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Prueba Mercedes Marco Polo Westfalia: escapadas no tan espartanas

En esta prueba de la Mercedes Marco Polo Westfalia descubrimos que tiene todo lo necesario para que cinco personas hagan una escapada de hasta tres días y sin tocar un camping. Muchos ven caras este tipo de camper vans, pero lo cierto es que si te lo propones, puedes amortizarlas en no muchos años.

Imagen de perfil de Vicente Cano

Tenía muchas ganas de hacer una escapada desde Madrid para probar la Mercedes Marco Polo Westfalia, y la Spartan Race de Andorra se mostró como una oportunidad perfecta para llevarme a toda la familia a disfrutar de los parajes únicos del Principado y del camino hasta allí. Como la última vez que me fui de viaje en una camper fue hace ya algunos años y la hice con unos amigos, me empapé lo mejor posible de cómo funcionan todos los sistemas de a bordo porque lo cierto es que no son pocos.

 

Antes de contarte la experiencia debo decirte que para nada las escapadas en una Marco Polo han de ser tan espartanas como la carrera de obstáculos que patrocina Mercedes-Benz. Cama para hasta cinco personas dentro del habitáculo, lavabo, frigorífico, cocina y un montón de armarios completamente de serie ayudan a convertir el habitáculo de este vehículo en una auténtico salón de estar, o un dormitorio. Así, salvo las excursiones al exterior para visitar el excusado, no hay nada que no puedas hacer en tu casa que aquí no se pueda reproducir en tamaño reducido.

Lo que sí me ha sorprendido en la prueba de este coche es el gran salto en calidad que ha pegado el último modelo, basado en la Mercedes Clase V producida en la planta de Vitoria. Y es que no solo este modelo incorpora una fila delantera, volante y salpicadero muy similares a los de un Mercedes Clase C, con su pantalla multifunción central, cuadro analógico y digital de instrumentos, touch pad o cambio automático, también muchos de los materiales y los acabados de los armarios, puertas, el lavabo o la propia cocina son ahora de primera calidad. Pero lo mejor es que, a pesar de su peso, se conduce casi exactamente igual que un turismo y es más cómoda que muchos de ellos.

Hasta los asientos de la segunda fila de la Mercedes Marco Polo Westfalia de esta prueba eran de cuero y con regulación eléctrica, cosa que encuentro un tanto excesiva, como el que vaya equipada con llantas de 18 pulgadas. Este punto me evitó -y me puso las cosas más fáciles- porque me hizo descartar de inicio la búsqueda de lugares recónditos para dormir. A pesar del elevado peso del vehículo, el viaje hasta Andorra lo hice tan cómodo como en un turismo y a la misma velocidad con un consumo de solo 7,6 l/100 km aunque, eso sí, en esta ocasión sí practiqué un estilo de conducción totalmente ecológico.

Para la primera noche, escogimos pernoctar en un aparcamiento bien apartado en Encamp, una localidad andorrana que ofrecía restaurantes y tiendas a unos cientos de metros de donde estacionamos. De noche, la temperatura bajaba a 3ºC, así que fue indispensable utilizar la calefacción independiente de la Marco Polo. Mercedes prácticamente no ha variado un ápice este sistema desde la generación anterior, lo malo es que lo ha simplificado y el monomando digital y mi torpeza innata hicieron que me llevara más de la cuenta averiguar cómo se ponía.

Una vez encendida la calefacción independiente de la Mercedes Marco Polo, que tira del depósito de la furgo -aunque con un consumo bastante bajo-, dentro del habitáculo puedes llegar a pasar bastante calor. Eso sí, si quieres usar la cama que hay sobre el techo -que está aislada solo por una lona-, debes tener presente que ahí el calor no te llegará y, si no haces como yo, que me llevé un saco de dormir de montaña, vas a pasar mucho frío. En todo caso, dentro del saco y con todo el espacio de sus tres plazas, pude dormir mejor que bien.

El mal tiempo quiso que al día siguiente no pudiera ir en busca de algunos de los lugares que me había fijado para hacer fotos y que había localizado gracias a la web furgoperfectos, muy útil porque te muestra imágenes de los sitios y, en la mayoría de los casos, una pequeña ficha con los datos importantes (si tiene baño, agua, duchas, se puede cargar la batería, etc.); además de las opiniones de otros usuarios. Así, después de recorrer Andorra La Vella unas horas y de visitar su balneario, nos dirigimos al lugar donde tuvo lugar la Spartan Race.

Durante toda la prueba de la Mercedes Marco Polo, y siguiendo el consejo de un amigo, para ahorrar batería siempre encendía la nevera al salir al mínimo de temperatura y así las cosas se mantenían frías mucho tiempo. La Mercedes-Benz Marco Polo tiene dos baterías, la del vehículo y la de servicio, de la que tiran numerosos sistemas, pero ésta se carga sola si ruedas con la furgoneta un par de horas. También el gas de la cocina debe recargarse, pero no llegué a usarla tanto como para gastarlo. Sinceramente, este extra es genial para el mal tiempo o una emergencia, pero no es recomendable cocinar intensivamente en este espacio si no quieres tenerlo todo hasta arriba de grasa.

En Grau Roig, a 2.000 metros de altura, la noche fue tan fría como una de enero en Madrid, pero solo puse la calefacción a 19 grados porque, a más temperatura, el calor en el habitáculo de la Marco Polo era excesivo para mi gusto. Arriba, dentro de mi saco, dormí incluso mejor que la noche anterior. Cuando descorrimos las cortinas a las 10 de la mañana, nos dimos cuenta de que ya empezábamos a estar rodeados de espartanos, algunos envidiosos de que hubiéramos pernoctado en tan privilegiado lugar.

Dentro, como puedes ver en la galería, la mesa plegable te permite tener un salón casi igual que el de una casa pequeña y en el maletero también hay un juego de sillas y mesa plegables de muy buena calidad, aunque con este tiempo no hubo ocasión de utilizarlas. Tampoco lo tuve de buscar algún paraje en Lérida, Huesca o Zaragoza en el camino de vuelta para dormir porque el niño se me puso malo y tras la Spartan Race, salí de Andorra a las 17.30 de vuelta para Madrid. Sin pasarme de la velocidad y conduciendo ecológicamente, a las 00.30 ya había recorrido los 650 km hasta mi casa y, sinceramente, creo que el 100% de mi cansancio se debía a la carrera.

 

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