Pikes Peak, la gloria automovilística entre las nubes

De la tierra al cielo a toda pastilla

Imagen de perfil de Javier Prieto
Ford RS200 subiendo Pikes Peak

La Pikes Peak International Hill Climb es probablemente la subida de montaña más famosa del planeta. Este año cumple 100 años y se darán cita unos 150 participantes -si ninguno se echa atrás al ver el peligro-. La mítica prueba está organizada en distintas categorías, según las características técnicas de los artefactos motorizados que en ella participan. El objetivo de todos ellos consiste en realizar la ascensión de 19.983 metros en el menor tiempo posible. Pasión, leyenda, acongoje –o su taco homónimo-, riesgo y algún que otro mareo se dan cita en una de las carreras con más historia en Estados Unidos… y parte de la Vía Láctea.

Pikes Peak 2016: 100 años, 96 ediciones

Sin embargo, la reacción de amigos y familiares al hablarles de Pikes Peak ha sido preguntarme: ¿Pikes, qué? ¿La subida más conocida en el mundo?, pues no será en España. Pero, la ascensión esa se hace en bici, ¿no? Ante este aterrador panorama, mejor será entrar a fondo con algunas explicaciones.

Dos historias y un destino: orígenes de Pikes Peak

Existen dos teorías sobre los orígenes de la prueba. Porque como ya sabéis en esto de la Historia siempre aparece algún Pepito Grillo con fama de buen investigador –al menos en su pueblo- que presenta alguna alternativa que echa por tierra las afirmaciones de otros colegas.

Una de esas teorías sitúa el embrión del certamen automovilístico en los albores del Siglo XX. Fue en 1915 cuando Spencer Penrose impulsó la ampliación de una carretera de montaña, o mejor dicho, un camino de cabras que conducía hasta el Pico Pikes o Pikes Peak, en Colorado Springs (Colorado, como su nombre indica).

Tras la finalización de los hercúleos trabajos en la ruta, Spencer decidió promocionar esa zona y suponemos que también su obra de Ingeniería Civil, de unas dimensiones acordes a las de la cima. Y se le ocurrió organizar en 1916 una carrera que discurriera por el trazado que él había remodelado. Así nació -o eso cuentan algunos expertos- la competición del motor más antigua en Norteamérica, tras las 500 Millas de Indianápolis. El primer vencedor fue Rea Lenzt al volante de un Romano Dernon Special. Invirtió un tiempo de 20 minutos y 55 segundos.

El impulsor del Pikes Peak Hillclimb no podía imaginar que su sarao fuera a tener la gran acogida que experimentó desde su primera convocatoria. Sobre todo si tenemos en cuenta que en aquella época el número de coches y aficionados al automovilismo era sensiblemente inferior al actual. Pero la vida a Spencer le sonrió.

 

Ford RS200 subiendo Pikes Peak

 

Longitud y altura, un cóctel de susto

Los pioneros participantes encontraron un reto muy atractivo recorrer las 156 curvas del trazado hasta la cumbre en el menor tiempo posible. La subida partía y parte desde las faldas de la montaña de Peak a una altitud de 2.866 metros sobre el nivel del mar, para coronar la cima a 4.301 metros. Un desnivel de 1.435 metros que supone un desafío no solo para el hombre, sino también para las máquinas. Sus mecánicas aquejadas del “mal de altura”, sufren una pérdida de hasta un 30% de la potencia durante el recorrido hacia las nubes.

Por todo esto, la lucha contra el crono y ser el más rápido se convirtieron en un gran desafío que muchos participantes aceptaron. Evidentemente la gloria debe conseguirse sin atropellar ninguna oveja y sin encontrarse con ningún tronco en el medio del camino al más puro estilo Carlos Sainz senior, que protagonizó unas de estas 15 frases míticas del mundo de los rallies.

Al éxito de la prueba también ayudó su escenario, integrado en una de las cordilleras más altas y espectaculares de todo Estados Unidos. Los parajes espectaculares y también unos barrancos que quitan el hipo forman parte del decorado.

La peligrosidad del trazado de tierra, sin arcenes y con unos precipicios esperando a cobrarse sus víctimas a ambos extremos de la carretera, sedujo a un gran número de competidores que querían coronarse como los más veloces cerca de las nubes. Si te acercas a la cuneta de la carretera encontrarás el lugar ideal en el que situar al jefe exigente, a la suegra antipática o al cuñado pesado.

