Diseñados para sobrevivir a sus dueños: estos coches se hicieron a conciencia

En ocasiones una marca de automóviles tira la casa por la ventana y dedica recursos casi infinitos al desarrollo de un coche. El resultado puede ser excelente.
Se da por hecho que cuando se fabrica un coche, se hace para que dure. El segmento del automóvil no cae en la obsolescencia programada como sí ocurre en otros (los electrodomésticos, por ejemplo), pero la durabilidad de un vehículo depende de cómo se haga éste, y no todas las marcas los producen de la misma manera.
La simple elección de materiales juega un papel capital, por lo que cuando se busca ahorrar dinero, al final se acaba notando. Pero también es importante la propia ingeniería del vehículo, cómo se ha pensado y cómo se ha hecho realidad. En esto, hay marcas que son auténticas maestras y han llevado la ingeniería de alguno de sus vehículos hasta puntos en los que incluso han sido contraproducentes.
Que quede claro: todos los coches de los que vamos a hablar a continuación han sido creados para durar. El problema es que, para lograr un resultado tan bueno, se ha tenido que invertir mucho dinero, lo que en muchas ocasiones ha hecho que el precio de venta resultante haya sido demasiado alto y que, en ciertos casos, haya supuesto un auténtico fracaso comercial.
Sin más dilación, aquí están cuatro ejemplos de vehículos con más ingeniería de la que era necesaria, en algunas ocasiones incluso demasiada para su propio bien.
Volkswagen Phateon

Las sinergias de grupo hacen que, en ocasiones, las marcas tiren la casa por la venta. Pongamos el ejemplo de Volkswagen, que decidió montar su propia berlina de representación sobre la plataforma que utilizaban modelos de Bentley o Rolls-Royce, utilizando motores V12 de la primera o el bloque V10 diésel que tenía Audi por aquella época.
Además, otro ejemplo que deja claro el mismo con el que se le trataba es que era montado a mano. No es de extrañar que hubiera versiones que superaran los 100.000 euros, una cifra considerable si se tiene en cuenta que, a fin y al cabo, es un VW. Es algo que a los compradores no les convenció, de ahí su fracaso.
Lexus LS400

Para hacerse hueco frente a las marcas premium Europeas, a finales de la década de los 80 El Grupo Toyota decidió crear una berlina que hiciera palidecer a sus modelos. Para ello, directamente no puso límites: en su desarrollo trabajaron 60 diseñadores, más de 2.000 técnicos y casi 1.500 ingenieros. Huelga decir que la cantidad de dinero que se invirtió fue insana.
¿Mereció la pena? El resultado fue el nacimiento de Lexus y del LS400 un vehículo tremendamente avanzado para su época: 4.0 V8 atmosférico de 245 CV de potencia y 350 Nm de par máximo, caja de cambios automática, 250 km/h de punta, una conducción cómoda sin parangón…
Fue una apuesta arriesgada, pero que a Toyota le salió a las mil maravillas, puesto que puso el nombre de Lexus sobre la mesa, aunque fuera con unos costes de desarrollo desobritados.
Porsche 911 Targa
En este caso hablamos de como, en ocasiones, una compañía quiere ir un paso más allá y ofrecer un elemento único y muy avanzado pero que, en realidad podría tener una solución mucho más sencilla y barata.
El 911 Targa fue una versión a medio camino entre un coupé y un descapotable, con un techo que resultaba fascinante, especialmente si se veía en movimiento: la sección posterior del techo se levanta y desplaza hacia atrás, la zona superior del pilar B se retrae para que la parte de lona central pueda replegarse y meterse en el maletero, y finalmente la cúpula de la zaga se vuelve a acoplar.
Es vistoso y molón se mire por donde se mire, además de más fiable y resistente (si no hay averías mecánicas) que un techo de lona convencional, pero éste es mucho más barato y menos complejo.
Lexus LFA

Hemos elegido el LFA para cerrar la lista porquye es el mayor ejemplo “sobre ingeniería” que se puede poner sobre la mesa. Lexus decidió mostrar al mundo un automóvil que demostrará hasta que nivel se podía llegar mediante ingeniería y técnica.
El problema es que, con barra libre en este aspecto, su precio se disparó: nuevo costaba 415.000 euros. Esto hizo que, pese a ser una tirada de tan solo 500 unidades, que la marca nipona esperaba que se agotasen casi en el acto, más de una década después seguía habiendo ejemplares nuevos por vender.
Ahora bien, cualquiera que se hiciera con uno sabe que es una obra de arte sobre ruedas que cuenta con todos los ingredientes para durar toda la vida y más: chasis de fibra de carbono, subchasis de aluminio, un motor 4.8 V10 desarrollado por Yamaha, etc.
