Pasar al contenido principal

Niki Lauda en 5 claves: Repaso a la carrera de un mito de la F1

El tricampeón austriaco ha sufrido una gripe y está hospitalizado tras un trasplante pulmonar. Nuestros mejores deseos.

Imagen de perfil de Javier Prieto
Niki Lauda y sus 5 claves

Nos ponemos en pie para hablarte de Niki Lauda en 5 claves. No en vano estamos ante uno de los mejores pilotos de F1... y más carismáticos. El tema viene a cuento porque Niki Lauda está grave tras un trasplante de pulmón.

El genial austriaco estaba de vacaciones en su amada Ibiza cuando surgieron las complicaciones. Inmediatamente fue trasladado a un centro hospitalizado en Viena, donde permanece ingresado. 

42 años del brutal accidente de Niki Lauda en el GP Alemania F1 1976

A pesar de su delicado estado, no dudes de que a sus 69 años, Niki Lauda está peleando como lo hacía en la pista, con un par de pistones. Sin más dilación, nos ponemos con la obra y milagros del genial y controvertido deportista. Pero tranqui, no se trata de hacer un Lauda-torio, sino de acercarnos a una de las figuras más importantes en la Historia de la Fórmula 1.

 

 

El tricampeón del mundo (1975, 1977 y 1984) dejó una huella imborrable y un legado imperecedero en los circuitos. Muy poquitos han tenido los arrestos de decirle ciao a Enzo Ferrari o de regresar al Gran Circo tras retirarse y derrotar al rebaño de las nuevas estrellitas del momento. Bueno sí, también protagonizó un puñado de polémicas declaraciones. Los genios son así.   

Por cierto, esperamos ver pronto a Niki Lauda ejerciendo nuevamente como Presidente No Ejecutivo -desconocemos el significado de dicho cargo- de Mercedes y enredando en el paddock con sus ácidas manifestaciones.

 

Un pijillo rebelde y veloz

Nacido en el seno de una familia  vienesa (muy) adinerada, Lauda sintió desde muy joven la pasión por la velocidad. Esta afición le trajo algunos dolores de cabeza porque sus padres querían que se dedicara a cuidar de la fortuna dirigir los prósperos negocios familiares.

Pero el chico no estaba por la labor. Debía ser muy aburrido a esa temprana edad manejar los millones de sus progenitores. Quizás por eso se convirtió en piloto de carreras. Aunque no lo tuvo tan fácil. Su abuelo le vetó en un equipo de competición, ya que era el presidente del banco patrocinador. Los ricos ejercen la presión sobre sus ovejas descarriadas de un modo particular.

 

 

Debutó en la velocidad allá por 1968 en una subida donde compitió con un Cooper. Después dio el salto a la Formula Vee, una de las grandes escuelas en el racing de aquellos tiempos. Más tarde se pasó a la peligrosísima Fórmula 3, antes de recalar en la Fórmula 2 donde se las tuvo tiesas con un tal Ronnie Peterson. 

 

Debut y aprendizaje en la F1

A pesar de ello se buscó la vida para estrenarse en las competiciones inferiores. Y no se le daba nada mal pisar el acelerador. De hecho, se las apañó para debutar en la Categoría Reina. Fue en el GP de Austria de 1971 a lomos de un March 711.

Al año siguiente completó con dicha escudería británica toda la temporada. Debido al penoso material con el que contaba (March 721), obtuvo unos resultados discretos, firmando un séptimo puesto en el GP de Sudáfrica de 1972 como mayor éxito del curso. 

 

 

Sin embargo, durante ese periodo con la formación inglesa adquirió experiencia, pulió su estilo de conducción y creció como corredor. Además, aquel purgatorio automovilístico sentó las bases del paraíso que llegaría, no sin sangre, sudor y lágrimas, años más tarde.

A pesar de aquellos hierros que conducía, Niki Lauda demostró desde las primeras actuaciones poseer mucho talento y velocidad.

Sin embargo, por encima de esas virtudes sobresalía su frialdad y templanza en la batalla. No había duda de que el muchacho disponía de un método estudiado y planificado. Se trataba de una estrategia para desenvolverse entre los rivales, basada en una conducción calculadora y cerebral, un conocimiento exhaustivo de la pista y una perfección enfermiza en los reglajes y la puesta a punto del coche. 

Harto de pelearse con los monoplazas de March, puso rumbo a BRM. Y aunque aquella decisión de 1973 supuso salir de Málaga para meterse en Malagón, no pasó del quinto lugar en el GP de Bélgica de 1973, coincidió en el equipo con Clay Regazzoni.

 

Etapa en Ferrari: Nace una estrella

Al regresar Regazzoni a Ferrari en el curso siguiente, Il Commendatore le preguntó por Niki Lauda. El suizo avaló este fichaje y Enzo se lo llevó a su equipo. Quería que el austriaco acabara con la sequía de triunfos de dos años -desde el GP de Alemania 1972- que padecía La Scuderia.

 


El vienés solo necesitó cuatro citas para sumar su primer triunfo y devolver el champán a Maranello. Sucedió en el GP de España de 1974 disputado en el Jarama. ¡Qué recuerdos! Pero no te creas que fue una etapa fácil. Por aquel entonces la combustión espontánea y los continuos fallos constituían las señas de identidad de los coches rojos. 

