En una época de complicaciones tecnológicas, BMW puso sobre la mesa el B57S: el único motor diésel de cuatro turbos. No sobrevivió

El Motor B57S de BMW nació con el propósito de demostrar que un motor diésel de gran rendimiento y eficiente era viable, pero su historia no duró mucho.
Si eres un aficionado al motor y te consideras un auténtico ‘petrol-head’, lo más normal es que no tengas muy buena impresión de los diésel. Por eso, seguramente el motor del que vamos a hablar hoy te genere sensaciones encontradas, porque era de gasóleo, pero también una suerte de ‘pepino’, así que quizá te genere tanto admiración como algo de incredulidad. Hablamos del BMW B57S.
Este motor, apodado a veces como el “quad-turbo” por su configuración de cuatro turbocompresores, no es solo otra pieza de ingeniería alemana: es una declaración de intenciones, una declaración de que el diésel no era solo para tractores, una declaración que empezó bien… pero terminó siendo demasiado sofisticada incluso para sí mismo.
Nacido dentro de la familia modular de motores diésel B57, el B57S (oficialmente denominado como B57D30S0) fue la respuesta de BMW a la pregunta: ¿cómo hacer que un motor diésel de tres litros suene, se sienta y prácticamente corra como un motor de gasolina deportivo, sin sacrificar eficiencia? La respuesta ya tela hemos dado en parte: enchufando cuatro turbos y cruzando los dedos un poco para que el proyecto salga bien.
A diferencia de los otros motores diésel de BMW, que usan uno o dos turbos, el B57S adoptó un enfoque más exótico que demuestra el nivel de las cabezas pensantes que había detrás del propulsor.
Contaba con dos pequeños turbos de baja presión para lograr una respuesta instantánea en bajas revoluciones y dos más grandes para mantener el empuje arriba cuando el tacómetro subía de vueltas. Se trataba de una configuración multietapa que buscaba eliminar el temido “turbo lag”, ese pequeño y molesto silencio incómodo entre que se pisa el acelerador y llega la respuesta del motor.
El resultado sobre el papel era impresionante: cerca de 400 CV y 760 Nm de par, suficientes para llevar una berlina o SUV pesado de 0 a 100 km/h en menos de 5 segundos, una cifra que le ponía a la par de sus semejantes equipados de gasolina, lo que en parte se vio como una afrentar para la misma industria por parte de los más puristas.
Sonaba demasiado bien para ser verdad, pero no era un motor de fantasía: se montó en coches reales, en bastantes de hecho. El BMW 750d, el M550d xDrive y las versiones M50d de los X5, X6 y X7 contaron con este motor.
El resultado era peculiar, porque el B57S podía ofrecer el tipo de empuje que normalmente se podría esperar de motores mucho más grandes o más potentes (o de gasolina), pero junto con un nivel de eficiencia considerable. No nos engañemos: no era un mechero, pero era muy ajustado para tratarse de un diésel de alta gama.
La pena es que no es oro todo lo que reluce. El B57S se encontró con problemas de diversa índole. El primero fue su complejidad. Cuatro turbos, sistemas de inyección avanzados y hardware de emisiones de última generación no solo encarecieron el motor en términos de producción, sino que también elevaron los costos de mantenimiento.
Los clientes de las versiones que lo equipaban, aunque tenían buena cuenta corriente, se encontraban con facturas que estaban incluso por encima de lo esperado, situándolo peligrosamente en el rango de precios que parecía más propio de superdeportivos europeos.
El segundo problema al que tuvo que hacer frente fue al de las normas de emisiones. A pesar de toda la tecnología de la que disponía y de la sorprendente eficiencia del motor en condiciones controladas, no podía ocultar el hecho de que, bajo la estricta regulación Euro 6d, el quad-turbo tenía problemas para cumplir los límites de CO2 sin perder rendimiento.
En la práctica, cumplir esas normas requeriría ajustes que habrían mermado gran parte de su carácter, necesitando más hardware para aplicar más restricciones, lo que habría resultado en más costes, lo que ya era por sí solo un problema para los coches que tenían este motor. Así, esto fue lo que terminó sellando su destino.
Su trayectoria empezó en 2016, pero para 2019 y 2020, BMW había comenzado a retirar el motor del mercado, dejando que versiones con configuraciones menos extravagantes tomaran el relevo.
Las versiones quad-turbo desaparecieron y las últimas unidades se vendieron como “Final Edition” en algunas versiones de los X5 y X7 en ciertos mercados europeos. No fue una retirada dramática, pero sí silenciosa y definitiva.
A pesar de su final, el B57S (y BMW, por extensión) pudo estar satisfecho de haber demostrado que se podía crear un motor diésel que fuera potente y eficiente, aunque el precio a pagar por ello fuera una enorme complejidad que, incluso con su nivel, perdió la batalla contra la normativa de emisiones.


