Cuando escuchas eso de motor Hemi V8, te vas a un muscle car. Pero Toyota también tuvo el suyo

Toyota Crown Eight
Toyota Crown Eight

El Toyota Crown Eight fue un modelo pionero: el primer coche japonés en equipar un motor V8, pero con un carácter distinto al de los estadounidenses.

Si decimos “motor V8”, tu mente se va a ir automáticamente a Estados Unidos y sus muscle cars. Lo entendemos, es lo natural. Pero es posible que no sepas que, más allá de un Dodge Charger, un Ford Mustang o un Chevrolet Camaro; en el país del sol naciente hubo una marca, conocida por sus coches híbridos, que también tuvo el suyo hace ya más de medio siglo: Toyota.

El fabricante nipón, a pesar de su enfoque pragmático y fiable, en su día consideró que un bloque V8 podría tener un giro de tuerca extra y, en vez de aplicárselo a un deportivo radical, podía usarse para darle vida a un vehículo elegante y orientado al confort: el Toyota Crown.

La historia del Crown es tan interesante y larga que en muchas ocasiones se pasa por alto que tuvo este tipo de propulsor. Es un modelo emblemático en la historia de Toyota, que debutó en 1955 y ha sido uno de los pilares de la marca durante décadas, aunque por desgracia no por estos lares.

A diferencia de los muscle cars, que son el epítome de los V8, nunca buscó ser un icono de altas prestaciones, ni perseguía récords de aceleración o tiempos en las ‘drag-races’. Su misión era otra: ofrecer lujo, confort y fiabilidad para ejecutivos, dignatarios y clientes que valoraban una presencia imponente sin renunciar a suavidad y refinamiento.

Es algo que hizo desde el primer momento, pero que llegó al siguiente nivel a mediados de los años 60, cuando el Toyota Crown Eight fue lanzado en 1964. Este modelo marcó un antes y un después porque fue el primer automóvil japonés en equipar un motor V8.

Estaba desarrollado sobre la plataforma del Crown de segunda generación, un gran turismo cercano a una limusina, pensado como coche corporativo. Aunque tenía la base del Crown estándar, la marca no solo adaptó lo que tenía, si no que lo llevó un paso más allá.

El Crown Eight aumentaba la distancia entre ejes en 50 mm, las vías delantera y trasera en 160 mm, la longitud total en 120 mm y la anchura en 150 mm respecto al Crown convencional. El resultado era una berlina notablemente más grande y con una imagen todavía más imponente. La clave, sin embargo, no estaba a la vista.

Y es que el aspecto más revolucionario de esta variante modelo era su mecánica. Equipaba un motor V8 de 2.600cc que desarrollaba 115 CV a 5.000 rpm y que estaba fabricado en aleación de aluminio, el primero de este tipo en impulsar un automóvil japonés de producción.

Más allá de los datos, que vistos desde la perspectiva actual son hasta ridículos (un V8 de 2,6 litros para conseguir poco más de 100 CV no parece tener mucho sentido), lo realmente significativo era lo que representaba: Japón entraba oficialmente en el terreno de las grandes berlinas con motor V8, un espacio reservado hasta entonces a marcas extranjeras y que mostraba el lado más “civilizado” de este tipo de propulsores.

Contaba con una transmisión automática Toyoglide de dos velocidades y dejaba bastante claro su posicionamiento premium tirando al lujo, incorporando elementos poco habituales en Japón en aquellos años, como eran los elevalunas eléctricos, el cierre centralizado y el control automático de luces.

Era un vehículo concebido para ofrecer confort y distinción, pero solo para los más pudientes, algo que quedaba claro por su precio: costaba 1,65 millones de yenes, una cifra elevada para la época que lo situaba claramente en la parte alta del mercado.

Pero el Crown no fue el único Toyota que equipó un bloque de este tipo. Más adelante lanzó la versión 3.0 V8 3V, que montaron otras versiones del Crown y algunos modelos de alta gama de la marca, como el Century. Tenía una potencia mayor, que llegaba hasta los 150 CV, y también subía más arriba de revoluciones, 5.200 rpm.

Toyota Crown Eight
Toyota Crown Eight

A pesar de ello, su enfoque seguía siendo el mismo: buscaba suavidad, progresividad y silencio de marcha. Para muchos propietarios de estos Toyota V8, tener un motor así bajo el capó era sinónimo de conseguir que el coche se moviera con total serenidad y sin vibraciones, incluso a altas velocidades de crucero. Refinamiento antes que radicalidad, una visión completamente opuesta a la de los V8 americanos, que son los que a la postre más fama han tenido.

El Toyota Crown Eight fue un pionero, un vehículo que visto desde la perspectiva actual de Toyota nada tiene que ver con las mecánicas híbridas por la que actualmente apuesta por la gama.

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Mario Herráez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España