Prueba Porsche 911 GT2 RS 2018: el más potente y quizá el mejor 911 de todos los tiempos

Mamma mía

Luis, ¿quieres probar el Porsche 911 GT2 RS 2018 en Portimao? Tras escuchar eso, mojé los pantalones. No es que el circuito me ponga los pelos de punta, que también. Es que me voy a poner el volante de un Porsche de 700 CV, 750 Nm, menos de 1.500 kilos, propulsión trasera y 326.000 euros. Como para no echarse a temblar.

 

 

Lo que pasa es que soy un buen tipo y quise ahorrarle el sufrimiento a mis compañeros. Así que 'palante'. El Porsche 911 GT2 RS 2018 es una auténtica salvajada, una bestia más cercana a la competición que a la calle. Un deportivo de los que marcan la historia en mayúsculas. Un modelo del que podré decirle a mis nietos que lo conduje (abuelo, ya estás otra vez con lo mismo). Y qué mejor muestra que haya reventado el récord de Nürburgring:

 

 

Entro en el 911 como si me fuera a morder. Su frontal tan brutal, las tomas NACA en el capó, el volante de Alcantara, el velocímetro tarado a 400 km/h... Todo impone mucho. Giro la llave. Impone más. Diría que es el coche con turbo que mejor suena del mundo (que me perdonen los fans del Nissan GT-R). Lo que sale del tubo de escape de titanio no es de este mundo. Ni de este Sistema Solar. Es grave, es potente. Quizá vibran los cristales de las casas de alrededor. No me extrañaría.

 

Velocímetro tarado a 400 km/h

 

Al iniciar la prueba del coche siento que el 911 GT2 RS es duro. Mucho. La suspensión específica tiene otro tarado, pero es más rígido aún. Lo activo por curiosidad: por las carreteras de Portimao (Portugal) aún están recogiendo mis empastes. Prefiero suavizar la conducción, aunque mantengo activo el sistema de escapes deportivos. Ya te he dicho que lo que sale de ahí es una cosa espectacular. En marcha se nota, y bastante. Digamos que, aunque es adictivo, no es lo mejor para irte de Cádiz a La Coruña. 

Y es que la insonorización es una de las primeras víctimas colaterales de cualquier reducción de peso que se precie. Los cristales de cristal Gorilla (si eres un friki de los móviles sabrás de lo que te hablo) son más resistentes que el plexiglás, material que no han utilizado por problemas de homologación en algunos países, pero no tiene esa barrera acústica que sí puede tener una cristalería normal. Si circulas en marchas cortas, un sonido muy, muy grave inundará el habitáculo.

 

 

También se dejan notar los ruidos de rodadura: aparte del aire, mucha goma al suelo significa mucho grip, pero también este tipo de 'inconvenientes'. Todo se te olvida cuando metes primera y pisas a fondo.

 

Prueba del Porsche 911 GT2 RS en circuito

Tengo una liebre al volante de un Porsche 918 Spyder que me va a marcar la trazada del circuito de Portimao. Subidas, bajadas, curvas ciegas... Es un trazado que me estresa, aunque también reconozco que soy poco circuitero. 

Aunque le digo que no soy un tipo veloz en pista, la verdad es que en la vuelta de calentamiento ya voy rápido. Es normal: con tanta potencia bajo el pedal del acelerador es fácil llegar lanzado a cualquier sitio. Y con los PCCB (frenos cerámicos), paras donde quieres. Una y otra vez; una y otra vez.

El bloque 3.8 biturbo del 911 GT2 RS deriva del que utiliza el Turbo S. Con compresores más gordos y elementos específicos como los pistones o el escape. Es pura fuerza bruta. Pisa a fondo desde parado y tendrás ganas de levantar el pie antes de llegar siquiera a 100 km/h. Empuja cuando vas despacio, cuando vas deprisa... 

En el circuito llego a la conclusión de que es un coche complicado de conducir si quieres ir verdaderamente rápido. Pisa a fondo y sales lanzado. En una carretera abierta no puedes hacerlo más de tres segundos. En la recta del circuito supone pasar de 160 a 270 en un santiamén.

Al frenar a fondo siento el eje delantero con un aplomo descomunal. Noble, sin ganas de hacerte sufrir si haces las cosas bien. La cosa es diferente cuando pisas para salir de los giros. Pásate de listo con el gas y el eje trasero querrá adelantarte: la parte buena es que el control de estabilidad trabaja de maravilla, aunque es tan permisivo que incluso te permite solucionarlo a ti mismo a base de pedal y volante. 

Y como no puede ser de otro modo, el Porsche 911 más extremo de todos los tiempos te pide coherencia. ¿Ahuecar en pleno apoyo? Olvídate de ello. A mí me pasó, aunque no muy rápido, y te lo puedes imaginar. El coche empieza a moverse, aunque también hay que reconocer que lo hace de manera tan comunicativa que te da tiempo a pensar qué hacer y cómo gestionarlo. 

Probar un Porsche 911 GT2 RS es algo que no se hace todos los días. Al respeto por el coche en sí se une el miedo a destrozar algo de más de 300.000 euros, pero lo cierto es que vuelta a vuelta he podido subir el ritmo; te genera confianza siempre y cuando no quieras superar el límite. En definitiva, es un coche extremo. Es brutal. Es un 911. Es mi nuevo coche favorito.

 

 

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