Para el Bugatti Royale se fabricaron 100 motores de ocho cilindros en línea, pero solo vendieron siete. El resto fueron para los trenes franceses

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¿Trenes con motor Bugatti? Sí: además de superdeportivos y coches de lujo, también hicieron trenes. Fue en los años 30 y utilizaban el motor de ocho cilindros del Royale.
En la industria del automóvil, también hay historias de superación, de segundas oportunidades. Una de estas historias la protagonizó Bugatti en la década de 1930, con el motor de ocho cilindros en línea del Royale y los trenes franceses que acabó diseñando a consecuencia de la Gran Depresión de 1929 que puso en jaque al segmento de vehículos de lujo.
En el año 1927, Ettore Bugatti sorprende al mundo con el Bugatti Type 41 “Royale”, un coche que estaba llamado a convertirse en el mejor automóvil del mundo y que era conocido como, simplemente, como Bugatti Royale. Este vehículo de más de 6 metros de largo y 3,5 toneladas era la máxima expresión del lujo automotriz de finales de los años ’20.
Además de exclusivo y lujoso, el Royale también era un coche prestacional. Esto fue posible gracias al motor de ocho cilindros en línea y 12,8 litros con el que fue equipado, una mecánica que producía 300 CV de potencia a tan solo 1.800 rpm y que le permitía alcanzar una velocidad máxima de 200 km/h. Recordemos que eran cifras que podía lograr en 1927, ¡hace casi 100 años!

En 1929, dos años después de su debut oficial, Bugatti solo había vendido siete Royale y la Gran Depresión no ayudaba a hacer despegar las ventas. El objetivo de la marca era producir 25 coches, para los cuales ya tenía sus 25 motores, pero solo siete se habían entregado a los compradores, lo que llevó a Ettore a plantear un nuevo objetivo.
De coches de lujo a trenes
Dado que la situación económica no favorecía la venta de coches de lujo, Bugatti aprovechó la situación en la que se encontraba la red francesa de ferrocarriles para utilizar los motores de ocho cilindros del Royale y construir los primeros trenes de alta velocidad del mundo.
Las administraciones de ferrocarriles franceses contaban con una red viaria moderna, pero los trenes que la transitaban eran pesadas y obsoletas máquinas de vapor. Por eso, sacó a concurso la producción de nuevos trenes de alta velocidad, una oportunidad que Ettore Bugatti quiso aprovechar dada la idoneidad del motor de ocho cilindros para propulsar trenes de combustión.

Nace así el Automotor WR Bugatti, también conocidos como Bugatti Autorail. Todo en este tren fue obra de Ettore y su equipo de ingenieros, que diseñó una máquina ligera, tremendamente aerodinámica y con multitud de innovaciones tecnológicas con las que llevar al siguiente nivel a los ferrocarriles de la época.
Los trenes, disponibles en varias longitudes, llegaban a los 60 metros y podían transportar hasta a 144 pasajeros en un interior de lujo. Una curiosidad interesante el Autorail de Bugatti era que el maquinista iba en el centro del tren, sobre los motores, con una cúpula que le otorgaba visibilidad 360º, algo que nunca visto hasta la fecha en la industria ferroviaria.
Los primeros trenes, los WR, estaban equipados con cuatro motores de ocho cilindros en línea, ajustados para que sus intervalos de mantenimiento fueran más dilatados y con una potencia de 200 CV a 1.700 rpm que aseguraba la fiabilidad y la integridad mecánica del tren.
Nace la línea de alta velocidad

La potencia de estos trenes era de 800 CV, cifra que le bastó para alcanzar los 172 km/h de velocidad máxima, todo un récord para la época. Poco después, lograrían mejorar esas cifras y llegar hasta los 196 km/h, con velocidades de crucero para su uso comercial como medio de transporte que se situaban en los 130-140 km/h. Esto hacía posible viajar entre las grandes ciudades francesas en bastante menos tiempo que el empleado por los trenes de vapor.
Debido al alto consumo de combustible que los cuatro motores de ocho cilindros, que tenían una cilindrada de más de 50 litros, la administración ferroviaria francesa encargó a Bugatti la creación de un tren que redujera esos costes. Se fabricó así el Automotor WL Bugatti, con dos motores y 400 CV, aunque el consumo seguía siendo elevado y requería de mantenimiento cada 90.000 kilómetros en Bugatti.
Y esta, en gran medida, fue el clavo que selló el ataúd de los trenes de Bugatti. El estallido de la Segunda Guerra Mundial, que apartó los convoyes entre 1939 y 1945, tampoco ayudó a mejorar la situación.

En total se fabricaron 88 unidades del Bugatti Autorail, la mayoría (56) con dos motores, y el resto con configuraciones de tres y cuatro motores. El último de los trenes estuvo en servicio hasta 1958, con una unidad que realizó trabajos de pruebas y verificación hasta 1972. Hoy solo se conserva un ejemplar debidamente restaurado de estos trenes, que permanece en la Cité du Train de Mulhouse, en Francia.
