El A12-bis, el motor de 21,3 litros de avión que utilizó el Mefistofele

Este Fiat se ganó el apodo de un demonio por el ruido infernal que hacía gracias a un motor de avión que le llevó a conseguir un récord de velocidad.
La historia del mundo de la automoción ha tenido numerosos puntos de conexión con la industria aeronáutica. Hay marcas que trabajaron en el sector (como BMW o Rolls-Royce), ahora hay muchas que están desarrollando sus propios coches voladores… y hay casos particulares llamativos, como fue el del Fiat Mefistofele, que montaba nada menos que el motor de un avión, el A12-bis.
Pero no adelantemos acontecimientos, empecemos por el principio, que en el caso de este bólido obliga a hablar del genio o loco, según se vea, que fue su creador, británico Ernest Eldridge.
Nació en 1897 dentro de la alta burguesía londinense, lo que hizo que, como otros muchos jóvenes de buena familia de la época, acabara recalando en el mundo del motor como una pasión que le sirvió para satisfacer sus ansias de vivir aventuras y saciar su sed de gloria.
Cuando comenzó la Primera Guerra Mundial estaba estudiando, pero tuvo que dejarlos para participar en la contienda. Sin embargo, no lo haría disparando, si no como conductor de ambulancias, un primer contacto con el mundo del automóvil que le permitió experimentar la emoción de ponerse al volante y circular rápido, algo que hizo que se quedara completamente enganchado.
Ese fue el primer pilar de sus pasiones, al que hay que sumar un segundo que tiene un peso capital en el este caso, la aviación. Quedaba claro que le gustaban las emociones fuertes, así que acabó entrando en el mundo de la competición. Sin embargo, se le quedaba corto y tenía claro qué es lo que quería lograr: establecer un récord de velocidad suficientemente rápido como para que se mantuviera vigente durante mucho tiempo.
Era fácil de decir, pero no tan fácil de conseguir. Sin embargo, Eldridge no tuvo que mirar muy lejos para dar con la forma de intentar llevarlo a cabo: trasplantar un motor de avión a un coche de carreras, para aprovechar el rendimiento del primero y los avances tecnológicos (aerodinámica, chasis, etc.) del segundo.
Con el destino claro en su cabeza, se puso manos a la obra… de manera literal. Hay que tener en cuenta que estamos hablando de hace más de un siglo, por lo que todo se hacía de manera artesanal y el piloto era una suerte de hombre orquesta que se encargaba de todo, no solo de conducir: diseñaba el coche, aplicaba mejoras, cogía piezas de desguaces para incorporarlas en su bólido, etc.
Se trataba de un proceso de ensayo/error que no siempre daba los resultados esperados, pero que tenía su encanto, ya que cada piloto acababa sintiendo, y con razón, su coche como su propia creación y única.
350 CV en 1924
En 1921 sus horas de trabajo dieron fruto: su automóvil, equipado con un motor de 240 CV de potencia que venía de un avión, fue capaz de alcanzar los 150 km/h. Sin embargo, no era suficiente para el bueno de Ernest, que decidió subir la apuesta.
Acudió a Fiat para adquirir un Fiat SB4 que, aunque era un coche de competición, era de 1907, así que su tecnología se había quedado un poco atrás. Sin embargo, al piloto/creador/ingeniero eso no le importaba, puetso que solo necesitaba una base en la que montar la auténtica joya del proyecto: un motor Fiat A.12… que utilizaban aviones como los SIA 7B, Fiat R2 o Caproni Ca.44.
No lo montó “a capón”, si no que tuvo que realizar modificaciones en el frontal para hacerle hueco, utilizando partes de un autobús, mientras que al motor le modificó los cilindros para dotarles de cuatro válvulas con bujías Magneti Marelli. Como consecuencia, elevó su rendimiento hasta los 350 CV, que entregaba a 1.800 rpm.
Uno de sus aspectos más peculiares es que, aparentemente, era ruidoso hasta el extremo, rasgo que hizo que se ganara el apodo de “Mefistofele”, que es con el que se ha quedado para los anales de la historia.
El coche hizo ruido (literal y figuradamente) hasta el punto que Delage, con René Thomas como piloto, le desafió para intentar batir el récord del mundo de velocidad. La compañía tenía el Delage V12 “La Torpille” que también tenía 350 CV, así que sobre el papel el duelo estaba igualado.
La convocatoria era para el 5 de julio de 1924 en la Route Nationale 20, cerca de Arpajon, en Francia, y ambos contrincantes se personaron.
Allí el Fiat Mefistofele consiguió el Record Mundial en pista de tierra alcanzando los 230,55 km/h, aunque, sus rivales le reclamaron el título porque el coche no tenía marcha atrás, algo que era necesario para homologar la plusmarca. No solo eso, al día siguiente el Delage batió el récord al alcanzar 230,63 km/h.
La alegría no les duró mucho, puesto que Eldridge consiguió instalar un dispositivo para disponer de marcha atrás y, una vez montado, el 12 de julio consiguió dejar atrás a su rival alcanzando los 234,98 km/h.
