Comenzó como un proyecto privado y terminó como la berlina más rápida de su tiempo: así era el Mercedes 300 SEL 6.3 con el mítico motor M100

En 1968, se presentó en el Salón de Ginebra el Mercedes 300 SEL 6.3, una de las mejores berlinas de su época. Su desarrolló fue inesperado, gracias a Rudolf Uhlenhaut.
A lo largo de la historia, Mercedes ha hecho algunos de los mejores motores de toda la industria automotriz, como la familia OM diésel (el OM654 o el OM656) y muchos otros de gasolina. Entre los más míticos se encuentra el M100 que equipó el Mercedes 300 SEL 6.3, un coche que comenzó como un proyecto privado y se convirtió en la berlina más rápida de su tiempo.
Muchas veces, las mejores cosas surgen de manera inesperada, sin pensarlo ni proyectarlo. Así se llegó a América por primera vez, hace más de cinco siglos, cuando el objetivo real era encontrar nuevas rutas comerciales con Asia y sorprender al imperio otomano por la espalda.
Algo parecido ocurrió con el Mercedes 300 SEL 6.3 (aunque en este caso no se quería pillar por sorpresa a ningún enemigo). El culpable fue Rudolf Uhlenhaut, un ingeniero anglo-alemán que entre los años 50 y 60 formó parte del equipo Mercedes F1 junto con Alfred Neubauer y Juan Manuel Fangio, al que llegó incluso a batir durante unas pruebas en Nürburgring en 1954.
El nombre de Uhlenhaut es toda una institución en Mercedes-Benz, no en vano fue él quien dio vida al mítico Mercedes 300 SLR de carreras, del que acabaría fabricando una versión homologada para calle sobre una de las mulas de prueba, denominada ’Uhlenhaut Coupé’, que él mismo conducía como coche personal.
Además de la parte de competición, Unlenhaut formó parte también del equipo de desarrollo de nuevos modelos de calle de la compañía alemana. Un día, mientras estaba en su oficina, escuchó el rugido de un motor V8 que le llamó la atención.
La decisión de Rudolf Uhlenhaut que dio vida al Mercedes 300 SEL 6.3

Tras escuchar el sonido de aquel V8, rápidamente llamó al ingeniero de pruebas, Erich Waxenberger, para pedirle explicaciones y éste le respondió que llevaba un tiempo probando el motor M100 V8 de 6.3 litros del Mercedes 600 en la serie W109 y que había fabricado un prototipo.
Unlenhaut se quedó ojiplático y, sin pensárselo dos veces, le dio la orden de construirlo con el fin de hacer un mejor uso de las instalaciones de producción del motor M100. Así fue cómo se gestó el Mercedes 300 SEL 6.3, el que podríamos calificar como el padre de la Clase S.
Esta impresionante berlina hizo su debut oficial en el Salón de Ginebra de 1968, mientras miles de estudiantes protestaban en las calles de París y llegaron a paralizar toda Francia con una huelga general. Ofrecía unas prestaciones que, incluso para los estándares actuales, serían muy buenas, pero a finales de los 60 eran superlativas.
Su motor V8 de 6.3 litros entregaba 250 CV y se combinaba con una transmisión automática de cuatro velocidades. Esta configuración le permitía acelerar de 0 a 100 km/h en 6,5 segundos y alcanzar una velocidad máxima de 220 km/h, a pesar de que declaraba en la báscula 1.780 kg de peso.
El coche medía 5 metros de largo, 1,81 metros de ancho y 1,42 metros de alto, con una distancia entre ejes de 2,86 metros. El diseño, sobrio y elegante, fue obra de Paul Bracq, el mismo que hizo el Mercedes 600.
El coche más rápido de su tiempo
El Mercedes 300 SEL 6.3 era una delicia al alcance de muy pocos. Con ella se podía viajar plácidamente por una Autobahn con cinco pasajeros a más de 200 km/h sin despeinarse.
Pronto se ganó el título de ‘coche de calle más rápido de la época’, al recorrer los 220 kilómetros que separan Stuttgart de Múnich, aproximadamente, en tan sólo una hora (hoy se tarda, de media, unas dos horas en hacerlo) por la Autobahn.
Sin duda, el motor M100 del 300 SEL era el elemento clave, pero había más. Contaba con suspensión neumática, dirección asistida, bloque de diferencial, elevalunas eléctrico y bloqueo central, así como un sofisticado sistema de inyección.
Todo ello con la supervisión y aprobación de un auténtico amante de las carreras y que, por tanto, dejó sus genes en él, como fue Rudolf Uhlenhaut.
En total, se fabricaron 6.526 unidades del Mercedes 300 SEL 6.3, una tirada pequeña que lo hace aún más especial. Más tarde, la marca de la estrella añadió más versiones del V8 con menos cilindrada, como el 3.5 y el 4.5 (este último sólo en Estados Unidos).
En 1972 Rudolf Uhlenhaut se retiró con la satisfacción de haber dado todo lo que podía a Mercedes y haber dejado su huella para siempre en la marca. Hoy se pueden encontrar unidades del 300 SEL 6.3, aunque no abundan. Y, aunque han pasado casi 60 años desde su estreno, todavía sigue impresionando al que lo ve.

