Frank Stephenson, padre del Ferrari F430 o el alerón del Escort Cosworth, opina sobre el Amalfi: "trasera plana que carece de carácter"

Frank Stephenson, diseñador de modelos emblemáticos como el Escort Cosworth o el Maserati MC12, analiza para Top Gear el Ferrari Amalfi, relevo del Roma y actual Ferrari más barato.
El universo del diseño automovilístico se encuentra en plena efervescencia tras la revelación del nuevo Ferrari Amalfi, un modelo que ha generado más de un comentario desde su presentación a mediados de este 2025.
La expectación residía en la promesa de superar a su predecesor el Ferrari Roma, un GT que intentó marcar una época, pero las primeras impresiones de expertos y diseñadores reconocidos han sido, como poco, reservadas.
Y una de esas opiniones pertenece a Frank Stephenson, uno de los mejores diseñadores de los últimos tiempos y que es conocido por crear iconos como el primer Mini de BMW (el escape no se inspiraba en una lata de Coca-Cola, sino de Budweiser) o el Maserati MC12, por no olvidar el primer superdeportivo que resucitó a la marca de Woking en 2011, el McLaren MP4-12C.
Ahora, el diseñador nacido en Casablanca (Marruecos), criado en Málaga y de nacionalidad estadounidense, ha compartido con nosotros sus reflexiones acerca de este nuevo lanzamiento con nosotros. Y como resumen, se podría decir que un producto formalmente equilibrado pero carente de lo que él denomina "chispa emocional".
Desde su estudio de consultoría, Stephenson critica la ausencia de detalles sorprendentes y el olvido de elementos tradicionales que, históricamente, han hecho reconocible al fabricante de Maranello.
"El Amalfi, o segunda generación del Ferrari Roma, es, en general, un GT de lujo bien proporcionado. A primera vista, percibo la intención de simplificar los detalles y minimizar la evolución del diseño, pero no me identifico inmediatamente con Ferrari, que se centra en 'fare la bella figura', es decir, en lograrlo mediante una elegancia informal y detalles impresionantes e impactantes. Parece que falta la chispa emocional."
Stephenson habla de proporciones logradas y postura poderosa sobre el asfalto y subraya la ejecución precisa de los abultamientos del capó y los aletines frontales, pero no acaba de ver la tendencia a recortar líneas en lugares poco naturales, perdiendo así la coherencia visual que siempre se ha demandado en los modelos de referencia.
"El Amalfi tiene unas proporciones excelentes, con un aspecto equilibrado y una presencia fenomenal en la carretera. Si bien hay ciertos elementos del frontal que no sé qué decir de ellos, el esculpido de la superficie del capó y los pasos de rueda delanteros está excepcionalmente bien ejecutado, pero se ve afectado por cortes de línea mal ubicados".
La parte posterior es el gran talón de Aquiles. Describe la trasera como "inerte y plana", interrumpido por unos grupos ópticos traseros excesivamente genéricos y a la presencia de numerosas líneas de corte que sólo contribuyen, según el diseñador, a un efecto de desorden y carencia de identidad.
"La zona sobre las luces traseras es demasiado recargada, con múltiples líneas divisorias que no se relacionan entre sí. "El diseño de los pilotos prioriza la simplicidad sobre el carácter. La superficie trasera es plana y carece de carácter, es demasiado simple. Una línea envolvente conecta la parte posterior con el lateral, realzando la fluidez visual.
La parte trasera es un retroceso. Una gran pared plana separa los faros traseros, simplificados y casi genéricos, del parachoques trasero y la retorcida zona del difusor. ¿Dónde han quedado los reconocibles faros traseros redondos de Ferrari? Igualmente molesto, el desorden de líneas divisorias justo encima resulta excesivamente recargado e incongruente".
Quizá todo se deba a los estudios de marketing que muchas veces expulsan opiniones sesgadas o un tanto irreales: este año parece que las preferencias están virando hacia una mayor simplicidad visual (amantes de Mansory, no va por vosotros), aunque eso es peligroso, pues hay una delgada línea entre el aspecto moderno y la pérdida de personalidad. En este caso, la decisión de simplificar puede haber sido excesiva: la reducción de detalles ha sacrificado parte del ADN icónico del fabricante.
Según el padre del McLaren F1, la musculatura del paso de rueda trasero y el llamativo diseño de las llantas, sí evoca esa sofisticación tecnológica, pero los grupos ópticos traseros minimalistas y las superficies casi lisas de la zaga provocan que la respuesta emocional del conductor y de los aficionados sea menos intensa que en generaciones anteriores.
Los detalles marcan la diferencia
La crítica se concreta en varios elementos de la carrocería que no logran la ansiada sintonía con el resto del conjunto. El diseñador subraya el papel de los "ojos de serpiente" –faros delanteros excesivamente agresivos para un GT— y cuestiona la desconcertante presencia de una línea recta en el lateral que rompe la fluidez general.
Uno de los aspectos en los que más se centra es la ejecución del capó bajo el que se oculta su motor V8 de 3,9 litros y 640 CV: mientras que sus formas aportan dinamismo, los cortes transversales reducen la pureza del diseño.
"El capó está sensualmente esculpido, pero es una lástima que las líneas divisorias atraviesen los pasos de rueda".
Quizá en esos estudios de marketing y esa falta de audacia se encuentre uno de los mayores 'fails' de Ferrari de los últimos tiempos: el Ferrari 849 Testarossa 2026, que ha recibido numerosas críticas por su diseño poco audaz, genérico y que no le llega a la suela del zapato al del original...

Luis Guisado
Webmanager
Luis Guisado es Webmanager en TOPGEAR.es y AUTOBILD.es. Prueba coches desde 2001 y es un apasionado de los clásicos y la historia del automóvil. Tan porschista que hasta el Cayenne diésel o los 718 eléctricos le parecen genial.
