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Prueba Bentley Bentayga Diésel: el lujo más versátil

Un coche que quiere ser el mejor en TODO merece todo mi respeto.

La prueba del Bentley Bentayga Diésel que estoy empezando a escribir provoca en mi una mezcla de sensaciones. La principal es clara: no soy amante de este tipo de vehículos, ni siquiera de los SUV de lujo, pero con coches como este Bentley uno tiene que rendirse y aceptar que quizás no son tan malos, que quizás el lujo no solamente está en tener un coche con toneladas de cuero y madera de la mejor calidad y un confort exquisito, quizás el verdadero lujo es tener un coche con el que poder hacer prácticamente todo, sin renunciar ni un ápice a lo que supone un coche de lujo.

Lo sé, cuando el Bentley Bentayga hizo acto de aparición todos nos quedamos un poco fríos. Una especie de Audi Q7 con otra carrocería y con eso, toneladas de lujo en el interior. Cuando Bentley decidió que lo sacaría con motor diésel muchos nos echamos las manos a la cabeza. ¿Qué narices importa el consumo en un coche que cuesta más de 250.000 euros? Eso quizás lo sigo pensando, pero lo que está muy claro es que alguien rico es rico por saber gestionar bien su patrimonio y este Bentley es bueno hasta en eso, hasta en el consumo.

 

 

El coche tiene un aspecto bastante espectacular, aunque aquí no busques esa elegancia clásica de un Bentley Mulsanne o incluso del Bentley Flying Spur que probé hace un tiempo. Aparece de las entrañas del concesionario Bentley Barcelona con paso firme, con poderío. Tiene detalles estéticos muy chulos, como por ejemplo los faros de LED con el nombre de la marca incrustado, la parrilla cromada con un acabado fantástico o las tomas en las aletas laterales con la B de Bentley. Lo confieso: de primeras no me emociona tanto como otros Bentley, ahora bien, ¿se ve como un Bentley? Sin duda, tiene detalles que dejan claro su origen.

 

Prueba Bentley Bentayga Diésel: lujo, lujo y más lujo

Entrar en el interior del Bentley Bentayga es entrar en un mundo de calidad, de lujo y, quizás en un nivel nunca visto hasta la fecha en un Bentley, de tecnología. Sí, se siente muy moderno y después del antiguo Bentley Continental GT es una sorpresa agradable. Tiene innumerables sistemas tecnológicos para hacer tu vida más fácil, como una pantalla central que te permite controlar múltiples elementos tanto técnicos, como la suspensión o los modos de conducción, como de confort, véase el masaje de los asientos o la gestión del maravilloso sistema de audio Naim for Bentley de 1.920 vatios.

Pero más allá de la tecnología que se espera en un coche de alta gama del Grupo Volkswagen, el Bentley mantiene intacto ese sabor ‘british’ del lujo más clásico. El cuero recubre hasta el último rincón, los ajustes son maravillosos y prácticamente mires donde mires todo está donde debe ser, con un aspecto muy bueno y un tacto que no te lleva a errores. Mi ejemplar de pruebas tiene algunas particularidades, especialmente para tratarse de un Bentley: ¡tiene 7 plazas! Y prácticamente todos los extras que puede equipar. ¿Su precio final? Creo que es mejor que no lo sepas.

 

 

Arranco y el V8 de cuatro litros que también monta el Audi SQ7 cobra vida. De primeras es algo menos refinado que a lo que estoy habituado en un Bentley de gasolina, pero no molesta. En el interior, gracias a una insonoridad a prueba de bombas, no hay rastro del motor. No hay rastro de nada. Es un motor digno de mención: produce 435 CV desde las 3.750 hasta las 5.000 vueltas, mientras que el monstruoso par de 900 Nm hace acto de presencia entre las 1.000 (sí, 1.000 rpm) hasta las 3.250 revoluciones. Esto hace que el motor tenga vida siempre. Una vez con el motor caliente hundo el pedal derecho y ¡madre! Esto sí que se mueve como te esperas en un Bentley.

Pesa 2.405 kilos. Puede parecer una burrada pero no es menos de lo que pesa un Bentley Continental GT. El coche se mueve con brío y nadie necesitará más: consigue bajar de los cinco segundos en el cero a cien. Corre mucho y bien. Yo sigo pensando que si te sobra el dinero para comprar este coche te puedes comprar la versión con el motor W12 de gasolina y más de 600 CV, no obstante, hay que reconocer que en un coche como este, un todoterreno grande, un diésel casa a la perfección. Duele decirlo, pero creo que es así. Me imagino utilizando esos 900 Nm para arrastrar un Lamborghini Huracán Super Trofeo Evo y se me hacen los ojos chiribitas.

