La Neue Klasse salvó a BMW en los años 60. Escogemos nuestros clásicos favoritos

La nueva generación de BMW va a recibir el mismo nombre, pero a mediados del siglo pasado fue la denominación para una gama que salvó a la marca.
BMW ha decidido denominar a su nueva generación de modelos, entre los que los coches eléctricos tendrán una presencia importante, como Neue Klasse, es decir, la ‘Nueva Clase’. Sin embargo, esta denominación no tiene nada de nueva, puesto que ya se empleó en los años 60 para agrupar a toda una serie de modelos que salvaron a la marca alemana.
Eran otros tiempos y, por tanto, no había SUV, si no una presencia dominadora de berlinas y cupés. Fueron los que consiguieron, tras la crisis que experimentó la firma en la década de los 50, una solvencia económica que permitió seguir adelante.
No solo eso, también sirvió para establecer la identidad de la marca ligada de manera inevitable a los sedanes de corte deportivo, idiosincrasia que todavía a día de hoy sigue manteniendo.
De todos los modelos que la conformaron, escogemos los que fueron nuestros favoritos de la camada.
BMW 1500

Había que incluirlo porque fue el primer modelo concebido dentro de la ‘Neue Klasse’. Fue presentado en el Salón del Automóvil de Frankfurt de 1961 y fue el que sirvió de piedra de toque para arrancar esta nueva etapa.
Estableció la base del reconocible diseño de los modelos de esta época, con un frontal incisivo y “echado para adelante” (de manera literal) en el que figuraba la parrilla de doble riñón, con unos riñones realmente alargados, faros redondos y unas barras cromadas bastante voluminosas en el paragolpes.
Empleaba el motor M10 de cuatro cilindros que dio vida a otros modelos de la saga, con un cubicaje de 1,5 litros y una potencia de 80 CV, lo que le permitía acelerar de 0 a 100 km/h en unos 15 segundos. Se estuvo fabricando hasta 1964, cuando fue reemplazado por el 1600, y se produjeron casi 24.000 unidades.
BMW 2000 CS

En este caso no hablamos del primer coupé de la Neue Klasse, pues ese título le corresponde al 3200 CS, pero sí fue su sucesor y, en resumidas cuentas, el que perfeccionó la fórmula.
Al contrario que los sedanes de la familia, con los coupés se quiso adoptar un enfoque más deportivo, tanto a nivel estético como, sobre todo, mecánico. Y es que aunque bajo el capó mantenían el mencionado motor M10, en lugar de con 1,5 litros de cubicaje, subía hasta los 2,0, lo que conllevaba consigo un aumento de rendimiento.
La base fue el 2000C, en el que bloque tenía un único carburador, consiguiendo una potencia de 102 CV. El 2000CS empleaba dos carburadores, lo que le permitía rendir 122 CV, lo que resultaba en unas prestaciones superiores.
Además, a nivel de diseño entraba por los ojos. Aunque los rasgos generales eran familiares, el fino marco cromado que cortaba los faros delanteros y recorría toda la carrocería hasta la zaga le daba un toque distintivo, mientras que el formato de capó y zaga le confería un perfil bastante atlético.
Fue un éxito de ventas, con casi 10.000 unidades fabricadas a lo largo de su trayectoria.
BMW 2002

Aquí hablamos no solo de uno de los mejores BMW de la Neue Klasse original, si no de, probablemente, uno de los modelos más reconocidos de la historia de la marca.
Ya el modelo base tenía su encanto, con unas dimensiones compactas y un diseño que llamaba la atención por el frontal, que establecía franjas horizontales que replicaban el formato de los riñones verticales. Originalmente montaba el motor M10 de cuatro cilindros en versiones de 1,5 y 2,0 litros, pero lo que le ganado un lugar en el corazón del aficionado son dos variantes concretas.
La primera fue, en 1969, el Tii 2002 (Touring internacional inyectado) con inyección mecánica de combustible; pero la palma se la llevó el Turbo 2002, primer coche alemán de producción equipado con turbo.
El conocido M10, en su faceta de 2.0, fue modificado incorporando un turbocompresor KKK, lo que elevó su rendimiento hasta los 170 CV y 240 Nm. Esto, sumado a un peso que se quedaba por debajo de 1.100 kg, hizo que fuera una auténtica bala para la época: aceleraba de 0 a 100 km/h en 7,3 segundos y alcanzaba una velocidad máxima de 209 km/h.
Además, su imagen dejaba claro que no se trataba de un 2002 convencional. Aunque a grandes rasgos la carrocería era la misma, lucía un kit específico que integraba nuevos paragolpes y, sobre todo, ensanchaba los pasos de rueda, lo que transmitía una imagen mucho más deportiva.
También añadía un alerón trasero con formato de cola de pato y la guinda la ponía la reconocible decoración, que combinaba el blanco base con grafías con los colores que más tarde se identificarían con BMW M Motorsport.
