Aunque no lo creas, este pequeño Fiat salvó la vida a Lamborghini

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Se fabricó junto al Countach, pero gracias a este pequeño coche compacto de origen brasileño, Lamborghini se salvó de la quiebra a finales de la década de 1970.

¿Así que Lamborghini se salvó gracias a Fiat? Bueno, más o menos. La historia es algo más larga, pero en efecto. El Fiat 127 Rustica sacó de la quiebra a la marca de Sant'Agata Bolognese a finales de la década de 1970. Una época en la que estaba en muy mala situación económica y hubo que acudir a medidas drásticas.

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Ferruccio Lamborghini vendió sus acciones, quería tranquilidad. Pero la gama estaba desfasada. Había que actualizarse y justo al mismo tiempo estalló la crisis del petróleo. El proyecto del Countach debía avanzar y en recámara estaba el Lamborghini Cheetah, un todoterreno que quería ir a concursos públicos como vehículo militar.

BMW cedió la fabricación de las carrocerías de los BMW M1 a Lambo, pero los italianos no podían llegar ni a la cuota ni a sus estándares de calidad. Y los alemanes retiraron su negocio. Además, el Cheetah (posterior Lamborghini LM002) no llegó a buen puerto en los concursos y se quedó guardado en el armario. La situación era límite.

La idea más rentable: construir bajo licencia el Fiat 127 Rustica

En medio de todo aquel caso aparece el inversor Giulio Alfieri, que fue consultor de Lamborghini e ingeniero. Con una idea potente y adelantada a su tiempo: fabricar un todocamino asequible, antecesor de los modernos SUV. Y la respuesta estaba en el Fiat 147, que en esencia, era la versión brasileña del Fiat 127.

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Se renombró al vehículo como 127 Rustica y Alfieri consiguió que la justicia permitiera a Lamborghini reanudar su producción. Llegó a un acuerdo con 87 concesionarios para vender el producto y la autorización necesaria de Fiat. Una labor titánica que resultó en un contrato de fabricación de 5.000 unidades.

Misma carrocería que el modelo brasileño, pero con mayor altura libre al suelo, nueva suspensión y algo más de carácter 4x4. Su objetivo era vender los coches en el campo, a personas que necesitaban un vehículo de batalla y simple. En este caso, con un motor de 1,0 litros y 50 CV de potencia, cumplía a la perfección con esos requisitos.

Protecciones para los faros, baca en el techo para equipaje, neumáticos con más dibujo y un interior de piel sintética. Y se vendieron como churros, aunque no se sabe si Lamborghini llegó a completar aquel contrato. Lo que sí descubrieron es que la venta de cada unidad les reportaba un enorme beneficio.

En 1980, la liquidación por bancarrota dio aire a la compañía, que pasó a manos de los hermanos Mimran, unos multimillonarios de origen francés que fueron los que adquirieron las acciones de la empresa a Ferruccio. Y que, más tarde, vendieron a Chrysler por 25,2 millones de dólares de la época en 1987. Otra etapa que nos dejó grandes coches como el Lamborghini Diablo.

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