El Chevrolet Corvette ZR 12 fue la respuesta al Dodge Viper V10 en 1992 y su arma secreta, un V12 de 9,8 litros. ¿Su destino? Estaba claro

El Corvette ZR 12 fue fruto de la rivalidad entre Chevrolet y Dodge, que tenía el Viper V10 como máximo exponente de los deportivos americanos. Pero nunca se fabricó...
El Chevrolet Corvette ZR 12 es un ejemplo perfecto de que la rivalidad entre marcas ha sido algo constante. Mercedes y BMW, Ferrari y Lamborghini, Rolls-Royce y Bentley… También entre marcas de países distintos, como Ford contra Ferrari, aunque esta lucha se desarrolló en los circuitos. En Estados Unidos también había una dura competencia entre Chevrolet y Dodge, que alardeaba de superdeportivo con el Viper, que además, para sorpresa de todos, pasó de su motor V8 para montar un V10.
Pero para esta historia debemos remontarnos a principios de los años 90. Mientras en los radiocasetes de los estadounidenses (y de todo el mundo) sonaba a todas horas el Dangerous y el Black or White de Michael Jackson o el I Don't Wanna Fight de Tina Turner, Chevrolet y Dodge se miraban a los ojos con cara de muy pocos amigos y preparaban muscle cars con muchos caballos.
Era una época relativamente buena para la industria automotriz. Las dos crisis del petróleo de los 70 ya quedaban lejos y los fabricantes volvían a hacer coches (no solo0 deportivos) con motores de altas cilindradas.
Pero quien dice rivalidad entre Chevrolet y Dodge dice también entre General Motors y Chrysler, la primera propietaria de Chevrolet y la segunda de Dodge, si bien hoy está integrada en el Grupo Stellantis.
Dodge dio el primer golpe cuando lanzó al mercado en 1991 el Viper con un motor V10 bajo el capó, de 8.0 litros de cilindrada que producía 400 CV, unido a una caja de cambios manual de seis velocidades. Un superdeportivo puro y potente, sin ningún tipo de ayuda, ni control de tracción, ni ABS, ni nada.
Con una declaración de intenciones como esta, General Motors y, particularmente, Chevrolet no podían quedarse de brazos cruzados y dejar que su rival fuera el único con un coche de semejantes características. Y la respuesta fue el Corvette ZR 12. ¿Sacas un V10? Sujétame el rifle de asalto y esta copia de la Segunda Enmienda, debieron pensar.
Corvette ZR 12, basado en un C4 con un espectacular V12 de 9.8 litros y casi 700 CV
Los de Detroit se pusieron manos a la obra para trabajar en una versión experimental del Chevrolet Corvette C4 a la que posteriormente denominaron ‘Conan, el Corvette’. Para ello, contaron con la ayuda del preparador Ryan Falconer Industries.
Sorprendentemente, el Corvette ZR 12 se asentaba sobre una arquitectura que utilizaban en GM para los motores que eran más pequeños. Luego añadieron dos cilindros más en cada bancada, pasando así del V8 al V12.
El corazón de esta bestia americana era un bloque de 12 cilindros que, originalmente, estaba concebido para barcos y aviones. Falconer lo convirtió en un motor de carreras con 9.8 litros de cilindrada que entregaba unos impresionantes 686 CV y tenía 921 Nm de par.
Quizá, la cifra de potencia no nos resulte tan espectacular hoy en día, acostumbrados a ver superdeportivos más cercanos a los 1.000 CV, pero el par máximo es bestial. Lógico, con semejante desplazamiento de los cilindros.
Ahora bien, un motor tan grande había que encajarlo en el Corvette C4. De este trabajo se encargó SportsFab, que alargó la distancia entre ejes y rehicieron la carrocería estirando la parte delantera 20 centímetros.
El proyecto se canceló
Por increíble que parezca, el Corvette ZR 12 apenas ganó unos 45 kg en comparación con un Chevrolet Corvette ZR-1 común. La clave estaba en que el bloque del V12 estaba fabricado en aluminio y pesaba lo mismo que el V8 de hierro.
En la práctica el Corvette con motor V12 demostró ser un superdeportivo tan divertido como rebelde… y lo más importante: consiguió imponerse a su rival, el Dodge Viper. Era capaz de recorrer el cuarto de milla en 11,6 segundos, mientras que el Viper necesitaba 12,9 segundos.
Sin embargo, Chevrolet terminó abandonando el proyecto debido a dos problemas: por un lado, algunos problemas de enfriamiento que aparecieron; por otro, que cada unidad costaba 45.000 dólares de la época (unos 38.500 euros), un precio bastante elevado que lo hacía inviable desde el punto de vista comercial.
El Corvette ZR 12 pasó una temporada en un almacén y, en la actualidad, se puede visitar en el museo de la marca.


