Estas son las cinco berlinas deportivas que más echamos de menos

Hagamos un viaje en el tiempo a cuando los SUV no eran la norma y cuando incluso las marcas generalistas se animaban a ofrecer sedanes deportivos en sus gamas.
¿Están las berlinas de capa caída? Es difícil decir que no, si se tiene en cuenta que hoy en día, se mire donde se mire, todo parecen ser SUV. Haberlas, como se suele decir, “haylas”, pero no son tantas, ni tienen el mismo encanto que las de antaño, especialmente su hablamos de versiones deportivas. En TopGear nos hemos puesto nostálgicos y estas son las cinco berlinas deportivas que más echamos de menos.
Basta con que echéis un vistazo rápido para daros cuenta de una realidad patente: actualmente solo las marcas premium hacen berlinas de altas prestaciones, pero hubo otras épocas (más locas según el criterio de unos, más felices según el de la mayoría) en las que prácticamente cualquier hijo de vecino se animaba a crear un sedán que bajo el capó tuviera un poco de picante.
Lotus Omega

En 1990 el Opel Omega ya era un modelo bastante destacado, pero la marca alemana cedió su vehículo a Lotus para que lo hiciera subir de nivel. Visualmente imponía, aunque había que fijarse bastante para ver que no era un Opel (el diseño de las llantas o los logos tras los pasos de rueda delanteros), así que normalmente la gente se da cuenta de ello demasiado tarde.
Concretamente, cuando su motor 3.6 de 6 cilindros en línea turbo entraba en acción y ponía a funcionar sus 377 CV de potencia. La caja de cambios manual y el sistema de tracción trasera, los domaban como buenamente podían para alcanzar velocidades de crucero en un santiamén hasta hacer tope en sus 283 km/h de velocidad máxima.
Peugeot 405 T16

En la década de los 90 Peugeot todavía no formaba parte de Stellantis y fue una época, como ponen de relevancia otros ejemplos de la lista, bastante loca. El Peugeot 405 tuvo una carrera bastante exitosa, llegando a ser elegido coche del año, pero fue en 1993 cuando llegó una versión T16 que dejó huella.
Montaba un motor 2.0 sobrealimentado con un turbocompresor Garrett para llegar a los 196 CV que, de manera puntual, llegaban a ser hasta 220 CV. De gestionarlos se encargaba un sistema de tracción integral con diferencial central viscoso de tipo Torsen, lo que resultaba en una aceleración de 0a 100 km/h en 7 segundos y en una velocidad máxima de 235 km/h.
Opel Vectra OPC

Hace mucho que ningún modelo de Opel luce el apellido OPC, pero hace no tanto (al menos en nuestras mentes), la coletilla Opel Performance Center significaba carácter deportivo a un precio relativamente asequible, un vehículo al que muchos jóvenes aspiraban. Quizá los Astra y Corsa fueran más deseados, pero el Vectra, en 2005, demostró que el enfoque también se podía llevar a modelos mayores.
Estéticamente ya dejaba claras sus intenciones, aunque tampoco es que fuera excesivamente “cantoso”, así que era un poco “sleeper”. Sin embargo, cuando se ponía en marcha la cosa cambiaba: bajo el capó montaba un motor 2.8 V6 con turbo que entregaba 255 CV, tenía tracción delantera, aceleraba de 0 a 100 km/h en menos de 7 segundos y alcanzaba los 260 k/h de punta.
Renault Safrane Biturbo

Curiosamente, el representante de Renault es coetáneo del 405 T16, puesto que también vio la luz en 1993. Los paralelismos no acaban ahí, puesto que también era una berlina generalista sin a priori aspiraciones deportivas, por lo que la llegada de una versión de este corte fue una sorpresa muy bien recibida.
Se tomó como base el Safrane versión V6 Quadra porque tenía tracción a las cuatro ruedas y se puso a trabajar a dos preparadores alemanes para dar forma a la nueva creación. Irmscher fue en el cargado de darle el diseño deportivo sin perder su estilo elegante, mientras que Hartge hizo lo propio con el apartado mecánico.
Gracias a los 2 turbos KKK que incorporó, el motor 3.0 V6 consiguió llegar hasta los 268 CV, lo que le permitía lograr una velocidad máxima de 250 km/h.
Volvo S 60 R

Aunque ahora esté volcada en los SUV y, principalmente, en las mecánicas de cero emisiones, hubo una época en la que Volvo era sinónimo de berlinas, y qué berlinas eran aquellas. Quizá pecaban de serias a nivel de diseño y era una marca asociada a personas mayores, pero con el S 60 R de 2003 la cosa cambiaba.
Montaba un motor sobrealimentado de 2,5 litros y cinco cilindros en línea, capaz de desarrollar 300 CV y 400 Nm de par máximo para conseguir una aceleración de 0 a 100 km/h en 5,7 segundos y 250 km/h de velocidad máxima.
