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Opinión ¿Es un acierto la vuelta de Pere Navarro a la DGT?

No deja indiferente a nadie

Imagen de perfil de Miguel Lorente
Pere Navarro

Nos guste o no, el nombramiento de Pere Navarro como Director de la DGT ya es una realidad que solo falta por hacerse efectiva, lo cual sucederá este viernes 29 de junio, coincidiendo con la Operación salida del verano 2018, en el Consejo de Ministros.

Y esto no ha dejado indiferente a nadie que recordara su nombre o su cara, porque supone la vuelta al cargo que ya ocupado durante nada más y nada menos que casi una década, desde 2004 hasta 2012 en el que fue nombrado.

Para ponernos en antecedentes, la llegada de Pere Navarro como Director de la DGT, en la primera legislatura del que fuera presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, fue en un momento crítico en que la tragedia en la carretera era diaria y con números que ponen la piel de gallina: en 2004, primero a su cargo, según las estadísticas de la propia DGT, fallecieron en España en accidentes de tráfico (atropellos incluidos) 3.841 con un total de 71.090 heridos de cualquier consideración, esto significa que, cada día, en nuestras carreteras, morían una media de 10 personas y resultaban heridas casi 200.

A Pere Navarro como Director de la DGTle recordamos por su carácter mediático y por su forma 'particular' de comunicarse, sobre todo, a la hora de informar sobre políticas poco populares que nos iban a influir ya que, durante su mandato, entre otras, se instauró el carné por puntos que, nos guste o no, revolucionó la forma que tenemos de entender la forma de sancionar las infracciones de tráfico, más allá de las multas más caras, y la criminalización de las conductas peligrosas en carretera.

¿Sabes cuántos puntos tienes en tu carnet?

La obsesión por hacer responsable de las peores tragedias al volante al exceso de velocidad hizo de Caballo de Troya para ampliar el carácter sancionador de las multas de tráfico y convertirlo en una excusa más para que las arcas públicas recaudaran dinero de forma lícita (aunque luego salían de las mismas de forma ilícita, pero ése es otro tema).

Y, con excusas como la crisis financiera, que lastraba a una sociedad preocupada por el desempleo, la precariedad de sueldos, los desahucios...,  se repitió como un mantra que el ciudadano de a pie era el responsable de todos los males, además, se le lacraba al reducir su velocidad en vías rápidas hasta unos soporíferos 110 km/h con la excusa de contener así el gasto en carburante... algo que demostraba que o, había sido mal informado por su equipo de trabajo o sus facultades como Ingeniero Industrial que es, se habían visto afectadas por algún mal temporal ya que, una disminución de la velocidad no implica un menor consumo ni siquiera afecta por igual, a un mismo modelo coche con diferente motor.

Retomando el próximo nombramiento de Navarro en la DGT, entiendo que a fin de cuentas, la gente que asume una responsabilidad pública, se le supone una implicación para con la mejora de la calidad de las vidas de la ciudadanía. Hay trabajos sucios, impopulares pero cuya actividad repercute sobre las personas de la calle o, en este caso, para quienes usamos las carreteras.

El balance final de fallecidos en el último ejercicio completo de Pere Navarro como Director de la DGT, 2011, se situó en 1.603 muertos en carretera y 54.517 heridos. 

Como decía, cuando alguien ejerce un poder ejecutivo, queremos que lo haga para el bien de todos, es cierto que el fin no justifica los medios y que, caer bien o mal es una opción del que interpreta y de la actitud del que la impone, por lo que, los años que Pere Navarro como Director de la DGT supusieron una reducción de más del 50% de fallecidos.

 

La vuelta de Pere Navarro ¿acierto o error?

Si buscamos gobernantes simpáticos, guapos y, además eficaces, deberíamos invocar a los dioses o esperar a que se aleineen los planetas del Sistema Solar, mientras demos más valor a la eficacia, la vuelta de Pere Navarro puede ser considerada como un acierto, al menos en líneas generales.

Primero, porque demostró que, las medidas aplicadas en cuanto a su objetivo principal, la reducción de la siniestralidad y mortandad, fueron efectivas. Al margen de que otras fueran de dudosa validez, como la de la reducción de la velocidad máxima como medio de ahorro de combustible o la persecución recaudatoria a las velocidades por encima de las máximas permitidas con un endurecimiento de las multas de velocidad, por no hablar del sistema de puntuación 'escolar' que restaba credenciales al conductor en forma de cartilla de puntos, al margen de ser impopulares, supusieron la conversión del conductor, primero en, culpable y luego en víctima.

Culpable de los males en la carretera y luego víctima de los primeros. Es decir, responsabilizó a los usuarios de las vías, cuando, en plena crisis, comprobábamos en la carretera como, día a día, elementos de seguridad como el deterioro del pavimento, resultaba tanto o más peligroso que circular a lo kamikaze a 200 km/h en una vía secundaria, mientras el ejecutivo nacional y los regionales, poco hacían más que decir que, para eso, no había dinero.

Opinión: ¿aprendemos a conducir a base de multas o no?

Entre medias, subyacía un tema que, si bien es cierto estaba latente, reflotó como era el de la educación o reeducación para con la seguridad vial. La formación vial no debe ser un mero trámite para lograr una licencia de conducción, ha de ser una actitud inherente al conductor.

La obligación de estar formado, actualizado y activo en cuanto a las medidas que afectan a las normas de tráfico, parecían ser secundarias. Navarro removió el asunto hasta llevar al ejecutivo de Zapatero a incluir en el currículo escolar una asignatura donde se recogía la educación vial desde las escuelas a los institutos, dando así la razón a los educadores en cuanto a que es más que una necesidad instruir a la sociedad en la seguridad vial desde edades tempranas. 

Además, dentro de la condena a los conductores que agotaban sus puntos del carné, se les daba una segunda oportunidad previo paso por un 'centro de reciclaje', en el cual se debería demostrar ser apto para volver a ponerse al volante. Es decir, se ejercía la obligación de ser reeducado en seguridad vial.

Pero, como decía, cuando una democracia confía en unas personas para guiar el destino de la masa, ha de hacerse con una asertividad crítica hacia su función. Se acepta pero desde el pensamiento crítico, que no es lo mismo que destructivo. 

Nos gustará más o menos, pero está claro que Pere Navarro es uno de los administradores de organismos públicos que cumplió con sus objetivos, al menos, uno de los prioritarios como era el de reducir el número de muertos en carretera, una de las mayores lacras sociales durante la democracia.

Por eso, si retoma el trabajo donde lo dejó, en su vuelta, Pere Navarro como Director de la DGT, tiene el crédito inicial que le da su saber hacer. De entrada, tiene nuestra confianza inicial, solo le pedimos que los seis años fuera de la DGT le hayan servido para bajar al estrato de la calle y tomar pulso de una realidad diferente pero heredada de la que él dejó.

 

 

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