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Prueba Mercedes Clase G: ¿qué país quieres conquistar hoy?

Eterno e inmortal. Había que probarlo. Lo hemos hecho. Oh, sí.

Lo confieso: esta prueba del Mercedes Clase G es una de las más especiales de este año que está a punto de terminar. Recuerdo perfectamente cuando ‘Papá Noel’ me trajo un Mercedes Clase G de juguete. Era de considerables dimensiones, como no puede ser de otra manera con este coche. Ese coche de plástico me parecía la leche, tan cuadrado, con esas formas tan duras y poco amables. Un todoterreno de verdad. Han pasado más de 20 años desde ese momento y el Mercedes Clase G sigue eterno e inmortal en su sitio, en el trono de los todoterreno robustos, auténticos. Hoy en lugar de moverlo con una mano por el suelo de mi habitación lo voy a maltratar conducir. ¡Toma!

Las expectativas están muy altas, ya que es un coche al que le tengo mucho cariño, pero la verdad es que mi primer encuentro con él, en el parking de Mercedes, ya me deja muy claro que me enfrento a un coche de 1979, con todo lo bueno y con todo lo malo que ello conlleva. Abrir las puertas te traslada a otro tiempo, cuando Mercedes fabricaba coches eternos, auténticas rocas que parecen forjadas con hierro macizo. Si abrirlas mola, cerrarlas no te cuento: necesitas tanta fuerza como para arrancar la cabeza a alguien pero cuando hacen ese chasquido te sientes casi tan bien como cuando arrancas el V10 del Audi R8 Spyder que probé hace un tiempo. ¡Robusto y duro como ningún otro!

 

Vídeo: Forgiato la lía en un Mercedes G500 4x4 al cuadrado

 

Lo primero que me llama la atención es su habitáculo súper espacioso. Estás sentado muy alto, con una posición clásica de todoterreno, pero lo impresionante es que sobre tu cabeza todavía tienes más de un palmo de espacio libre hasta llegar al techo: no me extraña que lo elijan los jugadores de la NBA. También me sorprenden los acabados y ser consciente de que, aunque se ha rediseñado recientemente, muchos de los materiales siguen siendo de 1979: esos plásticos duros fantásticos que te puedes encontrar en un Mercedes 300 CE están presentes en un Clase G de 2017. Detalles como la guantera o el cenicero te trasladan a otra época. Sorprendente.

Arranco esta particular máquina del tiempo y el motor V6 diésel de tres litros, 245 CV y 600 Nm de par cobra vida con un sonido bastante refinado: visto lo visto, esperaba el típico traqueteo de los grandes motores diésel enfocados a una conducción off-road. Este motor envía la potencia a las cuatro ruedas mediante una transmisión automática de 7 velocidades, que destaca, ahora sí, por un comportamiento moderno y eficaz. Echo a andar con mucho cuidado de no tocar ninguna columna del parking, no quiero que la gente que trabaje en Mercedes España se vea bajo toneladas de escombros.

No necesito ni diez kilómetros para darme cuenta que este viaje, de más de 1.000 km, va a ser peculiar. Este Mercedes G350d no debe diferir mucho a conducir un tractor: vas sentado muy arriba, la estabilidad brilla por su ausencia y la dirección transmite más bien poco. Hay que estar muy alerta para evitar movimientos bruscos: en un coche así, si alguien se te cruza en el último momento lo mejor que puedes hacer es embestirlo. Lo siento, es así. En autopista se siente como una cabra montesa en una discoteca, fuera de lugar.

 

 

No se puede decir que sea cómodo y de vez en cuando sientes como un traqueteo que no sabes muy bien de dónde viene. El motor tiene fuerza y puede alcanzar los 150 km/h con relativa facilidad, pese a que 245 CV no parecen muchos para lidiar con los 2.612 kg de peso y esta aerodinámica de camión. Llega a 150 km/h, sí, pero decido bajar el ritmo: a esta velocidad no sé si llegaría con suficiente combustible a Zaragoza. Tiene 96 litros de depósito. Oh, shit.

