Un viaje en el tiempo: al volante de cuatro clásicos coupés de Mercedes

Hemos tenido la oportunidad de conducir algunos de los coupés de Mercedes más icónicos. Comprobamos cómo se mantienen en 2023 y cómo han ido evolucionando con el tiempo.
El Mercedes CLE es el nuevo coupé de la marca alemana, pero antes de él se han lanzado muchos otros a las carreteras. Hace poco tuve la oportunidad de conducir algunos de ellos, en un viaje a través del tiempo en el que pude comprobar de primera mano cómo han cambiado los coupés de Mercedes con el paso de los años.
Cuatro coches me esperan en un parking de Innsbruck (Austria). Se trata de un 280 C (W 114), un 230 CE (C 123), un 230 CE (C 124) y un CLK 55 AMG (C 208). Ninguno llega a los 100.000 kilómetros recorridos y todos parecen sacados de un museo, pero no es así. Son propiedad de la firma de la estrella, pero estas unidades están pensadas para ser conducidas. Eso es lo que voy a hacer.
Mercedes-Benz 280 C (W 114): elegancia old-school

Por supuesto, no hay una mejor forma de comenzar esta experiencia que al volante del ejemplar más antiguo, una unidad de color azul del año 1972. Se trata de una variante de dos puertas del W 114 que lanzó Mercedes en los años 60, el cual contó con numerosas configuraciones de carrocería. Sin embargo, esta fue una de las más especiales, con una línea todavía muy atractiva.
Abro la puerta y me acomodo en el blando asiento del conductor, que no tiene reposacabezas -son los 70, al fin y al cabo-. Mientras tanto, el volante es enorme y tiene un aro fino, así como otro central para el claxon. Tras él se sitúa la instrumentación, con apenas dos relojes. En general, diría que es un interior minimalista, como se intenta lograr ahora. Eso sí, cómo ha cambiado la película…
Tras admirar la estética y calidad del lujo de la vieja escuela del Mercedes-Benz 280 C de 1972, arranco el motor de seis cilindros, que responde al instante con un sonido suave. Coloco la palanca del cambio automático en posición de la marcha e inicio mi corto recorrido, donde noto al instante que este coche no se parece a nada de lo que haya conducido antes.
A pesar del enorme volante, la dirección es increíblemente blanda, al igual que el acelerador y la suspensión. Esto último hace que en los baches rebote el coche más que uno moderno, pero es algo que esperaba. Lo que no preveía es que fuese a ser tan cómodo en carretera. No noto apenas las imperfecciones del asfalto y dudo que muchos coches de la época ofreciesen algo así.
Con todo, está claro que este no es un coche deportivo para los estándares actuales, pero sí uno para disfrutar del camino. El motor responde bien con sus 160 CV y tiene una respuesta bastante suave, así como un sonido que me deja con una sonrisa como amante de los clásicos. No solo es un coche realmente elegante lo mires por donde lo mires, sino que ir en él sigue siendo muy agradable.
Mercedes-Benz 230 CE (C 123): todo un icono

Aun así, hay más coches que conducir y toca saltar al Mercedes-Benz 230 CE de 1983. Unos 11 años separan al modelo que acabo de llevar y a este, que aparece pintado en un color verdoso. Teniendo en cuenta la cantidad de unidades que siguen circulando de esta generación en sus diferentes carrocerías, dudo que nadie dude de su calidad. Es un gran coche.
Como en el caso anterior, este modelo nació a partir de una berlina. Eso sí, estas variantes traían diferencias, como una batalla 85 mm más corta que en las versiones de cuatro puertas o un parabrisas y luneta trasera en un nuevo ángulo. Así, silueta no es tan diferente a la del modelo de 1972 que acabo de conducir, aunque el aspecto general es más moderno.
El paso de los años se nota aún más cuando accedo al interior, donde hay un ambiente más ochentero. Los colores son más oscuros y materiales como el plástico se hacen más presentes, pero sigue ofreciéndose una atmósfera de calidad general clara. También hay otras mejoras, como un volante no tan voluminoso y unos asientos que ya cuentan con reposacabezas.
En este caso, me encuentro en un coche manual, así que meto primera y empiezo a conducir. Como en el predecesor, percibo bastante suavidad general, pero elementos como la dirección no están tan asistidos. Además, la suspensión sigue siendo blanda, pero el balanceo de la carrocería es menor que en el anterior coupé de Mercedes.
Con un cambio de cuatro marchas y un motor de 136 CV, el 230 CE de 1983 se mueve bien, aunque lo pasa peor en las pendientes pronunciadas. Nada que no se pueda afrontar con el cambio manual, eso sí.
Con todo, se notan los avances generales que trajo este modelo, aunque hay otros que no se perciben a simple vista, como los de seguridad pasiva. Este coche ofrecía zonas de deformación mayores y una célula de protección de ocupantes más fuerte, lo que supuso un buen paso adelante. Eso sí, prefiero no comprobar nada de esto ahora mismo…
Mercedes-Benz 230 CE (C 124): la clase noventera

