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Los circuitos míticos de la F1 (Parte II): Mónaco, velocidad y glamour

Mónaco, el Principado de Ayrton Senna...y del lujo

Imagen de perfil de Javier Prieto
Mónaco y Senna, una pareja de leyenda

Ya está aquí la segunda entrega de los circuitos míticos de la F1: Mónaco. En el trazado más antiguo del Mundial por detrás de Silverstone, se dan cita la pasión automovilística y el glamour. 

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Su exigencia física y dificultad lo convirtieron desde sus inicios en un reto solo al alcance de los grandes ases de la velocidad.

Entre todos ellos sobresale Ayrton Senna, uno de los mejores pilotos de todos los tiempos que inscribió con letras de oro su nombre en el Principado.

Por cierto, en el calendario de F1 2017, no podía faltar la cita en la nación de los Grimaldi.

 

Un trazado único

Las singulares características del Circuito de Mónaco, lo convierten en una pista única y muy especial. Para empezar es el más lento, corto y técnico del calendario.

Discurre íntegramente por las sinuosas calles del Principado que son transitadas a diario por sus habitantes, lo que hace que el grip del asfalto sea bajo en los primeros entrenamientos.

Los tradicionales baches, las líneas blancas, las tapas de las alcantarillas y los desniveles del recorrido añaden, junto a la proximidad de las vallas, una dificultad extrema.

 

MONACO F1

 

Por otra parte, en los escasos 3.337 metros del Circuito de Mónaco que albergan 19 curvas (12 de derechas y 7 de izquerdas), se encuentran algunos de los puntos icónicos de la Categoría Reina. Entre ellos Loews, Rascasse, el Casino o el Túnel por donde, aunque parezca increíble, los mejores monoplazas transitan a más de 300 km/h.  

Además en Montecarlo se registra la menor velocidad media del Campeonato, unos 163 km/h, frente a los 210 km que se promedian en el resto de la temporada.

 

CURVA LOEWS

 

Y claro ese paso de tortuga, hace que los 310 km que se completan en cualquier cita del calendario, en el Principado mengüen hasta los 260 km después de los 78 giros establecidos. Si no fuera así, los corredores estarían dando vueltas (casi) hasta el día siguiente.

Ya para acabar, la recta de meta se encuentra trazada con una suave parábola de derechas, es decir, que no estamos ante el típico perfil.

 

Ayrton Senna, el Príncipe de Mónaco

Sin ninguna duda, la figura de Ayrton Senna va unida al Circuito de Mónaco. En sus calles comenzó a forjarse su leyenda con actuaciones míticas como la que firmó en la edición de 1984.

Recuerda que en aquella prueba, con un humilde Toleman y bajo un diluvio universal, terminó segundo firmando una de las mayores exhibiciones en mojado que jamás se han visto. 

 

SENNA VS MANSELL MONACO 1991

 

También habría que destacar su victoria en el GP de Mónaco 1991, tras una batalla épica con Nigel Mansell, quien no pudo superarle a pesar de contar con un bólido (Williams) muy superior a su McLaren.

Y tampoco podemos olvidarnos de su vuelta mágica en ,considerada una de las actuaciones más alucinantes que se recuerdan en la historia del Motorsport.

 

Un poco de historia

Un empresario cigarrero llamado Anthony Noghès que vivía en Montecarlo quiso darle más notiriedad a su empresa. Ya se sabe que los ricos siempre quieren seguir forrándose.

¿Y qué hizo? Pues ir a hablar con su amiguete, un tal Luis II, que casualmente era el príncipe soberano en aquellas tierras.

Y claro, le moló mucho la iniciativa porque suponía elevar el caché de su pequeño reino. Además, ya se sabe que a los ricachones, eso de figurar, les encanta.

 

FANGIO MONACO GP 1950 ALFA ROMEO 158

 

Para que no faltara ningún elemento autóctono, invitaron al evento deportivo al corredor local Louis Chiron. Y el proyecto fue sobre ruedas porque el 14 de abril de 1929 se celebró el primer GP de Mónaco.

El ganador fue el británico William Grover-Williams con un Bugatti Type 35, tras casi cuatro horas en las que completó 100 vueltas.

En 1950 el GP de Mónaco se estrenó en la F1, considerándose la segunda carrera en la historia de la especialidad. Se llevó los honores el pentacampeón argentino Juan Manuel Fangio a los mandos de un Alfa Romeo 158. 

 

Lujo y glamour: la Dolce Vita

Ya te hemos contado anteriormente que los orígenes tan pijos del GP de Mónaco, hacen referencia desde un empresario millonetis hasta el príncipe del reino.

Y claro con esos impulsores, ya te puedes maginar el tipo de espectadores que consiguieron atraer a la famosa carrera.

Desde sus inicios se convirtió en una pasarela en la que para muchos lo importante era exhibirse con sus cochazos, sus embarcaciones de lujo, sus modelitos de Chanel y sus bolsos de Louis Vuitton.

Sin embargo, seis años después de disputarse la primera prueba en la casa de los Grimaldi, un evento le otorgó aún más popularidad. Fue una boda. ¿Cómo?

 

Yates Mónaco F1

 

Sí, el enlace entre la tristemente desaparecida Grace Kelly y el príncipe Rainiero, otorgó una resonancia mundial a la ciudad-estado y por ende, a su carrera de coches.

Desde entonces, el evento deportivo atrae a una pléyade de famosos, millonarios y algun@s buscavidas, todos ellos envueltos en glamour.

En este sentido, una de las señas de identidad del fin de semana de cada Gran Premio de Mónaco son las fastuosas fiestas que allí se organizan.

Tanto es así que ni los viernes hay entrenamientos libres, una peculiaridad única en el Mundial.

Imagínate, aquello se convierte en una competición más exigente que la que se libra en la pista por mostrar el vestido más exclusivo, el complemento más caro y el acompañante más despampanante.

 

Mónaco, la Dolce Vita

 

Todo ello, servido con un toque de hedonismo, en definitiva asistimos a un homenaje a la Doce Vita.

Ya el domingo, esa fauna de acaudalados, de los que permíteme que dude de la afición de algunos de ellos por la F1, disfrutan desde las piscinas de sus yates o las terrazas de los hoteles más exclusivos, de la emoción de la competición.

También aprovechan para cerrar negocios o encontrar pareja, que siempre es un buen negocio, sobre todo, desde el punto de vista sentimental.

 Así es la vida, como el Gran Circo, donde unos disfrutan de las mieles del triunfo y otros, desde el fondo de la parrilla, padecen el amargo sabor de la derrota. 

 

 

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