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Viejas glorias: esta es la historia del Land Rover Defender

Una idea brillante desembocó en el todo terreno más exitoso de la historia.

El Land Rover Defender es uno de esos coches que adoramos los que nos gustan los coches auténticos, sinceros, creados para un fin y que han cumplido con creces su cometido. Corría la década de los 40 y Europa sufría para recuperarse de la Segunda Guerra Mundial. Los coches en ese momento se dividían entre los de lujo, como el Rolls-Royce Phantom, para las élites, los vehículos militares y los vehículos que las instituciones públicas y algunos afortunados podrían comprar para desplazarse del Punto A al Punto B. 

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No obstante, hay que pensar que en esos tiempos las carreteras no eran como ahora, el transporte no era tan sencillo y muchas veces desplazarse por los caminos, en un clima duro como el británico, no siempre era posible. Por eso, a finales de los 40, dos directivos de la fábrica de Rover, los hermanos Wilks, tuvieron una idea: ¿por qué no creamos un todo terreno para uso civil? Hasta ese momento, este tipo de vehículos eran utilizados por el ejército, aunque tampoco te creas que ese concepto era muy antiguo: el Jeep Willys, utilizado por EEUU en la Segunda Guerra Mundial, fue el coche que revolucionó este concepto.

 

 

Así que se pusieron manos a la obra: en 1947 empezaron a crear los primeros prototipos, sobre la base del Jeep Willys, con motor, transmisión y eje trasero propios. Por supuesto, la carrocería también era propia, aunque en este coche me parece que era lo menos importante: cuatro chapas para proteger a la tripulación del coche. Ese mismo año, Spencer Wilks, en ese momento ‘Managing Director’ de Rover Car Company, compró un pedazo de tierra en la Isla Islay, en las Islas Híbridas escocesas.

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¿Un lugar de vacaciones? Para nada: el objetivo era irse al lugar con el clima más duro del país para poner a prueba su idea: allí fue donde se realizó el desarrollo dinámico del Land Rover Series I (y pensar que ahora los todoterreno se desarrollan en el Circuito de Nürburgring, como el Lamborghini Urus). El objetivo era crear un coche capaz en cualquier superficie: agua, barro, tierra. No obstante, a diferencia del Jeep, aquí el objetivo era ser utilizado por todo el mundo, desde las instituciones públicas como correos, ambulancias o policías, hasta para el mundo rural o simplemente para quienes vivieran en zonas con un clima complicado o con carreteras en mal estado.

En 1948 empezaba la producción del primer Land Rover Series I y era presentado oficialmente en el Salón de Amsterdam. Hay coches, especialmente aquellos que traen cosas nuevas, cuya aceptación no siempre es instantánea. El caso del Land Rover no fue así y el éxito fue incontestable e instantáneo: fue tan bestia que incluso apartó a Rover, la empresa matriz, de su propia fábrica en Solihull -donde recientemente robaron motores por valor de 3,5 millones-. En apenas diez años ya se habían producir 250.000 ejemplares, en una época de graves dificultades económicas.

 

 

Desde ese momento, el embrión del Land Rover Defender fue evolucionando en varias Series y se fue propagando por el mundo. La primera serie, de 1948 a 1951 solamente se ofrecía con un pequeño motor de 1.6 litros y 51 CV asociado a una transmisión de cuatro marchas derivada del Rover P3: por supuesto, también incorporaba la tracción a las cuatro ruedas. No obstante, ese motor le quedaba algo justo y poco a poco la gama se fue ampliando con nuevos motores.

No me voy a poner a hablar de todos los motores, todas las gamas y todas las evoluciones del coche, que fueron muchas. Un hito importante fue la llegada de uno de los primeros motores diésel para un coche de calle de gran producción: un 2.0 litros de 52 CV. En 1958 llegaría la segunda serie y se ofrecía con dos carrocerías, una corta, con una batalla de 2,2 metros y una larga, con 2,8 metros. Los motores serían más potentes y por supuesto la capacidad off-road seguiría intacta. 

La segunda serie del Land Rover fue prolífica en versiones y tuvo desde versiones de bomberos hasta otra con orugas para el trabajo en el bosque. La polivalencia que mostraba el coche era otro de sus puntos fuertes y parte de su éxito. En 1971 llegaría el Land Rover Series III y este sería ya la convicción del éxito del modelo: se fabricaron 440.000 unidades de este vehículo entre 1971 y 1985 (en 1976 se fabricaría el Land Rover 1 millón). En esta versión se intentó mejorar algo la seguridad del coche, así como su refinamiento. Los motores fueron optimizados y el coche mejoraba en todos los aspectos: se utilizaba en casi todos los ámbitos de la economía, desde las clases altas, que lo utilizaban para ir al campo, hasta por el ejército, los gobiernos de varios países (¿no recuerdas los Land Rover de ‘los grises’?), trabajadores, agricultores y gente de todo tipo. 

En España, el Land Rover fue un coche importante: desde 1961 empezó su producción en nuestro país de la mano de Santana y eso hizo que su popularización en nuestro país también fuese importante. El Land Rover ya era un mito cuando cambió su denominación a Land Rover Defender. El Defender se presentó en 1983 y los cambios no eran demasiado profundos, al menos en cuanto a concepto: se mantenían las dos versiones de carrocería, bautizados ahora como Defender 90 y Defender 110. Más tarde se incorporaría una versión extra-larga bautizada como Defender 127, con una batalla de 3,23 metros.

 

 

El nuevo Land Rover Defender incorporó una nueva suspensión con amortiguadores más eficaces que mejoraban el confort, el sistema de tracción integral permanente del Range Rover, con diferencial central bloqueaste, un interior modernizado y motores más potentes: el nuevo motor diésel de 2.5 litros y 68 CV fue una de las mayores novedades. También se incorporó un motor V8 de origen Rover solamente disponible en algunas versiones.

El momento clave del Land Rover defender llegó en los 80, con un claro bajón en las ventas, especialmente en mercados extra europeos. No obstante, el coche se siguió fabricando ya que parecía seguir cumpliendo una clara necesidad: la de tener un todo terreno fiable y poderoso fuera del asfalto. En ese momento la competencia había crecido, con coches tan interesantes como el Nissan Patrol o el Mitsubishi Montero

Con el paso de los años, el Land Rover Defender fue incorporando mejoras, tanto a nivel mecánico como a nivel de confort y lujo. En 1998 se incorporó el nuevo motor diésel de cinco cilindros bautizado como Td5. A partir de 2007, este motor dejó paso al motor de 2.4 litros procedente del Ford Transit. En 2012 el coche sufrió una importante modificación, modernizando su aspecto y, especialmente, su interior. A partir de ese momento, este mito 4x4 empezó a ser atractivo también para las élites, que lo veían como un coche robusto con una imagen realmente poderosa. Su capacidad de personalización aumentó y la marca vio el filón y empezó a crear ediciones limitadas.

 

 

El 29 de enero de 2016 el último Land Rover Defender salía de la línea de producción de Solihull, una versión con carrocería corta y techo de lona que nació a las 9 y 22 minutos de la mañana. 70 años antes, los hermanos Wilks tuvieron una gran idea: en todo ese tiempo se produjeron dos millones de unidades de uno de los coches más importantes del siglo XX. Se espera que en 2018 o 2019 aparezca un nuevo Land Rover Defender: una nueva vuelta de tuerca crucial para respetar las nuevas y estrictas normas de contaminación y seguridad. Espero que Land Rover respete a este mito y podamos disfrutar de sus aptitudes durante muchas décadas más. ¡Larga vida al rey!

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