Y es que el principal damnificado de sus formas y de su peso no es otro que el consumo, especialmente en vías rápidas. Ir a 120 km/h de manera constante mata al conjunto y ver el dial donde se muestra la autonomía es tan preocupante como una visita al dentista. Vale, la precisión del ordenador de a bordo es preocupante, pero la verdad es que la raya del indicador de combustible no miente: traga como un condenado, con medias que se aproximan peligrosamente a los 15 litros. ¡A 120 km/h y como si estuviese conduciendo en un concurso de eficiencia!

Visto lo visto, no me quiero imaginar lo que debe ser un Mercedes-AMG G65 Final Edition con su V12 atmosférico de más de 600 CV. ¡Literalmente debes tener que llevar un camión cisterna detrás! Lo que está claro tras los primeros kilómetros de esta prueba del Mercedes G350d es que no está hecho para circular sobre el asfalto, no al menos con el refinamiento y el confort que ofrecen los nuevos todoterreno o SUV de este nivel de precio. Pero a quién demonios le puede importar eso, ¡este coche no es para ir por la carretera!

 

 

Mi primera parada es Andorra, donde estoy a punto de realizar mi primera escapada off-road. La verdad es que las carreteras de montaña, como te estarás imaginando, tampoco son su hábitat natural: quizás donde más cómodo se siente es en carreteras nacionales con pocas curvas, donde puede ir tranquilo, a su ritmo. Ahora bien, en el primer momento en que dejamos atrás el asfalto y sus enormes ruedas tocan la tierra, el coche cambia y todo lo malo que había hasta ahora se convierte en bueno. En conducción off-road la velocidad es una variable irrelevante y aquí el coche se siente muy próximo a un tanque Leopard del Ejército de Tierra.

La variable inesperada de aquel día fue la nieve y la verdad es que sirvió para comprobar qué tal se mueve este armatoste. El Mercedes Clase G cuenta con un auténtico arsenal off-road, en el que destaca la reductora o el bloqueo de los tres diferenciales (central, trasero y delantero) para conseguir el máximo de tracción cuando las cosas se ponen complicadas. Sus cotas de ataque y salidas también son buenas, aunque en terrenos con poca adherencia los neumáticos también serán clave para sacar del apuro a esta mole de más de dos toneladas y media.

Lo importante de este coche es la sensación de robustez y de seguridad que aporta, especialmente fuera del asfalto. No obstante, llevo más de 500 km encima con él y aquel primer momento de pánico ha cambiado, poco a poco voy entendiendo su particular comportamiento y la verdad es que consigo acostumbrarme. Tengo que decir que siempre he conducido todoterrenos, quizás alguien que pase de un SUV, véase un BMW X6, a un Mercedes Clase G, necesitará más tiempo de adaptación. Es un coche realmente particular y eso, sinceramente, creo que es su clave del éxito: este pasado año vendió más ejemplares que nunca.

Y es que en sus varias décadas de vida, el Mercedes Clase G ha pasado de ser un buen todoterreno para convertirse en un icono, con todo lo que ello representa. En un mundo rodeado de SUV que quieren ser buenos en todo, el Clase G sigue manteniendo esa robustez, esa imagen y esa espectacular capacidad off-road que lo hacen único, todo ello rodeado de equipamiento moderno y de un interior donde no falta ni el mejor cuero de Mercedes Designo ni los detalles en madera. 

El fenómeno G es curioso, es particular: más de la mitad de versiones que se venden son AMG, con consumos estratosféricos y peores en materia off-road, lo que deja patente que es un coche que se compra, salvo contadas excepciones, por una cuestión de imagen. El año que viene Mercedes lo renovará, mejorando parte de su déficit dentro del asfalto y modernizando los materiales, diseño y tecnología puertas adentro, aunque estoy seguro que no mermaran esa sensación de robustez y poderío. 

Lo dicho, el Clase G forma parte de los mitos, un icono que debemos querer pase lo que pase, con sus cosas buenas y sus cosas malas, un coche inmortal, eterno y que puedo decir que ya he conocido a fondo, ¡ha sido un placer, viejo amigo!


 

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