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Prueba del Lancia Delta Integrale: El sueño del Grupo B

Lancia Delta HF Integrale 16v
Lancia Delta HF Integrale 16v.

Banzai Motorsport

El Lancia Delta Integrale es uno de esos clásicos enormemente revalorizados no por su estética, sino por su soberbio rendimiento.

Una joya. Eso es lo que es el Lancia Delta Integrale. Un coche cuya primera generación nació en 1979 y se extendió hasta 1994 con más de medio millón de unidades. Fue seguramente el último gran automóvil de Lancia, y esperemos que durante su próximo regreso, vuelva a darle vida de nuevo.

Por el momento, quedan algunas unidades en manos de entusiastas del motor. Muy pocas que están muy cuidadas y rara vez bajan de los 35.000 euros. Eso los Delta Integrale 2.0 de 16 válvulas, porque si encuentras algún EVO I... La broma se dispara hasta los 60.000 euros como mínimo.

Esta es la historia del Lancia Delta HF Integrale

Un coche de diseño clásico, pero con un encanto especial.

Seguramente no es el coche con el mejor diseño de la historia. Ni de lejos. Sin embargo, al verlo desde fuera presientes un encanto especial. Esta unidad con llantas de rally en 19", las líneas con los colores de Martini Racing... Es como retroceder al pasado.

Y al montar en el interior, la mente tarda en adaptarse. Ninguna modernidad a la vista. Al menos para la época actual. Muchos indicadores en el cuadro y el salpicadero. Pero lo primero es, al estar conduciendo, darte cuenta de que algo no cuadra.

Un restomod... ¡Del Lancia 037!

No te habías fijado, pero está ahí. El velocímetro y el indicador de revoluciones no son normales. Las diferentes velocidades comienzan a las nueve de su reloj desde el 0 km/h. Claro, tú lo ves cercano a la vertical y dices "oh, qué rápido va sin pisarle". Bueno, estás yendo a 80 km/h.

Cuadro del Lancia Delta HF Integrale 16V
Cuadro del Lancia Delta HF Integrale 16V.

Banzai Motorsport

La decepción es momentánea, porque entonces aprietas el acelerador y ves como las revoluciones suben... Pero, ¿hacia atrás? Vamos a ver. Aquí vuelve a pasar algo. Entonces vienen las risas. Resulta que el contador de revoluciones empieza a las tres del reloj. 

Es decir, que a las seis alcanzas las 3.000 rpm, a las nueve las 6.000 rpm y de ahí hasta las 12 tienes la franja roja que predice el corte de inyección.

Dicho esto, solo queda saber que en ese cuadro puedes ver la presión del turbo (oh sí, vieja escuela), el voltaje de la batería, temperatura del agua y el nivel de gasolina. A esto último lo mejor es ponerle una pegatina para no llevarse sustos, por cierto.

A la derecha, en el salpicadero, más indicadores. De presión y temperatura de aceite, pilotos de motor, luces, etc. No está sobrecargado de información realmente. Si sabes a lo que te enfrentas, tienes lo que necesitas.

El resto no es destacable. El volante es un deportivo desplazado de OMP, que como todos los de su clase, son bastante cómodos. Los asientos también, aunque quizá algo sueltos. Seguramente sea el subconsciente pidiendo unos baquets de rally, pero sí. Es un interior antiguo. Todo suena, cruje... Lo normal en coches de época, pero sin denotar falta de calidad.

Hablemos del motor, porque vaya espectáculo.

Esta versión Lancia Delta HF Integrale 16V porta un motor de 4 cilindros en línea de 2 litros Twin Cam de Fiat turboalimentado. Genera 200 CV. Una cifra enorme para un coche de poco más de 1.000 kg de peso. Al principio es algo tímido, pero al tocar las 2.000 rpm el turbo empieza a soplar. Y entonces empieza la fiesta.

El coche comienza a coger velocidad de forma vertiginosa a 0,7 bares de soplado de serie, y en tercera, cuarta y quinta marcha (su máximo), entra en juego un overboost que lo lleva hasta 1 bar de potencia con el pedal a fondo.

Esta unidad está completamente de serie a nivel mecánico (salvo por unas suspensiones deportivas). Sin embargo, el motor suena fuerte. No por el escape, que también, sino desde la propia delantera del coche. Empuja sin parar y sin poder otear el límite de velocidad a corto plazo.

Nada mal para un coche que no ha recibido las clásicas modificaciones que hacen los expertos a los Delta Integrale. Árbol de levas, un turbo Garret un poco más grande, con más potencia de soplado y un pequeño ajuste electrónico. Varios billetes que pueden hacer a tu Delta alcanzar los 260 CV sin demasiados problemas.

¿Un caballo desbocado? Te aseguro que no.

La conducción se siente segura y directa, pero sin los peligros del Grupo B que te rondan la cabeza.

Lancia Delta HF Integrale 16V
Lancia Delta HF Integrale 16V

Banzai Motorsport

Siempre digo que en los coches hay cuatro componentes sumamente importantes si se quiere conducir acariciando límites con seguridad. Y la potencia o el motor no está entre ellos, desde luego. No hace falta. Y si no, mirad Initial D o las batallas de los Toyota AE86 Hachiroku en Japón con sus 115 CV.

Unos buenos neumáticos, apoyados por una gran suspensión, junto a una buena frenada y un conductor que sepa la clase de coche que está llevando y su sistema de tracción. 

En este caso, unos Khumo Ecsta Le Sport de gomas con un ancho de vías considerable (gomas que, por cierto, después de haberlas probado en multitud de ocasiones, no hay miedo a decir que son espectaculares). Unas suspensiones algo rebajadas y duras, frenos con discos ventilados y al día con sus mantenimientos; y tracción a las cuatro ruedas.

Teniendo todo esto en orden, solo hay que fluir. Sentir el coche con las posaderas, como diría la leyenda de la Fórmula 1, Niki Lauda. Las curvas las coge suaves, pero con los nervios siempre puestos a punto para responder al turbo. Quizá por ello muchos somos adeptos de los atmosféricos, pero este Delta Integrale es bastante progresivo.

Un restomod offroad del Delta... ¡Sí!

Las reducciones son suaves, haciendo el juego de pies correspondiente, y el régimen de revoluciones se siente endiabladamente bien. No pusimos al límite al coche, desde luego, pero se intuía una seguridad bastante curiosa. Curiosa porque el subconsciente ataca de nuevo y te dice "eh, que esta era la base de un Grupo B. Ojito que la liamos".

Pero bueno, el Delta S4 no ganó seis temporadas seguidas el Campeonato del Mundo de Rallys desde 1987 hasta 1992 por nada. Pero no hay que engañarse. Son coches que, aunque sus versiones de calle son evidentemente mucho más recatadas, poseen un poder que hay que cuidar y respetar.

Son coches de antes, fabricados por y para las sensaciones. Sin controles de estabilidad o tracción, ayudas electrónicas... Solo el piloto y la carretera. Y una máquina con 200 CV bajo el pedal. Lo mejor con estos bólidos es intentar dejar al subconsciente de lado, la mente en blanco, y sentir.

Si te haces uno con el coche (y será fácil, porque de serie estos Lancia Delta no traían ni radio), escuchas lo que el motor y las ruedas quieren decir y ves a la carretera serpentear, lo dominarás. Hay gente que prefiere las inmensas comodidades de un tranquilo SUV

Eso está bien de vez en cuando sí, pero a otros nos gusta conducir. Y eso te ofrece el Delta Integrale. La experiencia de sentir. La conducción y la historia de una marca icónica.

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