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¿Cómo se saltó Ricciardo el protocolo real en el podio del GP Mónaco F1 2018?

El australiano es un tipo espontáneo incluso ante los monarcas monegascos.

Imagen de perfil de Javier Prieto
Champán II Mónaco F1 2018

Tras dejarse llevar por la alegría de la victoria, Daniel Ricciardo se saltó el protocolo en el GP Mónaco F1 2018, sexta parada del calendario F1 2018, disputada este domingo.

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Sucedió a la conclusión de una agónica carrera de Fórmula 1 donde su Red Bull se quedó sin MGU-K y condujo con solo seis marchas hasta el triunfo en el Circuito de Montecarlo. Después de tanta tensión, el piloto dio rienda suelta a la euforia del momento. 

 

 

La divertida anécdota sucedió tras la finalización de la entrega de premios en el podio, cuya nueva ubicación en una primera planta no nos gusta nada. Preferíamos su clásico emplazamiento de toda la vida, situado a ras del suelo. 

Bueno, el caso es que Daniel Ricciardo estaba exultante de alegría cuando recibió el trofeo de manos del Príncipe Alberto II y su esposa Charlene Wittstock. Y no es para menos porque acreditaba su sufrido triunfo en la sexta cita del calendario F1 2018.

Tras unos instantes de inmensa felicidad, llegó la tradicional celebración con champán. Ya sabes, el campeón agita y descorcha una botella de esta deliciosa bebida para regar con su líquido y burbujeante contenido a los allí presentes. Después, se suele beber un trago y brindar con los otros dos rivales en el cajón. Hasta ahí, lo habitual.

 

 

Sin embargo, el simpático australiano decidió ir un poco más allá con el festejo. Y como es un chico muy educado invitó a un traguito al soberano del pequeño país-estado, quien aceptó de buen grado. Y ahí tenías al Príncipe Alberto II bebiendo 'a morro' de la enorme botella de tamaño Magnum.   

Pero espera que aún hay más. Ricciardo como vio que la Princesa también estaba por allí la invitó a ella también a paladear un chupito de Moët Chandon. Y ésta, aunque en un primer instante se quedó sorprendida por el ofrecimiento, acabó tomando unos sorbos. 

Fue un momento informal y natural, muy alejado del usual enconsertamiento al que se somete la familia Grimaldi. Tres hurras por el bueno de Ricciardo, un tipo y un piloto fantásticos. Claro, después llegó el monento de compartir el triunfo con su escudería tirándose a una piscina del motorhome de Red Bull. Este tipo es una crack dentro y fuera de la pista. ¡Qué siga la racha!. 

 

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