Las hazañas y algún desastre de la prueba automovilística fueron recogidos por los medios de comunicación de masas de la época. Así la Pikes Peak Hill Climb obtuvo una gran difusión por todo el país. Y su fama se multiplicó tanto como el número de inscritos y seguidores.

 

¿Quién dijo que tooodos los coches de Pikes Peak molan?

 

Un camino en busca del oro…automovilístico

La otra teoría, y quizá la que más peso tenga, también sitúa el origen de “La carrera hacia las nubes” en los albores del siglo XX. En esa época y en plena Fiebre del Oro, se construyeron en las colinas de Pikes Pike o Pico Grande –nombre primigenio de la montaña- unos precarios caminos que permitieran el tránsito hasta la cumbre.

Dos amigos de Denver, Yont y Feiker, consiguieron llegar hasta la cima del Pico Grande con un automóvil bicilíndrico. El desnivel de la pendiente era tan fuerte -7% en algunos puntos- que en varios tramos tuvieron que empujar el coche, convirtiendo la tracción mecánica en humana.

La proeza se hizo muy popular en la región y dio lugar al nacimiento en 1916 de la mítica competición. Ya sabéis lo que dice el sabio refranero español: “culo veo, culo quiero”. El primer vencedor de Pikes Peak fue Rea Lentz con un Romano Demon Special y ya desde entonces también había una categoría para motos.

Sin embargo, la carrera se suspendió hasta 1920 a causa de la I Guerra Mundial. La “locura” de los años 20 tuvo su reflejo en Pikes Peak, donde no paraba de aumentar el número de corredores. Los medios de comunicación que difundieron las aventuras y desventuras de esos apasionados del motor y la Fiebre del Oro dejó paso a la del Motor.

Precisamente, en 1922 venció contra todo pronóstico un corredor amateur llamado Noel Bullock con su Ford Especial de 2.998 cc y 50 CV. Su idílica historia acabó de darle una dimensión mítica al certamen. Y fue gracias a gestas como la de Noel –este no es pariente del amigo de los regalos de Navidad- por lo que se instauró en 1929 una categoría reservada para los vehículos de serie. De esta forma la organización quiso facilitar la presencia de conductores aficionados y mantener el espíritu primigenio de la subida.

Glen Schultz llegó a vencer hasta en ocho ocasiones en esos primeros años de la Pikes Peak.

Los primeros vencedores que repiten más que el ajo

Entre los años 30 y los 50 aparecieron nuevos asiduos al triunfo. Nombres como Louis Unser y Al Rogers con 5 y 9 triunfos, respectivamente, dominaron en esos años con mano, perdón, volante de hierro. Le cogieron el gusto de ver las nubes más rápido que nadie.

Noel Bolleck ganó en 1922 con... eso

El relevo generacional llegó con el sobrino de Louis, Bobby Unser, quien se coronó como el auténtico rey de la montaña, pero sin mallot de colorines, tras festejar 13 victorias. Nadie ha batido todavía este registro. Unser, admirado por el público, se retiró proporcionando una gran alegría a sus rivales y un disgusto a sus fans.

A partir de la década de los 70, el interés por la cita no deja de crecer y comienzan a construirse vehículos para cubrir el trayecto del Pico Peak en el menor número de minutos posible.

Fruto de esa pasión, la organización creó una década después la categoría “Unlimited”. Y con ese nombre ya podéis suponer que tipo de criaturas comenzaron a poblar las polvorientas cuestas de Colorado Springs.

La década prodigiosa

La década de los 80 no solo nos trajo el boom de la música techno –Depeche Mode, Yazoo, etc.- y alguno de los mejores trabajos de bandas como los Rolling. La explosión también llegó a la carrera que se disputa al otro lado del Atlántico. Influyó en gran medida, además del halo mítico que ya la rodeaba, la eliminación del Grupo B del Mundial de Rallys. ¿Por qué? Pues, porque de repente las grandes marcas que participaban en esa competición se habían quedado sin su particular y europeo banco de pruebas y desarrollo tecnológico. Ante esta situación, los fabricantes fijaron su atención en Pikes Peak. Entre ese revirado y polvoriento trazado habían encontrado un nuevo lugar de experimentación. Y fue dicho y hecho, porque en 1984 el noruego Martin Schanche y la francesa Michele Mouton, al volante del Ford Escort y el Audi Sport Quattro, respectivamente, se unieron a la caravana de la montaña. Michele, ya que había cruzado el charco, estableció tres marcas legendarias además de vencer en dos ediciones. Fue la primera mujer piloto en lograr el triunfo, la primera corredora no estadounidense en ser la mejor y en 1985 fue la primera en realizar la ascensión en menos de 12 minutos, con un tiempo de 11 minutos y 25 segundos.

