El mundo de los hiperdeportivos hubiera sido muy diferente si el Bugatti Veyron se hubiera parecido a su prototipo

Bugatti Veyron
Bugatti Veyron

Walter de Silva, en 1999, diseño un prototipo previo del Bugatti Veyron que, durante más de dos décadas, se ocultó al público.

El Bugatti Veyron es uno de los coches más conocidos de la historia, algo que se debe a que fue el que inauguró la era de los hiperdeportivos como los conocemos hoy, marcando el punto de partida de una dinastía que luego continuaron los Bugatti Chiron y Bugatti Tourbillon. Pero, ¿y si te decimos que el Veyron podría haber sido bastante diferente a como lo fue al final?

A lo largo de la historia se han conocido una serie de prototipos previos del modelo, pero cuyo diseño era muy similar a lo que finalmente fue. Sin embargo, detrás de ese modelo final se ha escondido durante mucho tiempo a un prototipo prácticamente desconocido que era bastante diferente: un diseño de Walter de Silva, concebido en 1999, a la sombra durante prácticamente dos décadas y que ahora se puede ver en el museo Autostadt alemán.

Hasta la fecha, el vehículo solo se había visto en papel, puesto que fue en 2009 cuando el medio italiano Quattroruote publicó sus primeras fotografías. Ahora, con el modelo en carne y hueso (o, mejor dicho, en metal y fibra de carbono), es el momento de comparar cómo evolucionó el diseño desde ese prototipo hasta la versión de serie del Veyron.

Además, veremos que los cambios no fueron solo estéticos, sino también técnicos.

Mirando al prototipo, se puede ver en él rasgos del Veyron, pero tiene unos rasgos tan atrevidos que cuesta creer que vinieran de la marca Bugatti: los faros redondos podrían parecer ojos saltones, la tradicional forma de herradura de la parrilla, pero con una reinterpretación más ovalada; un frontal acabado en pico, llantas de ocho radios que recuerda en gran parte a diseños de Audi, etc.

El coche estaba pintado en un azul intenso, tono que luego fue común en el Veyron final, lucía una línea recta que lo recorría desde el frontal a la zaga, creando una suerte de aleta dorsal; se podía ver la clásica “C” lateral, pero con un formato más anguloso; y en la trasera las dos pequeñas ventanas, los pilotos redondos y el tubo de escape central le daban una imagen más desenfada de la que finalmente tuvo el modelo de producción.

Además, su sistema de propulsión también era diferente. Como ocurría con el prototipo 18/3 Chiron, que también es de 1999, empleaba un motor 6.3 W18, construido con tres bancadas de 6 cilindros cada una.

Finalmente, en el Bugatti Veyron que salió al mercado, sería reemplazado por un propulsor igual de extremo, pero diferente: en lugar de 18 cilindros solo tenía 16, pero añadía a la ecuación cuatro turbos, que le permitieron desarrollar una potencia de entre 1.001 y 1.200 CV, dependiendo de la versión, pudiendo pasar de 0 a 100 km/h en unos 2,5 segundos y alcanzar más de 400 km/h de velocidad punta.

Bugatti Veyron
Bugatti Veyron

Hablando ya del modelo de calle, su imagen definitiva fue muy diferente, con algunos elementos clave que se mantuvieron o evolucionaron de formas más refinadas.

La ya mencionada línea característica en forma de “C” que recorre los laterales del coche se convirtió en una de las señas de identidad de Bugatti, la parrilla adoptó una forma de herradura más clara, que conecta con el pasado de la marca y se ha mantenido en sus sucesores; y el acabado predefinido de la carrocería (aunque se podía personalizar) era bitono.

Viéndolos uno al lado del otro, se ve claramente que el espíritu de ambos es el mismo, pero, aunque el concepto sea idéntico, la ejecución en los detalles resulta en vehículos muy diferentes entre sí.

Se aprecia el esfuerzo por mantener la identidad de Bugatti con elementos comunes que luego han trascendido y en el prototipo ya hay pistas del lenguaje estético que luego se puliría para la producción, consiguiendo un conjunto más refinado y serio, una versión más racional de lo que en el concept eran propuestas algo más atrevidas y arriesgadas.

Los faros y rasgos mucho más redondeados del prototipo le daban cierta apariencia de insecto, algo a lo que contribuía también la presencia de más salientes y de más nervios marcados, consiguiendo una estética menos realista.

Es algo lógico, ya que se trataba de un prototipo que, aunque no esté confirmado, parecía más encaminado a explorar las formas estéticas del hipotético Veyron, que de encaminarse al diseño final del mismo. Por este motivo, Walter de Silva pudo centrarse más en la experimentación visual sin estar atado por la preocupación por la eficiencia aerodinámica o los requisitos de homologación de cara a llevarlo a la calle.

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Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España