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Vídeo: ¿No conoces el mítico superdeportivo Audi Rosemeyer?

La bestia, propulsada por un descomunal W16 de 8 litros, está considerada el padre de los superdeportivos de Ingolstadt.

Imagen de perfil de Javier Prieto
Audi Rosmeyer, precursor de los superdeportivos de Ingolstadt

Esperamos alegrarte el día con el Audi Rosemeyer. Hablamos, ni más ni menos, que del mítico concept car creado en 2000 y considerado como el embrión de los superdeportivos de la marca alemana.  

Conoce la increíble historia que dio origen a la marca Audi

Con la llegada del Siglo XXI, y de la mano del Rosemeyer, Audi daba sus primeros pasos en el segmento de las altísimas prestaciones. Demostró lo que estaba por llegar con una creación absolutamente su-per-la-ti-va.

Tan solo seis años más tarde (2006), nacía el Audi R8, el primer hijo y modelo de producción que evocaba al Audi Rosemeyer. Todo un precursor para aumentar la familia germana.

 

 

El prototipo Audi Rosemeyer toma el apellido de Bern Rosemeyer, un famoso piloto alemán de automovilismo que compitió para Auto Union (Audi) y murió en 1938 tratando de batir un récord de velocidad.

Con esa denominación, el fabricante quiso, homenajear a su malogrado corredor, así como recordar los éxitos y el legado deportivos conseguidos a lo largo del Siglo XX por sus coches de carreras. 

 

Anatomía de un mito rodante

Vio la luz en el año 2000, y aunque no llegó a producirse en serie, el Audi Rosemeyer demostró al resto de competidores que había aterrizado un duro precursor en el mundo de los deportivos más rápidos y exclusivos.

De hecho, su musculoso cuerpo se concibió buscando la máxima eficiencia aerodinámica y el mayor rendimiento.En la parte delantera de su es-pec-ta-cu-lar silueta destaca una parrilla en forma de herradura que nos recuerda a la de los Bugatti.

Allí también llaman la atención unos cuadros ópticos cuadrados que más tarde incorporaría la primera generación del exitoso Audi TT.

Por cierto, para reducir su resistencia al viento, carece de espejos retrovisores exteriores, reemplazados por un sistema de cámaras que se visualizaba desde el inteior. 

 

 

La estilizada parte central del Audi Rosemeyer alberga en su zona superior el techo con forma de cúpula, cuya abrupta inclinación posterior desemboca en la zaga. A estos elementos se une la pintura mate de las flechas de plata.

Los sobredimensionados pasos de rueda semicirculares albergan unas ruedas de 20 pulgadas, las cuales acogen un sistema de frenos con discos perforados.

 

 

En el habitáculo destaca una combinación de fibra de carbono en el salpicadero, junto al aluminio y el Nomex, un compuesto ignífugo, que cubre el techo y el suelo del Audi Rosemeyer. Además, a la espalda del puesto de conducción un cristal permite apreciar la poderosa mecánica central que lo propulsa.

Hablando de motores, monta un descomunal W16 de 8 litros, 710 caballos y 740 Nm, asociado a un cambio manual de seis velocidades y una transmisión integral Quattro, obviamente. 

A pesar de las virtudes del considerado padre del Audi R8, el fabricante de los cuatro aros no lo incorporó a la cadena de montaje.

Tomó esta decisión por los elevados costes de producción y porque no quería hacerle la competencia a Lamborghini, compañía que había adquirido el Grupo Volkswagen en los 90.

 

Un ídolo llamado Bern Rosemeyer

Bern Rosemeyer estaba considerado un héroe en su país. No en vano, había logrado varias victorias en Grandes Premios de la época, así como el Campeonato Europeo de 1936.

En aquella década, los intentos de récords en Alemania, impulsados por el genocida Adolf Hitler, estaban a la orden día. Y precisamente fue en una de esas pruebas, celebraba el 28 de enero de 1938 en la autopista que conecta Fráncfort y Darmstadt, donde falleció el ídolo teutón.

 

 

Aquel día, Audi y Mercedes se jugaban una vez más la hegemonía de ser los más rápidos del Planeta. Primero fue el turno de Rudolf Caracciola subido a un cohete W125 carenado. Estableció un estratosférico registro de 438 km/h.

Después salió a pista Rosemeyer, quien nos logró tras dos intentos superar la marca del rival. En una tercera tentativa a lomos de su Auto Union Type C, una ráfaga de viento lo envió a la eternidad. Dicen que el misil alcanzó 479 km/h

Foto portada: Lord van Tasm vía Wikimedia Commons.

 

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