One-77 R. El problema fue que ese proyecto también enganchó a los chicos de casi cada departamento de la marca. Diseño quería su trozo de pastel y, cuando recibió luz verde para llevar a cabo cambios (incluido realizar la carrocería en carbono, en lugar de aluminio), las otras divisiones empezaron a presionar para hacer modificaciones igualmente significativas.

Así que digamos que el plan para utilizar el motor V12 de 7,3 litros fue abandonado. Aston Marting Racing señaló que tenía un 6.0 V12 muy potente instalado en el Aston Martin Vantage GT3: con una considerable cantidad de variaciones (ganar un litro más, por ejemplo), serviría para alcanzar uno de los parámetros clave: más de 810 CV.

La aerodinámica del Aston Martin Vulcan

Sigamos con la prueba del Vulcan. Curva tras curva, este hiperdeportivo se pega al asfalto como si estuviera atornillado a él. ¿Adivinas por qué? No, no es por la fuerza que aporta el alerón trasero, que también, sino por el difusor. Primero mira el tamaño del spoiler delantero e imagina cuánto aire puede canalizar bajo el coche. Como su motor está más bien en posición avanzada (en lugar de central), una vez que ese aire está deslizándose por su ‘barriga’, dicho difusor puede actuar antes, generando mayor fuerza cuando este monstruo de circuito se mueve.

Pero no son sólo los componentes aerodinámicos. Las branquias extraen aire a alta presión que llega directamente a los pasos de rueda. Los ingenieros del departamento de motorsport proponían que volviera a salir por el capó, pero Marek Reichman, jefe de Diseño de Aston Martin, no lo permitió; quería la máxima extensión del ‘morro’, así que hicieron que se expulsara por los laterales. Esto mejoró la circulación del aire.

El Vulcan frente al McLaren P1 GTR

Si atendemos a las cifras puras, el Aston Martin Vulcan de la prueba no es el mejor. Ofrece 831 CV a 7.750 rpm y 780 Nm de par a 6.500 rpm, mientras que otra salvajada creada por y para los circuitos, el McLaren P1 GTR tiene 1.000 CV y 1.000 Nm. Ambos pesan prácticamente lo mismo, pero si sólo vemos los números… digamos son perturbadores. Lo que ocurre es que se trata de cómo sientes esa potencia. Y en el motor V12 atmosférico del Aston Martin Vulcan -aquí puedes ver a Chris Harris probándolo- la sientes de una forma muy especial.

La impresión de reserva de fuerza es colosal: el coche entero tiembla y, si echas un vistazo al cuentavueltas, te darás cuenta de que llega a la zona roja y rebota en un instante, como en el mejor modelo de carreras. Y está ‘decorado’ acorde a esto: asientos impresionantes, un volante parecido a los de la F1, sacudidas en el embrague cuando lo accionas, frenos que chirrían y todo lo demás. Pero, una vez que tienes temperatura en el motor y en los neumáticos...

McLaren P1 GTR
El McLaren P1 GTR

Al principio de la prueba del Vulcan, los de Aston nos montaron el coche con unos Michelin Pilot Sport Cup 2 hasta que le pudimos coger el punto. Es que no es para menos, y eso que  tiene tres modos de potencia: 557 CV, 684 y los 831 al completo.

De los dos primeros hay poco que contar. Bueno, que mientras pasas por ellos este superdeportivo sale disparado. Salgo a pista con las gomas lisas y las siento al instante. Al llegar al cartel de 200 metros en la recta del trazado, piso el freno con toda el alma. Puedo de este modo porque que en ese momento el coche pesa 2,5 toneladas y los slicks delanteros de 305 mm de anchura se alían con los poderosos Brembo de carbono: morder los discos sabiendo que nunca vas a bloquearlos, tratar de liberar la presión gradualmente mientras la aerodinámica se relaja y el vehículo se vuelve más ligero y seguir frenando hasta el vértice de la curva para alinear el morro es un ejercicio muy adictivo.

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Y entonces llega el turno del V12. Atmosférico, con una respuesta inmediata, maravilloso y con un sonido magnífico. Aúlla, casi grita. Como un V10 de la F1 en sus viejos tiempos, pero un poco menos agudo. Las detonaciones se acumulan. Son más densas que en un V8, aparecen más rápido, mas fuerte y con más urgencia, cada una de ellas forzando la velocidad del Vulcan.

