Los motores de seis cilindros vuelven. Pero qué es mejor, ¿un V6 o un 6 en línea?

motor 6 cilindros
motor 6 cilindros

Regresan los motores grandes, pero dentro de los de 6 cilindros hay que terminar con el debate, ¿mejor en línea o en ‘V’?

El mundo del motor, en este caso literalmente, es cambiante, pero hay ciertos propulsores que por muchas idas y venidas que haya, se resisten a desaparecer: los motores de seis cilindros. No es que hayan pasado por su mejor momento últimamente, eclipsados primero por los V8 y luego por la avalancha de cuatro cilindros turboalimentados, en muchas ocasiones acompañados de altos niveles de electrificación. 

Ahora, están de vuelta, pero es necesario hacerse una pregunta que, en realidad, hace mucho tiempo que está en el aire: ¿cuál es el verdadero rey, el V6 tradicional de toda la vida o un 6 en línea?

Lo primero es lo primero: historia. Los motores de seis cilindros en línea, durante décadas, fueron sinónimo de suavidad y clase que se utilizaron porque ofrecían un funcionamiento muy equilibrado y agradable. Sin embargo, la evolución de la industria, con la popularización de la tracción delantera, redujo el hueco para cobijarlos bajo el capó, lo que hizo que las marcas viraran hacia motores más compactos, los V6 para modelos “gordos” y los cuatro en línea para los más normales.

Lo bueno es que esa etapa oscura está acabando. Los seis cilindros no están reviviendo por nostalgia, hay razones prácticas que están llevando a muchos fabricantes a resucitarlos o incorporarlos a sus gamas por primera vez.

Entonces, ¿por qué vuelven los seis cilindros? Porque tiene una cantidad considerable de ventajas respecto a otros propulsores con un número distinto de cilindros, especialmente en el caso de optar por un formato en línea.

Los motores de seis cilindros son inherentemente suaves y bien equilibrados, lo que significa menos vibraciones y un funcionamiento agradable; utiliza una sola culata y menos componentes móviles, así que se reduce su complejidad mecánica; gracias a la modularidad, pueden beneficiarse de componentes y procesos de producción comunes con otros modelos en línea con menos cilindros y, por último, la disposición recta de los mismos facilita la colocación de turbocompresores, sistemas híbridos, etc.

Seis cilindros suena como un punto intermedio con muchas ventajas y pocos inconvenientes, pero aquí queremos enfrentar a los en línea contra los ‘V’, así que vamos a ver los puntos fuertes y las debilidades de cada uno de ellos.

Empecemos por los protagonistas, los motores de seis cilindros en línea. Además de los aspectos mencionados más arriba, habría que añadir que la disposición de los pistones permite que las fuerzas internas se cancelen casi solas, lo que se traduce en un motor muy suave y con pocas vibraciones; que este tipo de propulsor tiende a ofrecer un empuje muy agradable desde abajo y que su sonoridad característica es también algo muy valorado.

Ford Mondeo ST220, una berlina deportiva con motor V6 y 226 CV.

Pero no todo iba a ser bueno. Entre sus principales contras está que este diseño ocupa más espacio longitudinal en el vano motor, lo que puede hace que sea complicado instalarlo en muchos coches modernos entre los que la tracción delantera suele ser la norma. Además, por su tipo de construcción y necesidades específicas, en ocasiones el desarrollo de propulsores así puede suponer un coste más elevado.

Turno de los V6. Los pros están muy claros: tiene un tamaño más compacto gracias a la disposición en “V”, que permite que el motor sea más corto y pueda alojarse en más configuraciones, incluidas las de tracción delantera; esto hace que sea más versátil y que se pueda adaptar a un mayor número de carrocerías y tipos de coches; y, por último, tienen un carácter más vivo que se traduce en una aceleración mayor y más rápida.

También sus contras son fácilmente identificables: su estructura es más compleja y al ser menos equilibrado por su formato, tiene más vibraciones y es más difícil conseguir un equilibrio óptimo; esto, además, significa que no suelen estar a la altura del refinamiento tan característico de los bloques de seis cilindros en línea.

Con todas las cartas sobre la mesa, ¿quién gana? No hay un vencedor universal, porque ambos tienen puntos fuertes considerables, así como sus propias debilidades inherentes, así que decantarse por uno o por otro no es solo cuestión de gustos personales (aunque es algo válido), si no del tipo de coche al que se le va a incorporar.

El V6 sigue siendo una solución práctica, compacta y versátil para una enorme variedad de coches. El seis en línea, por su parte, está de vuelta no por capricho, sino porque las nuevas tecnologías lo hacen viable otra vez y muchos fabricantes (especialmente los premium) lo están adoptando para devolver a sus vehículos un propulsor caracterizado por el refinamiento y las prestaciones.

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Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España