Así, me toca saltar a otro 230 CE, esta vez al C 124 de 1991. De entrada, admito que me encanta, ya que pienso que los diseños de la firma alemana en esta época fueron realmente elegantes. Esta unidad, con una especie de color morado oscuro que se combina con una zona inferior en gris, parece recién salida del concesionario. Es una maravilla.
Como en el anterior coche, las diferencias de esta variante y las berlinas estaban en zonas como la batalla, 85 mm más corta. Por supuesto, el diseño también jugaba su papel, con una silueta mucho más deportiva y que aquí no recuerda en nada al coche que acabo en conducir.
Una vez más, me acomodo en el interior, donde me encuentro con una atmósfera sobria, pero elegante. El habitáculo es de color negro, pero destacan acentos en madera. También capta mi atención la clásica instrumentación, muy cómoda de ver. Además, hay otra cosa que percibo: la palanca del cambio, que me indica que esta unidad cuenta con el paquete de equipamiento Sportline.
Para quien no lo sepa, esta opción se ofrecía en la época en varios modelos de Mercedes y realmente era un paquete que añadía varios elementos de aire deportivo. Por supuesto, había insignias especiales, pero también podías modificar aspectos como la suspensión o las tapicerías. Todo dependía de tus preferencias y presupuesto, pero era un buen toque que añadir.
Sin más dilación, meto la llave en el contacto y arranco el motor, que responde con un zumbido suave y casi imperceptible, como en 1991. También noto cómo el cinturón se acerca por el lado izquierdo, ya que el coche te lo acerca con un mecanismo electrónico, algo que se mantiene en modelos actuales. Esto ya es otra cosa, sin duda.
De nuevo, empiezo a conducir el 230 CE de 1991 con tranquilidad, pero me sorprende al instante. A pesar de ser un coche con 32 años a sus espaldas, se siente como un coche nuevo. Su motor de cuatro cilindros y 132 CV apenas suena y responde sin inmutarse, mientras que la suspensión filtra los baches sin problemas, aunque no es tan blanda. ¿Cosa del paquete Sportline? Puede ser.
A pesar de esto, lo cierto es que no es un coche incómodo, sino más comunicativo. Si te gusta conducir y sentir la carretera, probablemente esta sería tu elección. La suspensión no te desconecta del asfalto y la dirección te indica muchos datos, así como hace gala de una respuesta más inmediata. Con esto y con el suave cambio manual, este coche supera a muchos actuales.
Puede que ahora estés pensando ‘ya, pero en tecnología no tiene nada que hacer con uno moderno’. Claro, no tiene elementos como un sistema de infoentretenimiento con Apple CarPlay, pero tiene todo lo necesario en un coche y extras como el techo solar, que agradezco en un día tan bueno como el de hoy.
Mercedes-Benz CLK 55 AMG (C 208): estilo y potencia AMG

Así, me bajo con mis buenas sensaciones del C 124 y me dispongo a situarme tras el volante del coche más moderno y potente del grupo: un Mercedes-Benz CLK 55 AMG (C 208) de 2001. Es un coche peculiar, además, ya que viene de Japón y así lo demuestran algunas pegatinas y etiquetas del interior en este idioma. Eso sí, el volante está a la izquierda.
Desde la firma no me saben decir cuál es la historia de este coche, pero está claro que su anterior dueño lo cuidó bien. Está prácticamente como lo compraron, con unos 20.000 km, sin un rasguño y repleto de extras. Por ejemplo, tiene asientos calefactables, sensores de aparcamiento, un navegador y un cargador de CD’s en el maletero -sí, de cuando no se escuchaba la música por Spotify-.
Aun así, lo importante en este coche es su carácter deportivo. Por fuera ya se nota, con sus faldones y paragolpes, una suspensión más baja y unas llantas de 5 radios firmadas por AMG. Mientras tanto, el interior está tapizado en piel y al acceder a él veo una palanca del cambio automático, que gestiona el motor V8 de 347 CV que monta este ejemplar. Esto son palabras mayores.
En este caso, al arrancar escucho un rugido grave, pero no vulgar. Además, al empezar la marcha ya noto la fuerza del motor, si bien no deja de lado una suavidad que se agradece al conducir de forma relajada. En ciudad, esto es una maravilla, pero en carretera lo es aún más.
En una autopista cercana a Innsbruck, el CLK 55 AMG transmite un gran aplomo en todo momento y su suspensión, si bien es deportiva, no se siente incómoda ni de lejos. Además, el cambio automático se las arregla bien aquí y no duda sobre qué marcha meter continuamente, a pesar de tener más de dos décadas.
De la misma forma, en carreteras reviradas es donde se puede sacar más partido a las cualidades de este coupé. En conducción normal, las revoluciones se mantienen bajas, pero la relación de marchas varía en cuanto pisas el acelerador para darte la potencia que buscas y que no se queda corta. Aun así, puedo cambiar de forma manual si quiero, con una rapidez razonablemente buena.
Por otro lado, la dirección tiene una configuración que me encanta, ya que tiene el tacto justo entre una moderna y una antigua más comunicativa. Así, si a todo esto le sumamos una estabilidad realmente buena en curva y una entrega de potencia que no decepciona, este CLK 55 AMG sigue cumpliendo con lo que se espera de un deportivo 22 años después.
Así finaliza mi viaje a través de la historia de los coupés de Mercedes, con un cúmulo de experiencias que me ha dejado claro cómo han cambiado las cosas. Eso sí, ahora los coches han avanzado aún más y nos sorprenden cada día. Quién sabe qué sensaciones tendremos cuando comparemos a los actuales con los que vendrán en el futuro…
