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Los 3 mejores Lancia de la Historia

Empezando por el Delta de los 80, claro.

Imagen de perfil de Redacción Top Gear
Lancia Delta HF Integrale

Probablemente, creerás que es complicado sacar una lista con los tres mejores Lancia de la Historia. En tu cabecita de petrolhead, existe uno y basta: el que ves sobre estas líneas. Pero es hora de abrir tu mente y dejar que te enseñemos dos más, auténticas obras de arte de la casa italiana.

 

 

La fama de la marca quizá haga que muchos de vosotros tengáis reparos… y, a la vista de la gama actual, hasta podríamos daros la razón. Si el Lancia Delta Integrale de los años 80 levantara la cabeza y viera el de hoy en día… en fin, las comparaciones son odiosas, así que dediquémonos a desgranar las virtudes de los mejores Lancia de la Historia. Empezando por el que imaginas, claro.

 

Lancia Delta HF 4WD

La ‘Deltona’ está en los sueños de todo amante de los coches que se precie. Cierto, tenemos también el S4, el deseadísimo, como dijimos cuando te contamos la historia del Lancia Delta. Pero nos ‘tira’ más el primer HF 4WD, que llegó en 1986 y ya estaba profundamente ligado a la competición. Lo elegimos como uno de los tres mejores por motivos evidentes…

 

Lancia Autobianchi A112

 

Lancia Autobianchi A112

 

El simpático A112 pertenecía, técnicamente, al fabricante Autobianchi, pero se desarrolló con ayuda de Lancia y contaba con la mecánica de un Fiat 127. Sólo estaba disponible con una carrocería de tres puertas y con dos motores, de 42 y 48 CV. La versión más interesante fue la A112 Abarth, que llegó a los 70 CV en 1975. Para un peso de 700 kg, no está mal… También contaba con una caja de cambios manual de 5 marchas. Cuando terminó la producción del modelo, allá por 1985, dio paso a su sucesor, el Y10. Ejem.

 

Lancia Thesis

 

Lancia Thesis

 

Sí, sabemos que volamos al extremo opuesto, pero echa un vistazo a esta berlina de lujo gigante. Sentarte en su interior equivalía a estar en una limusina, ya fuera en las plazas delanteras o en las traseras: cuero finísimo, una factura de los materiales y acabados excelente… Y un motor silencioso, sereno, con el que era posible rodar muy deprisa sin enterarte. Estás ante la mejor definición de buque-insignia… y no porque se bamboleara en exceso, la verdad. Eso sí, tampoco estaba hecho para unas tandas en circuito, evidentemente; su cometido era otro: llevar a sus pasajeros en una nube. Y lo cumplía con creces.

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