Pero hay más, mucho más. El motor es fantástico, en todos los aspectos, también el consumo. He terminado la prueba con 9,3 litros de media, una cifra absolutamente fantástica. Para poner en contexto: con un Mercedes Clase G diésel de poco más de 200 CV, por recorridos similares, no he bajado de los 14 litros. Rápido, eficiente y permitiendo que los más ricos sigan siéndolo sin sufrir por el consumo. Salgo de la ciudad, donde el Bentayga se siente un poco torpe, y tomo una autovía que me acercará hacia mi objetivo, en el Pirineo. 

 

Prueba Bentley Bentayga Diésel: una alfombra voladora

En una vía rápida el Bentley Bentayga es uno de los mejores coches que he probado en toda mi vida. Está en su salsa. No lo busques en los bosques ni en el Casino de Montecarlo. Este es un coche para viajar, para viajar como un auténtico Marajá. El confort de sus suspensión neumática es perfecta, la calidad general de fabricación y su puesta a punto del chasis hace que no ruede, vuele sobre el asfalto como en un colchón de aire. Silencioso al extremo, confortable al extremo y con elementos que ponen la guinda al conjunto, con unos asientos con masaje que quitan el hipo y todos los elementos del equipamiento del coche buscan tu máximo bienestar, desde el sistema de climatización hasta el de sonido.

El Bentley Bentayga cuenta con varios modos de conducción: de serie viene con cuatro modos, aunque en la práctica se pueden resumir en dos: Sport y Confort. Estos modifican la dureza de los amortiguadores, la respuesta del motor y de la fantástica caja de cambios automática de ocho velocidades. Yo recomiendo siempre viajar en modo Confort, salvo cuando te enfrentas a zona de curvas, donde quizás el modo Sport es más recomendable debido a una mayor firmeza de las suspensiones que hacen que el balanceo se minimice. 

 

 

No obstante, mi ejemplar de pruebas equipa un paquete off-road que además de incluir protección de bajos incorpora otros cuatro modos de conducción extra, pensados todos ellos para aventurarse fuera del asfalto: nieve y hielo, gravilla, pistas forestales y barro y arena. En carretera el Bentayga es un coche para quitarse el sombrero, gracias especialmente a su gran suspensión. En curvas también se comporta bastante bien, aunque no es un coche para ir de tramo: la dirección no comunica con total precisión y los frenos tampoco están preparados para un uso tan salvaje. Es un coche para ir relajado y con el máximo confort, siempre. ¿Y fuera del asfalto?

La suspensión neumática regulable en altura es tu gran aliada cuando te adentras en un terreno desconocido para un Bentley. Elementos como los neumáticos o las llantas de 21 pulgadas tu peor enemigo. En pistas forestales el Bentayga es capaz de moverse como si un tanque se tratase, con autoridad. Sobre tierra, es asombroso el confort que se consigue en el interior, parece ciencia ficción. Decido acudir a unos caminos de tierra que me conozco muy bien: lo que en un todoterreno es ir constantemente con una incómoda vibración en tu trasero, en el Bentayga no hay ni rastro, es mágico. ¡Qué pasada! No es un coche pensado para hacer el loco, pero es un coche que te permite hacerlo. ¿Lo puedes hacer en un Continental GT o en un Mulsanne? No. Ahí es donde la versatilidad se convierte en un lujo más. Poder pasar por cualquier lugar sobre la faz de la tierra con el máximo confort y el máximo lujo que ofrece una marca como Bentley.

 

 

Los SUV son como las películas cursis de amor, nadie admite que les gusta pero al final las audiencias no engañan. Te guste o no el concepto, al final tienes que rendirte a ellos, especialmente cuando pruebas coches como el Bentayga. Está claro que no es tan elegante o sofisticado estéticamente como una berlina o un gran coupé, pero a cambio te dota de una versatilidad que resulta determinante para aquellos que quieren un coche para todo. El interior poco tiene que envidiar al de cualquier limusina, también en las plazas traseras, donde el espacio es más que generoso. ¡Incluso las dos plazas sobre el maletero son bastante dignas! 

Un Bentley no tiene por qué ser siempre un coche práctico. Alguien que se gasta cientos de miles de euros en un coche de lujo busca el confort, la sensación de bienestar a bordo y, fundamental, una imagen potente para mirar al resto por encima del hombro. Un Bentley Bentayga te da el lujo, confort e imagen de un Bentley, pero con particularidades que nunca habíamos visto en un coche como este: siete plazas, una capacidad off-road espectacular e incluso un ahorro de combustible. ¿Es un sacrilegio tener un Bentley para ir por el medio del monte o consumir poco? Yo creo que no. ¿Es un sacrilegio que SUV y Bentley vayan en la misma frase? Después de probarlo solamente puedo decir que este coche es probablemente el arma definitiva si quieres disfrutar del lujo en cualquier circunstancia. Ahora bien, la gran pregunta es esta: ¿por más de 200.000 euros (casi 300.000 mi unidad de pruebas) es preferible tener un coche para todo o tener un coche para cada circunstancia? Aquí que cada uno saque sus propias conclusiones.

 

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