 

 

No obstante, finalizó el curso con otros cuatro triunfos más en ese año, y sobre todo, abrió el camino del éxito. Borró de un plumazo el derrotismo de La Scuderia, impropio de una formación mítica. En 1975 conquistó su primer mundial con Ferrari, merced a otras cinco victorias. Había nacido una estrella... algo rarita. Tenía sus cosas, como todos. No disponía de unas grandes habilidades sociales para el contacto interpersonal, podríamos decir.

 

El fatídico accidente en Nürburgring

El Campeonato de 1976 estaba siendo un paseo triunfal para Niki Lauda, defensor del título. De hecho, se había subido a lo más alto del podio en 5 de las nueves primeras citas, por tan solo dos su gran rival del curso, James Hunt. Sin embargo, todo cambió en la décima prueba, el GP de Alemania de 1976. 

El austriaco sufrió en la tercera vuelta un brutal accidente por una salida de pista. Tras impactar contras las protecciones de Nordschielfe, su Ferrari 312T2 quedó en medio de la pista envuelto en llamas.

 

 

Solo la intervención milagrosas de cuatro pilotos y un comisario le rescataron de un amasijo de hierros que habría sido su tumba. Sufrió quemaduras en el 70 por ciento del cuerpo, especialmente graves en su rostro desfigurado, así como múltiples fracturas.

Estuvo tan cerca de la muerte que recibió la extremaunción. Sin embargo, se recuperó milagrosamente. Cuenta la leyenda que cuando su mujer le vio en el hospital con la cabeza completamente carbonizada y la cara desfigurada, se desmayó. 

 

 

Tan solo seis semanas después regresó a la acción en el GP de Italia 1976. Terminó quinto, toda una gesta teniendo en cuenta su estado físico. Cuando finalizó la carrera y se quitó el casco las vendas que cubrían su cabeza estaban completamente ensangrentadas.

 

La traición del Monte Fuji

Niki Lauda se había convertido en un semidiós para los tifosi, idolotrado en los altares de La Scuderia... hasta que llegó el GP de Japón 1976. A la última cita del año, Lauda y Hunt concurrieron con la gloria en juego.

Sin embargo, el vienés se retiró en las primeras vueltas por el mal estado de la pista, impracticable por un diluvio. El asfalto del Monte Fuji, incapaz de drenar aquella cantidad de agua, parecía más una piscina que un autódromo. En aquel curso Lauda y Hunt protagonizaron una de las mayores rivalidades en la F1. 

 


La gloria se la llevó el corredor británico, quien por cierto, jamás volvería a comerse una rosca en la especialidad. Aquella retirada hizo que Lauda pasara de héroe a villano en cero coma. Ya nadie se acordaba de que había quemado vivo apenas tres meses antes o que le devolvió a Ferrari los laureles.

 

 

 

Inmerso en ese clima adverso, Niki Lauda conquistó su segundo Mundial en 1977. Sin embargo, la historia de amor entre Enzo Ferrari, los fans italianos y el vienés se había hecho trizas. Desencantado con las críticas italianas, le dijo ciao al capo de La Scuderia.

 

 

Se refugió un par de cursos en Brabham, una formación dirigida por un tal Bernie Ecclestone, antes de retirarse por primera vez en 1979. Apenas dos victorias, una de ellas en Suecia con el mítico Brabham BT42B, conocido como fan car, antes de dedicarse a su compañía de vuelos chárter.  

 

Regreso triunfal y tricampeonato

Aburrido de su nueva y monótona vida, Niki Lauda decidió darse una segunda oportunidad. En 1982, convenció a Marlboro, sponsor de McLaren, para ser el compañero de Alain Prost en el equipo de Woking.

Ambos formaron una de las parejas más brillantes -y regulares- de la F1. Un par de años después (1984) se alzó con el tercer y último Mundial por medio punto -la menor ventaja- frente a su compi Alain Prost.

 

 

Consciente de su edad y del empuje de las nuevas generaciones, se quitó el mono definitivamente en el GP de Australia de 1985. Lauda supo despedirse por la puerta grande, en la cúspide de su carrera deportiva.

Concluía así una de las trayectorias más rutilantes y legendarias del Gran Circo. Brilló en los 70 y 80, una época en la que las medidas de seguridad convertían cada carrera en una competición con la muerte. Precisamente, ese riesgo permanente le hizo desarrollar un carácter esquivo y huraño. Pero como él decía: "No querías hacer amistad en un trabajo donde cada año morían varios compañeros".

Compitió para los mejores equipos de la época y fue de los pocos que le dio portazo a Ferrari. En definitiva, una leyenda a la que le profesamos absoluta veneración.

 

Cifras de Lauda en la F1

Durante 13 temporadas en la F1, participó en 171 Grandes Premios con los coches de March, BRM, Brabham, Ferrari y McLaren. Logró 25 victorias, 24 poles, 24 vueltas rápidas y 54 podios que le sirvieron para conquistar los títulos de Campeón del Mundo de F1 en 1975, 1977 y 1984. 

Despedimos este post de Niki Lauda en 5 claves deseándole una total y rápida recuperación al mítico ex deportista.

 

Imagen portada: André Zehetbauer vía Flickr.

 

 

Lecturas recomendadas