Suzuki quiso competir con el MX-5 con un roadster con motor V8. ¿Qué podría salir mal?

En una industria del motor totalmente descafeinada hablar de un roadster de motor V8 nos suena a película. 

Suzuki quiso competir con el MX-5 con un roadster con motor V8. ¿Qué podría salir mal? En una industria del motor totalmente descafeinada hablar de un roadster de motor V8 nos suena a película. El mercado ya tiene otras prioridades, y las sensaciones dejaron de ser prioritarias.

Como bien sabes, hubo un tiempo en que los fabricantes disfrutaban ideando locuras, y tenemos varios ejemplos. El Renault Clio V6 es uno de ellos, el Volvo 850 T-5R también es buen ejemplo. Y, recientemente, tenemos cosas como el Alfa Romeo 4C o el Toyota GR Yaris.

Pero nada que ver con lo que hizo Suzuki con su motor V8 de 1.6 litros. Sabemos que Suzuki es más conocida por sus vehículos todoterreno y utilitarios, pero se ha salido “del tiesto” alguna vez. En la década de los 90 se lanzó a producir un pequeño roadster, un coche que no llegó a la producción.

Si lo hubiera hecho, hubiera sido una locura. Muchos dicen que hubiera sido un quebradero de cabeza para sus propietarios, pero lo que está claro es que era un coche realmente interesante. Tenemos que remontarnos a 1997, cuando fue presentado este prototipo.

Ese año, en el Salón del Automóvil de Frankfurt, la marca japonesa presentó el Suzuki C2. Era un prototipo de proporciones muy reducidas, que recordaba al Mercedes SLK o incluso al Mazda MX-5. Pero se trataba de un concepto de descapotable con techo rígido. 

El Suzuki C2 pudo ser el sustituto del Suzuki Cappuccino, un deportivo del fabricante japonés producido entre los años 1991 y 1998. Hablamos de un dos plazas con carrocería descapotable, motor central delantero y tracción trasera. Un coche qu cumplía la reglamentación kei car de Japón.

Su motor era un gasolina F6A de tres cilindros en línea de 659 cc de cilindrada, con turbocompresor, cuatro válvulas por cilindro y doble árbol de levas a la cabeza, que entregaba una potencia máxima de 63 CV y pesaba solamente 700 kg.

En realidad tenía dimensiones similares. Era contenido desde todos los ángulos, con sus reducidas dimensiones, de apenas 3,65 metros de largo y una distancia entre ejes de 2,2 metros. Eso sí, se veía poderoso a pesar de todo. Tenía un agresivo frontal con una enorme rejilla de refrigeración central.

Contaba con unas prominentes aletas, las mismas que escondían unas ruedas de mayor tamaño de lo normal. Tenía unas llantas de 16 pulgadas en unos neumáticos de perfil muy bajo. Una de las principales características del Suzuki C2 era su techo rígido plegable, lo que destacaba de él.

Lo tenía al estilo del SLK. La capota se ocultaba tras los asientos, pues el techo se plegaba y desplegaba eléctricamente. Se convertía en un pequeño roadster japonés o en un coupé-cabrio a toque de botón. Una solución por la que han optado después diferentes fabricantes.

Por otro lado, el cuadro de instrumentos era minimalista. No encontrábamos apenas elementos, con un reloj de forma circular. Los mandos se situaban en el túnel central que separaba los dos asientos. Pero todo quedaba en anécdota si mirábamos bajo el capó.

Y es que montaba un V8 alimentado por inyección electrónica multipunto y dos turbocompresores con intercambiadores de calor, con culatas de cuatro válvulas por cada cilindro. ¡Un ocho cilindros! Un motor de ocho cilindros en un coche de apenas 3,65 metros y 850 kg de peso suena descarado.

Tenía una cilindrada de 1.6 litros y desarrollaba 250 CV a 7.000 vueltas. La potencia se enviaba a las ruedas traseras a través de una caja de cambios automática de cinco velocidades. A pesar de ser un motor compacto y ligero, era un propulsor muy complicado de fabricar.

Dicen que de llegar a producción habría sido bastante complicado de mantener. Sumado a ello, el Suzuki C2 contaba con unas suspensiones independientes, con amortiguadores de gas y fuertes resortes. Un coche que podría haber sido todo un “caramelito”.

Fue cancelado antes de llegar a producción, principalmente por la complejidad mecánica y los costes de mantenimiento. Pero eso no quita que fuera una de esas “locuras” automovilísticas de los 90. Y es que montar un motor V8 en un coche ultraligero y compacto es algo poco común. Y especialmente en Suzuki, conocida por sus kei cars y pequeños urbanos.

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