¡Sin pensarlo! A fondo en el juguete demencial que es el buggy Tuthill-Manx LFG
Meyers Manx+Tuthill Porsche=LFG, un deportivo 'off road' que te hará gritar y amar la vida. Hora de irse de rally...
Nunca me había parecido tan divertido que me dieran semejante paliza. Tengo los ojos cubiertos de tierra y los tímpanos perforados, pero estoy gritando hasta quedarme afónico.
Richard Tuthill tiene esa mirada acerada de todos los conductores con talento cuando están a tope y lo hace bailar. Lucha con la dirección no asistida derecha-izquierda-derecha y luego otra vez a la izquierda (demasiado reparto de freno trasero, al parecer, no es postureo) para entrar en un amplio derrape a cuatro ruedas antes de clavar los frenos, bajar marchas en la caja secuencial y ejecutar un perfecto giro de freno de mano en la estela de la nube de polvo que acaba de crear. “Tenemos que hacer pruebas con la entrada de polvo”, dice Richard, limpiando sus gafas.
No tengo ni idea de dónde estamos. Algún lugar del Valle de Carmel, creo, en algún lugar cerca de Monterrey, California. ‘The Quail, a Motorsports Gathering’ (un salón del automóvil de alto nivel, tipo Goodwood pero sin la subida, con pantalones más ridículos, y mucho más dinero) se clebró ayer, y allí este OVNI hizo su debut mundial. Como todos los buenos planes, este se improvisó apresuradamente y se refinó sobre la marcha: una consulta a Richard hace 24 horas sobre si su coche realmente se movía y cuáles eran sus planes para la mañana siguiente. A partir de ahí fue una bola de nieve.
Nos reunimos temprano para las fotos y preguntar a cualquier desconocido que quisiera escuchar si conocía algún tramo tranquilo cerca. Éxito: ahora seguimos a un hombre con un gran bigote en una pickup con la esperanza de que nos lleve a una pista de tierra digna del WRC... y no nos descuartice. Nos encontramos con vía libre en una franja que corre a lo largo de una cresta, rodeada de vistas de película y cielos azul celeste. Y con las cuatro extremidades intactas, por ahora.
El coche en cuestión en realidad no es un coche. Es un tributo al buggy original de fibra de vidrio, aquel símbolo de libertad y buenos tiempos en la playa basado en el VW Escarabajo. Es una interpretación extrema, sí, pero una colaboración oficial entre Tuthill y Meyers Manx, la compañía fundada en 1964 por Bruce Meyers que sigue viva y coleando hoy gracias a su nuevo jefe Phillip Sarofim.
“Este proyecto comenzó como un sueño entre mi viejo amigo Richard y yo. Nos juntamos para imaginar el Meyers Manx perfecto, y después de sentar las bases invitamos a nuestro amigo Freeman Thomas para aportar su brillantez en diseño a la ingeniería de Tuthill. El resultado es crudo, visceral, novedoso. Lo llamamos LFG por una razón”.
Yo lo llamaría “herramienta definitiva para hacer el gamberro”, pero le paso la palabra a Richard para que lo explique: “Iba con mi hijo y mi hija camino del aeropuerto, y nos gustan bastante los acrónimos: WTF, WRC, etc. Llamé a Phillip y probé primero con WTF, pero tras charlar un poco, nos dimos cuenta de que era demasiado agresivo, mientras que LFG es en realidad una expresión bastante conocida en EE.UU. Ellos dicen ‘Let’s Freaking Go!’ [una expresión poco traducible literalmente, pero que podría ser algo así como “vamos a hacerlo y a tomar por saco]. En cualquier caso creo que todos deberíamos despertarnos por la mañana con esa actitud: ‘let’s freaking go’. Vamos a hacerlo”.
Es una cosa de aspecto disparatado. Todos los coches se paran a charlar, todos se van con una sonrisa. La disposición no podría ser más simple: dos asientos delante, un motor detrás, y la posibilidad de quitar las puertas tipo ala de gaviota por completo (y llevarte un buen trozo del techo contigo), así como el portón trasero (lo probamos: nos lleva un par de minutos a los dos) dejando al descubierto la plataforma trasera. “Un cliente quiere poner sus palos de golf ahí atrás, así que le haremos un soporte a medida”. Visibles en cada esquina, amortiguadores dobles ajustables en cinco vías con topes hidráulicos (auténtico material de rally) y neumáticos BF Goodrich.