La subida a Pikes Peak con sus 156 curvas

Hartos del protagonismo de la dama gala, Bobby Unser se llevó la gloria en 1986 y Walter Röhl hizo lo propio en 1987.

Pero todas estas grandes participaciones quedan eclipsadas con la mítica exhibición del campeón del mundo de rallys, Ari Vatanen al volante del legendario Peugeot 405 T16 en un vídeo inolvidable. Los buenos aficionados al motor... y los normalitos no dejamos de emocionarnos cada vez que admiramos la hazaña del gran Ari. Solo él fue capaz de conducir con la mano izquierda en el volante y con la otra protegiendo sus ojos de sol, cuyos rayos le cegaban. Maestría, talento, épica, inspiración, coreografía automovilística… y un montón de virtudes más se dieron cita en aquella mítico valls del motor. Por si fuera poco, Vatanen batió el récord de la prueba.

Tajima, el último emperador nipón

Llegamos a la parada de los 90 cuando emerge una de las máximas figuras: el japonés Nubohiro Tajima. Con ese nombre de kamikaze –velocidad, valentía y temeridad- condujo como un ídem en cada una de las curvas de sus múltiples apariciones estelares en el famoso pico. Con su primera y victoriosa presencia en 1992, estaba claro que había llegado para reinar entre las nubes. Sin embargo, apareció un neozelandés que le salió respondón, Rod Millen. Este sumó a lomos de su caballo de acero 5 victorias ante el emperador nipón. Cómo sería el cabreo de “Monster” Tajima que tras esas derrotas monopolizó el éxito de forma consecutiva entre 2006 y 2012. Acumula, de momento, un total de 9 entorchados. Al año siguiente, el campeón del mundo de Rallys Sebastian Loeb batió con un crono de 8:13:878, el récord hasta entonces en poder de Rhys Millen y que a día de hoy sigue vigente. Otros ilustres como Markus Gronholm Anfreas Eriksson se dieron un paseo rapidito por las nubes de Colorado

En la cita que habitualmente se celebra el 4 de julio -qué patrióticos son estos estadounidenses- participan un centenar largo de coches, motocicletas, quads y todo tipo de artefactos de tracción mecánica. La palma –estética- se la llevan los “Unlimited”. Ahí los diseñadores han dado rienda suelta a sus extravagancias estéticas, algunas difíciles de ver y otras de apartar la mirada de ellas. La propulsión 'verde', con bestias de más de 1.000 CV como el Acura-Honda NSX eléctrico de 2016, últimamente está de moda. ¿El motivo? Esta fuente de energía apenas altera su comportamiento en las alturas, manteniendo su máximo rendimiento prestacional.

Ecologistas en acción en Pikes Peak

Por último una pincelada medioambiental. La llegada del Siglo XXI produjo algunos efectos cognitivos en ciertos ecologistas estadounidenses. Los ciudadanos verdes exigieron que el trazado de la carrera, hasta entonces de tierra, se asfaltara para preservar la orografía de la montaña. Se desconocen cuáles son los efectos nocivos que pueda producir el paso de unos coches ¡tres días! al año. Las autoridades de Colorado atendieron sus peticiones y en 2012 se terminó de cubrir con asfalto el último tramo. Irónicamente, muchos pilotos han manifestado que se ha incrementado la inseguridad porque con la arena los coches antes derrapaban y percibían los límites de la física. 

Algunos de mis allegados, tras leer el texto me comentaron: “ahora sí está claro. El Pikes Peak este es una carrera como la de los autos locos –dibujos animados- pero en vez de diez participantes hay más de 100 entre frikis, virtuosos, profesionales, aventureros, mitos del volante y amantes del mundo del motor y la velocidad, con algunos fabricantes de coches. Y en un marco natural incomparable, con una sierra perfecta para tomarse una tortilla y una sangría”. Pues eso mismo les dije yo.

 

 

 

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