Desde luego que es durante la prueba del Aston Martin Vulcan noto que es rápido, pero en un circuito nunca llegas a notar si el ritmo es altísimo o no tanto, ya que estas firmemente sujeto al asiento y tienes muchas otras cosas de las que preocuparte. Empiezas a sentir la resistencia aerodinámica a partir de los 240 km/h, cuando la aceleración te va dando un respiro. En general, la balanza entre el agarre y la potencia se inclina a favor del primero, pero la forma en la que se comporta el Vulcan y las sensaciones que regala son, sencillamente, extraordinarias.

Cómo se conduce el Vulcan

Seguro que te imaginas que nbingún coche de calle se conduce como uno de carreras. Y aunque es cierto que este Aston Martin no es un vehículo de carreras genuino (aunque, con la jaula antivuelco homologada y un par de modificaciones, puedes participar en algunos campeonatos), se acerca. Su aerodinámica y su agarre exigen un estilo de conducción muy diferente.

Es posible hacer cambios según se desarrollen y mejoren tus habilidades. Por ejemplo, cuando me hice una idea más ajustada de lo que tenía entre manos, decidí que me gustaría una dirección más rápida, unos frenos con más mordiente al inicio del recorrido del pedal, marchas más cortas, amortiguadores que recuperan antes su compostura, quizá un poco menos de deslizamiento para afinar las variaciones de dirección en las chicanes...

Y todo esto es posible: modificar la suspensión, la caída de las ruedas, las relaciones de la transmisión, el repostaje, los neumáticos, cualquier cosa. Entra a boxes, habla con tu ingeniero, echa un vistazo a los datos adquiridos. Puede cambiar y desarrollarse con tu talento y experiencia.

Y si no te quieres liar, tal y como está de origen va mucho mejor que bien. Hay una sensación real de calma bajo toda esa presión. Los movimientos son suaves y están telegrafiados. No hay malos modos, te da pistas y te anima para mantenerte alerta.

En un momento determinado, freno demasiado tarde y me meto de lleno en la curva. Cualquier cosa con motor central y la dirección mínimamente bloqueada había sobrevirado, pero el Aston Martin Vulcan se insinúa un par de grados para darme una advertencia… y me deja mantener nuestra dignidad.

El equilibrio entre agresividad y agilidad es el exacto. Pero hay una condición…

Tienes que conducirlo correctamente. Si te retrasas bajando marchas, se amontonarán en la transmisión, provocando convulsiones en el Vulcan. Los frenos chirrían como locos si no se emplean con la suficiente decisión. El control de tracción no es tan sofisticado; el coche salta y da sacudidas hasta que te acostumbras a combinarlo con el acelerador en las arrancadas. Después de eso, es asombroso.

¿Es cansada la prueba del Vulcan?

Agotadora. En cinco vueltas estoy fundido: dolor de cabeza, tengo sed beber, me pitan los oídos. No he escuchado ni una palabra del ingeniero porque, aunque el volumen está al máximo, no puede competir con el sonido del V12. Cuando cualquier otro Vulcan entra en la pista, en el circuito entero retumba cada cambio de marcha, cada ‘ahuecada’. Cuando afrontan la recta, un movimiento sísmico sacude las gradas

Uno de los highlights de la prueba del Aston Martin Vulcan es que se ha creado un mapa especial para el motor con el fin de ayudar a que el escape eche llamar. Si levantas el pie del acelerador, oyes un golpe en los escapes, por fuera de las puertas. Y si vas junto al muro, verás reflejado el color naranja. Es de locos. Y cuando los escapes laterales no están escupiendo fuego, cada uno de ellos es una entrada al infierno, dejando ver un brillo anaranjado en sus profundidades. Es que no hay palabras para describirlo.

Tendrás terror a las multas de velocidad

En cuando al diseño del Vulcan, ocurre como en muchos coches de carreras: la trasera es más bonita que su frontal. Me encanta su alerón y el impresionante bazooka de carbono que es una salida lateral de los escapes y los grupos ópticos. No estoy tan seguro respecto al ‘morro’. Si lo miras desde una posición muy baja, está genial, pero desde arriba, lo único que ves es la burbuja del habitáculo y el enorme capó… Es un poco soso.

La calidad de los acabados. No sé por qué nos asombra, pero las puertas ajustan perfectamente cuando cierran, el capó se eleva mediante amortiguadores, cada palanca tiene un tacto preciso… El diseño y la ejecución son excelentes. Y su manejo es muy lógico. El volante es una obra de arte, visual y ergonómicamente.

Para terminar con la prueba del Aston Martin Vulcan, un apunte: en Abu Dhabi no hay limitaciones de sonido y estuve en la pista hasta medianoche. Puedo decir que cada vuelta en el Vulcan ha sido un privilegio: siento que estoy haciendo algo obsceno, ilícito, casi malvado. Magia pura.

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