Bob Lutz ha estado detrás de coches como el Ford RS200, el BMW 2002 Turbo o el Dodge Viper. Y cree que los BMW de ahora "son más que feos"

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Uno de los altos cargos que formó parte de BMW a principios de los ’70 ha manifestado que no le entusiasma precisamente el diseño de estos coches.

Bob Lutz es una de las figuras más singulares y reconocidas de la industria del automóvil del siglo XX. Aunque su nombre suele asociarse a los gigantes estadounidenses de la industria automotriz (General Motors, Ford y Chrysler), su paso por BMW a comienzos de la década de 1970 fue una etapa clave tanto en su carrera como en la evolución estratégica del fabricante bávaro.

Al ejecutivo de 93 años se le atribuye la creación de varios de los coches más sonados del último cuarto del siglo XX. Entre ellos encontramos modelos como el Ford RS200, el Dodge Viper o la quinta generación del Chevrolet Camaro, el cual fue clave para el relanzamiento del icónico pony car de GM.

Un figura clave en la historia de BMW

Lutz se incorporó a BMW AG en 1971, en un momento especialmente delicado para la compañía. BMW todavía no era el referente global de deportividad que es hoy y se encontraba en pleno proceso de consolidación tras años de inestabilidad financiera durante los sesenta.

El ejecutivo asumió el cargo de Vicepresidente Ejecutivo de Ventas y Marketing Global, además de convertirse en miembro del Consejo de Dirección de la compañía, una responsabilidad poco habitual para un directivo extranjero en una empresa alemana de la época.

Su principal misión fue reordenar y profesionalizar la estructura comercial internacional de BMW. Lutz defendía que la marca necesitaba un control mucho más directo de sus operaciones fuera de Alemania para crecer de forma rentable y coherente.

Bajo su impulso, BMW comenzó a sustituir progresivamente los sistemas de importadores independientes por filiales de ventas propias en mercados clave, especialmente en Europa occidental. Esta estrategia permitió mejorar los márgenes, unificar el mensaje de marca y alinear de forma más eficiente ventas, marketing y planificación de producto.

En paralelo, Bob Lutz fue un firme defensor de una identidad de marca clara y emocional, basada en el placer de conducción y el carácter deportivo. Su visión encajaba con una BMW que empezaba a diferenciarse de otros fabricantes premium por su enfoque dinámico.

Aunque no participó directamente en el diseño de modelos concretos, sí influyó en la cultura interna que priorizaba vehículos pensados para conductores entusiastas, una filosofía que más tarde quedaría resumida en el lema “Freude am Fahren” (el placer de conducir).

Lutz no está de acuerdo con el diseño de los coches de BMW

Hoy, la opinión de Lutz dista mucho de lo que defendió en su etapa en la compañía bávara. En una entrevista reciente con Bimmer Life, el ex ejecutivo que participó en el desarrollo de los Serie 7 E23 y E24, y en el Serie 3 E21, aseguró no estar en sintonía con el lenguaje de diseño actual de BMW.

Creo que BMW, ahora mismo, tiene un grave problema de diseño”, explicó Lutz. “Algunos frontales son atroces. Demasiado prominentes, con ese aspecto steampunk que parecen grandes placas octogonales de hierro fundido remachadas al coche. Es atroz”.

Lutz explica que “las proporciones, las líneas y los detalles son incorrectos” y tiene la opinión de “que algunos son simplemente feos, y francamente, se compran porque la gente espera un coche de alta gama y dice: ‘Bueno, detesto el frontal, los faros, la parrilla y las proporciones generales, pero es un BMW’” y arroja el mensaje final de que “alguien me dijo que a los compradores chinos les gustan esas cosas. Me cuesta creerlo”.

Duras palabras de un alto cargo que permaneció en BMW hasta el año 1974, cuando pasó a formar parte de Ford. Durante su etapa en BMW también se sentaron las bases de proyectos que resultarían fundamentales en los años posteriores.

El desarrollo de nuevas gamas orientadas a un público más amplio y deportivo, así como el fortalecimiento de la imagen de competición y alto rendimiento, en un periodo que coincidió con la creación de BMW Motorsport GmbH, formaron parte de un contexto estratégico en el que Lutz apoyó una visión más ambiciosa y global de la marca.

Aunque su paso por BMW fue relativamente breve, su impacto fue significativo. Lutz dejó una empresa mejor preparada para competir internacionalmente, con una red comercial más sólida y una identidad de marca más definida. Esa experiencia europea marcaría profundamente su forma de entender el negocio del automóvil y sería clave en su posterior éxito en Estados Unidos.

En retrospectiva, la etapa de Bob Lutz en BMW puede considerarse un punto de inflexión silencioso, pero decisivo, en la transformación de la marca bávara en el fabricante premium de alcance global que conocemos hoy. Por eso, cuando el ex ejecutivo afirma que los BMW de ahora “son más que feos”, muchos son los que escuchan su reflexión.

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Aarón Pérez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España