BMW E1: un coche eléctrico innovador que se dejó el diseño en casa

Los comienzos de BMW con el coche eléctrico fueron con el pie izquierdo.
Si nos ponemos muy técnicos, el primer coche eléctrico de BMW no fue el BMW E1. Es más, este coche fue únicamente un concepto que (por fortuna) no llegó a producirse. El primer eléctrico de la marca fue el BMW 1602, con una forma similar al BMW 2002 y que vio la luz a finales de los años 60'.
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Aquel coche con una velocidad punta de 100 km/h y un máximo de 60 kilómetros de autonomía tenía su encanto. De hecho, si se hubiese fabricado masivamente, hoy en día sería un coche clásico digno de cualquier garaje. Sin embargo, el tema eléctrico se quedó paralizado hasta el aciago año 1991.
El nacimiento del BMW E1

El BMW E1 (Electric 1) aterrizó en 1991 con un concepto radicalmente distinto a lo que se venía haciendo en la época. Fue presentado en el Salón del Automóvil de Frankfurt, y entendió a la movilidad eléctrica de forma muy parecida a como la entendemos hoy.
Se trató de un coche urbano eléctrico al 100%, bastante pequeño y con 907 kg de peso en vacío. Además, prometía una duración de las baterías Zebra de BMW a pleno rendimiento durante cinco años. Estas baterías podían cargarse de la misma forma en que se hace hoy en día, pero BMW añadió un novedoso sistema por aquel entonces de regeneración de energía en deceleración y frenada.
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Su autonomía eléctrica fue de 160 km, y en un enchufe convencional se cargaba en unas siete horas aproximadamente. Su motor eléctrico sobre el eje trasero desarrollaba 43 CV y 150 Nm de par máximo, lo que impulsó al coche hasta un tope de 120 km/h.
Una vida, por fortuna, muy corta. Mejor quedarse con lo bueno

Seamos sinceros. BMW venía en 1991 de fabricar leyendas como los BMW 2002 Turbo, el BMW Serie 7 E32 750i, los BMW Serie 6 E24 o los gloriosos BMW Serie 3 E30. Y de pronto, presentaron esto. Una visión de futuro que se convirtió en mal augurio.
La falta de desarrollo de tecnologías para baterías, la prácticamente inexistente demanda de coches eléctricos y la ausencia total de infraestructura, no dieron pie a que BMW siquiera se plantease fabricar en serie el coche.
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Y eso es, sinceramente, muy bueno. Pero hay que quedarse con lo positivo, porque lo innegable es que parte del futuro pasa por la tecnología eléctrica, y el BMW E1 inauguró un concepto que hoy en día se toma muy enserio: el de los coches eléctricos urbanos. O compactos urbanos eléctricos, lo mismo es.
En cualquier caso, dio pie a seguir investigando y mejorando la tecnología. Algo importante, porque hay que destacar que el prototipo original del E1 se incendió meses después de su aparición en Frankfurt, llevándose consigo un edificio de la marca, por cierto.
Eran los comienzos del mundo eléctrico, y un desliz en diseño lo puede tener cualquiera, así que se perdona a BMW. Quién no arriesga no gana, y con todo los bueno que nos ha dado la marca, tomaremos al BMW E1 como una graciosa (y fea) anécdota con un hueco en el museo de la compañía.