Ferrari acaba de lanzar el 849 Testarossa. Pero este nombre existe desde 1956: así son sus cinco antepasados con el mismo nombre

La saga Testa Rossa llega desde mucho antes de lo que se piensa: nació en los años 50 del siglo pasado y son varios los modelos que se han denominado así.

Cuando uno piensa en Testarossa piensa en un Ferrari muy concreto, el deportivo que hizo las delicias de los amantes del mundo del motor en las décadas de los 80 y los 90, el coche que veíamos en Miami Vice. Sin embargo, la realidad es que la marca ha utilizado este nombre o variaciones del mismo en más de una ocasión.

Vamos a repasar de cada uno de los modelos “cabeza roja” que han visto la luz a lo largo de la historia, para ver si así los más puristas se relajan en parte y dejan de ver al recientemente presentado 849 Testarossa como un sacrilegio ya que, en realidad, no se trata de una referencia directa ni de una reinterpretación del modelo ochentero.

Lo primero es tener claro de dónde surge esta denominación. El apelativo Testa Rossa significa literalmente “cabeza roja” en italiano, algo que tiene lógica ya que, en los años 50, se utilizó como designación para ciertos modelos de competición cuyos talleres pintaban de rojo la tapa de los balancines del motor.

Ferrari 250 Testa Rossa 

Fue el que lo comenzó todo, un coche de carreras construido entre 1957 y 1961. Se diseñó anticipándose al cambio de reglas del Campeonato Mundial de Coches Deportivos, que a partir de 1958 exigiría motores máximo de 3 litros. Ferrari tomó el motor V12 Colombo de la serie 250, lo optimizó con seis carburadores Weber, y lo montó en un chasis heredero del 500 TRC. 

Ferrari 330 TRI/LM

Siguiendo con los modelos de competición el Ferrari 330 TRI/LM es una evolución del Testa Rossa original, que fue desarrollado para competir en las 24 Horas de Le Mans de 1962. Su nombre deja muy claras sus características: “TRI” se refiere a Testa Rossa Independente, ya que incorpora suspensión trasera independiente; y “LM” es por Le Mans. 

El chasis 0808 empleaba un motor V12 de 4.0 litros y cuenta con el honor de haber sido el  última de Ferrari con un motor delantero que ganó en la mítica carrera de resistencia. 

Ferrari Testarossa

Es el modelo al que generalmente nos referimos cuando hablamos del Testarossa, aunque, como hemos visto, no es el original y, además, su nombre es una evolución de la denominación inicial. Fue develado en 1984 en el Salón de París como un superdeportivo de calle que nadie podía anticipar que se convertiría en el icono que finalmente fue.

Su diseño era muy llamativo, con líneas rectas y angulosas, además de detalles muy característicos, como las famosas tomas de aire laterales con lamas. Además, su apartado mecánico tampoco se queda atrás: motor central trasero 5.0 V12 con más de 390 CV de potencia.

Ferrari 512 TR 

El 512 TR apareció en 1991 como la evolución del Testarossa, siguiendo una línea continuista que mantenía las características branquias laterales, pero suavizando sus formas con una carrocería con líneas más curvas. 

Su motor seguía siendo un bloque 5.0 V12, pero desarrollaba 428 CV de potencia y 491 Nm de par máximo, gracias a lo que aceleraba de 0 a 100 km/h en 4,8 segundos y alcanzaba una velocidad máxima de 313,8 km/h.

Ferrari F512 M

Última iteración de la saga Testarossa de calle. F512 M significa “modificata”. Se fabricó hasta 1996, en series limitadas. El diseño básico original de Pininfarina se mantuvo, pero hubo cambios radicales como los faros fijos en lugar de escamoteables o una mejora en la relación peso/potencia.

El propulsor seguía siendo el mismo 5.0 V12, pero con modificaciones mecánicas menores que elevaron la potencia a 440 CV y el par máximo a los 500 Nm. Con esto, redujo el tiempo de 0 a 100 km/h a 4,7 segundos y aumentó la punta a 315 km/h.

Ferrari 849 Testarossa

Esto nos lleva hasta el Ferrari 849 Testarossa (también en formato Spider), que ha recuperado la icónica denominación casi 30 años después. La espera además, no ha merecido la pena para todos, y que han sido muchas las voces críticas en su contra, puesto que se trata de una evolución no muy grande respecto a su predecesor, el SF90 Stradale.

Como éste, es un híbrido enchufable que emplea un motor V8 biturbo capaz de desarrollar una potencia de 830 CV (50 CV más que en su antecesor) apoyado por otros tres bloques eléctricos (dos en el eje delantero y el otro en el trasero) que añaden otros 220 CV, resultando en una potencia conjunta de 1.050 CV.

Esto, además de convertirle en el Ferrari de producción más potente de la historia, le permite acelerar de 0 a 100 km/h en 2,2 segundos, de 0 a 200 km/h en 6,3 segundos y alcanzar una velocidad máxima de 330 km/h.

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