También hay una carrocería de fibra de carbono, tracción total con diferenciales delantero, central y trasero, escape ligero de Inconel, pinzas de freno todoterreno de cuatro pistones y frenos de disco de acero. No esperarías menos de un coche que cuesta alrededor de 600.000 euros con producción limitada a 100 unidades. Lo que me llama la atención, sin embargo, es que las curvas suaves y los faros saltones le dan un carácter amistoso y accesible, con pocas pistas de lo duro que puede ser este aparato.
Transmitir diversión y ser utilizable era una parte clave del encargo, dice Richard. “Mira, todos somos conscientes de cuánto costarán estos preciosos coches, pero deberías ir al pub con él tanto como deberías desaparecer en las montañas". Para dejarlo claro, el coche que ves aquí no es el modelo de producción final; es un prototipo funcional ensamblado para mostrar la visión al mundo... no necesariamente para ser conducido a fondo en la tierra. Antes de hoy había completado una distancia total de una milla. “La especificación aquí está bastante cerca en realidad”, dice Richard. “Hay muchas piezas de prototipo, pero el chasis no cambiará".
Alrededor del mamparo delantero utiliza un bloque de metal de 75 kg de cierto roadster biplaza de Stuttgart. “Eso sostiene el aire acondicionado, la columna de dirección, los limpiaparabrisas, etc. Y luego montamos una jaula antivuelco FIA revestida de glorioso carbono".
Pesará menos de 1.300 kg, lo cual para un coche de motor central y tracción total con tres diferenciales, no está nada mal. Hoy tenemos unos 300 CV de un seis cilindros bóxer de 3,5 litros y tubos rectos porque Richard quería que sonara loble en más gamberro posiel stand, pero “se ofrecerán varias especificaciones de motor incluyendo un motor de cuatro válvulas derivado del Tuthill 911K [11.000 rpm]”.
Antes de que Richard nos eche los párpados hacia atrás en nuestro propio tramo privado de rally, me toca llevarnos por carretera hasta allí. El embrague es suave al arrancar, pero a partir de ahí la secuencial de seis marchas requiere la cantidad justa de músculo para meter la siguiente. Se siente ligero, instantáneo, incluso flotante y el motor se lanza hacia delante al más mínimo toque del pie. La suspensión es, como era de esperar, sublime, el viento bien contenido y aparte de la falta de dirección asistida, realmente podrías usarlo y disfrutarlo cada día. Es una experiencia alegre, al aire libre, analógica, tanto si lo acaricias como si vas con todo.
Lo pruebo en la tierra también, por supuesto, y como todas las máquinas de altas prestaciones bien diseñadas mejora, se afila, se vuelve más ágil y suave cuanto más aprieto... hasta que los límites de mi habilidad al volante chocan con la realidad de que esto es un prototipo sin demasiados ensayos encima.
Richard y yo cambiamos de asiento, el caos del primer toma de nuevo protagonismo y estamos absolutamente volando. El ruido, como un millón de avispas enfadadas, llena el valle. La suspensión se traga el camino y Richard mantiene el coche perfectamente en el límite, aunque sospechas que aún tiene otra marcha o dos que dar.
La contradicción aquí es que el ADN de este coche está en bajar tranquilamente a la playa y pasear por la arena, pero el LFG puede hacer cosas, alcanzar velocidades e ir a lugares donde ningún buggy de playa se ha atrevido jamás a aventurarse.
“Un poco de lección de historia. En 1967, Myers Manx ganó las inaugurales 1000 millas de México, que ahora son la Baja 1000. Podemos ir y hacer la Baja 1000, y lo haremos, como competidores, pero ¿por qué no repetimos la ruta original de una manera más agradable? Mientras la Baja se celebra allí, estamos planeando llevar 20 de estos y hacer una gran ruta, pero en lugar de etapas maratón, dormir en tiendas individuales y comer sardinas enlatadas, podemos quedarnos en algún sitio un poco más agradable más adelante en la carretera". Amén a eso, y si necesitas un copiloto, ya sabes dónde encontrarme.

Luis Guisado
Webmanager
Luis Guisado es Webmanager en TOPGEAR.es y AUTOBILD.es. Prueba coches desde 2001 y es un apasionado de los clásicos y la historia del automóvil. Tan porschista que hasta el Cayenne diésel o los 718 eléctricos le parecen genial.



