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Prueba del nuevo BMW Z4 2019. Con mucho feeling

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Imagen de perfil de Luis Guisado
La cuarta generación con techo de lona

Me encantan los roadsters. Por eso, esta prueba del nuevo BMW Z4 2019 es especial para mí. Bueno, lo sería para cualquiera, pero es que mi afición por los descapotables es inversamente proporcional a mi capacidad para hacerme con uno en condiciones, así que aprovecho todas las oportunidades que tengo para ir con la coronilla al aire.

Porque sí: te decía que el nuevo BMW Z4 es un roadster en condiciones. Es uno que retoma el espíritu clásico de lo que, al menos para mí, tiene que ser un descapotable de dos plazas: tiene propulsión, tiene un buen diseño, un feeling de conducción que te involucra, un sonido bonito, un comportamiento excelente... y una capota de lona.

La cuarta generación con techo de lona

Con la anterior generación del Z4, la que apareció en 2008, BMW decidió dar una vuelta a un concepto exitoso en el Z3 y que había seguido el primer Z4 aparecido en 2003. Optó por instalar un techo duro retráctil que aumentaba la utilidad (¿?) a la vez que disminuía su sex appeal. ¿Resultado? Qué puedo decir: un cochazo con todas sus letras. Pero cuando lo conducías, siempre te quedaba esa 'cosa' de llevar 'lata' encima de la cabeza en lugar de un 'soft top'.

Ahora de nuevo vuelven a la receta original, así que, con una sonrisa, inicio la prueba del nuevo BMW Z4 con ese trozo de tela protegiéndome de una finísima lluvia que cae a primera hora de un día soleado (como suena: cosas del otoño).

Dicen que no habrá un nuevo BMW Z4 M por nuestra culpa...

Lo primero que noto es que me siento uno con el coche. Es una situación fácil de entender si la has vivido. Ocurre con algunos modelos, sean deportivos o no. La postura de conducción, la disposición de los mandos, el tamaño del volante... Todo te hace sentir que estás conectado.

Prueba del Z4 M40i 2019: integración total

Presiono el botón de arranque y el seis cilindros del M40i cobra vida con un ronco sonido (habrá versiones 20i y 30i). En realidad es más ingeniería acústica que otra cosa, porque el seis cilindros turbo que tengo delante es suave y fino.

Inicio la marcha deseando salir a carretera abierta, donde poder disfrutar a tope de todo lo que promete un BMW roadster de 340 CV que ha salido de la división M Performance: diferencial autoblocante controlado electrónicamente, frenos M Sport (pinzas pintadas en azul) y suspensión adaptativa M.

La minilluvia que caía ha parado, así que decido sacar partido de una de las novedades de este modelo: puedo quitar la capota en 10 segundos a 50 km/h. Ideal para no tener que parar si estás en ciudad. Con la coronilla cogiendo color, me lanzo a las carreteras de los alrededores de Lisboa. 

Salgo como puedo de la zona urbana donde la hora punta está haciendo de las suyas. Las marchas cortas me permiten moverme con agilidad y meterme en los huecos que dejan los otros coches. Y de repente, autopista abierta. Alguien que conozco dice que los kilómetros en Portugal deben ser más cortos porque pasan más rápido.

El caso es que ahí voy, con el tráfico portugués a velocidades de autopista portuguesa en modo Confort. El pequeño deflector que hay entre los arcos de seguridad hace bien su trabajo y solo tengo el sonido del aire. Nada que Mötorhead no pueda solucionar (sí, soy un poco macarra). La estabilidad lineal es excelente, y la calidad que percibes, también.

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Bien avanzada la mañana me adentro en una zona de curvas. En modo Sport Plus todo es más in mediato y el control de estabilidad te deja hacer un poco el gamberro, pero sin pasarse. La salida de las curvas umbrías hay que hacerla con tacto, pero más por culpa del asfalto que por la rabia del coche. En seguida notas que el eje trasero quiere seguir su camino, aunque una dirección casi perfecta te permiten controlar el coche sin problema.

Uno de los aspectos que más influyen en la conducción es el reparto de pesos. Sin conductor, es del 50% en cada eje: eso quiere decir que llevas un coche bien balanceado y equilibrado. Es cómodo y a la vez deportivo; con respecto a un Porsche 718 Boxster GTS, el que creo que hoy por hoy es su único rival, es un poco más de lo primero y un poco menos de lo segundo.

Además, la prueba del nuevo BMW Z4 que llegará en 2019 me muestra otras virtudes del roadster: el eje delantero es obediente; el sonido que emana del escape es sensacinoal y todo, absolutamente todo, trabaja con ganas para hacerte sentir especial. En mi opinión, BMW ha sabido extraer perfectamente lo que debe ser un coche apasionante de conducir y lo ha plasmado sin problemas en 4,32 metros de chapa. He vuelto enamorado.

 

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