A principios de los años 2000 Volkswagen juntó dos motores VR4 para formar el W8. Su función es más importante de lo que piensas

La marca alemana diseñó un motor W8 y 4.0 litros que montó en el Passat, combinando el rendimiento de un deportivo con el confort de una berlina.
Hoy la industria del automóvil es muy diferente, pero en el pasado algunos fabricantes hicieron cosas fuera de lo común, como montar motores locos en coches sensatos. Uno de ellos fue el Volkswagen Passat a principios de los 2000, que escondía en el vano motor un bloque W8, resultado de unir dos VR4.
Puede parecer un rompecabezas, pero la idea que proyectaron los ingenieros de Volkswagen cumplía una importante función que ahora verás.
Para entender el desarrollo de este motor W8, hay que situarse en el contexto de la época. Entre finales de los 90 y principios de los 2000, la marca de Wolfsburgo vivía su mejor momento, con un Ferdinand Piëch al frente de la compañía que no paraba de darle vueltas a la cabeza para crear cosas nuevas.
Una de esas innovaciones fue, precisamente, el motor con los cilindros dispuestos en W, como suya fue también la idea de crear el Bugatti Veyron, donde se instalaría el famoso W16 con cuatro turbocompresores y 1.000 CV de potencia, superando así todas las limitaciones del diseño y la ingeniería hasta el momento.
Piëch ideó un propulsor W18 como resultado de unir tres bancadas de seis cilindros VR6. Debutó en un prototipo de Bugatti y, finalmente, en el Veyron, pero ya con 16 cilindros. Luego, Bentley utilizó un W12, motor que también se instaló en otros modelos, como el Volkswagen Phaeton o el Audi A8.
El increíble motor W8 de Volkswagen

Pero Volkswagen desarrolló un motor en W más pequeño, con ocho cilindros, con la intención de ofrecer una alternativa más compacta, pero potente, a los motores V6 y V8.
Así que buscó la manera de adaptar ese concepto a las versiones más pequeñas de su propia gama. El resultado fue el W8 colocado de forma longitudinal, a muy poca distancia por delante del tren delantero, resultado de unir dos motores VR4, en un ángulo de 15 grados y con un cigüeñal común en un ángulo de 72 grados, con una culata de 32 válvulas.
Con esta configuración, Volkswagen podía montar un motor de ocho cilindros transversalmente debajo del capó de los coches que tenían tracción delantera.
El motor W8 de Volkswagen tenía una cilindrada de 4.0 litros y entregaba una potencia de 275 CV a 6.000 vueltas y 370 Nm de par disponibles desde las 2.750 rpm. Capaz de llegar a un máximo de 6.300 vueltas, el propulsor despuntaba por sus excelentes propiedades de potencia y par y una asombrosa estabilidad rotacional.
Montado en el Volkswagen Passat W8, los ingenieros alemanes lograron combinar el temperamento de un deportivo V8 de pura raza con el confort de una clásica berlina de representación con motor de ocho cilindros en V. El motor se combinaba con un cambio manual de seis relaciones o un automático Tiptronic opcional de cinco velocidades.
La versión manual anunciaba una aceleración de 0 a 100 km/h en 6,5 segundos, mientras que el automático tardaba un poco más, 7,8 segundos desde parado. En ambos casos, la velocidad máxima era de 250 km/h, limitada electrónicamente mediante el correspondiente control de la mariposa de alimentación.
Un motor y dos diferentes condiciones dinámicas

Para ser más exactos, habría que referirse a dos diferentes situaciones dinámicas. Por una parte, el motor W8, dotado con un sistema de distribución variable a base de cuatro árboles de levas, permitía una conducción muy relajada y dinámica, sin que se percibiera, prácticamente, ninguna rumorosidad.
Por otra parte, el conductor tenía a su disposición un gran potencial de deportividad. Incluso en estas condiciones de máxima carga del motor, el W8 se comportaba, en todos los aspectos, de forma muy contenida, también en cuanto a sonoridad mecánica.
Por encima de las 4.000 vueltas, en fases de máxima aceleración, un breve, bronco y discreto rugido señalizaba que debajo del capó del Passat W8 cobraba vida un confortable, pero a la vez, deportivo motor de ocho cilindros, con una cilindrada de 3.999 centímetros cúbicos.
Esta sorprendente característica de potencia-par y dinamismo de conducción también se debía al sofisticado colector de admisión de aluminio, elaborado mediante diseño asistido por ordenador (CAD) y provisto de conductos cónicos, así como al sistema de distribución mediante doble regulación del desplazamiento del calado de los árboles de levas.
Pese a la potencia que proporcionaba esta refinada mecánica, el consumo podía calificarse de muy contenido, teniendo en cuenta la categoría de esta nueva berlina con tracción a las cuatro ruedas.
Tanto la versión con cambio manual como el modelo con cambio automático de relaciones algo más largas lograban una media de 13,1 litros/100 km (13,2 litros en el Passat W8 Variant). El depósito tenía una capacidad de 80 litros, lo que daba una autonomía de unos 610 kilómetros con un lleno.


