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Comparativa BMW M3 vs Volvo S60 Polestar: ¿quién da más miedo?

¿Un Volvo deportivo?¿Un M3 civilizado? El fin se acerca... ponte tu sombrero de papel de aluminio 

Imagen de perfil de Alex Aguilar

Tras haber realizado tan sólo 178 llamadas al departamento de prensa de Volvo, por fin llegó el momento que todos estábamos esperando: ¡tendremos a nuestra disposición un S60 Polestar! Aprovechando que en ese momento nos encontrábamos llevando a cabo nuestra timba semanal de póker, comenzamos una tormenta de ideas con el objetivo de definir cómo podríamos enfocar este reportaje. ¿Y si nos vamos con él a la otra punta de España para comprobar qué tal se viaja a bordo? Nadie lo vio demasiado claro. ¿Por qué no nos vamos a un circuito a exprimirlo a tope hasta que él mismo termine vomitando? Muy típico. ¿Y por qué no lo comparáis con el M3, que para eso es la referencia entre las berlinas con carácter deportivo? Todos quedamos maravillados ante la idea, propuesta por un repartidor de una empresa de mensajería -no, no era el protagonista del vídeo de caranchoa— que diariamente nos hace llegar nuestra ración de bebida energética y ganchitos. El desayuno de los campeones.

Con una idea muy clara en mente, era el momento de ponerse a trabajar: sólo necesitábamos conseguir un BMW M3 de pruebas, lograr que las fechas en las que nos lo prestaran coincidieran con las del Volvo, y elegir un buen sitio para hacerles unas cuantas fotos… y unas cuantas curvas. Dicho y hecho: por fin llega la mañana elegida para la sesión -y cuando digo mañana lo digo de verdad, porque la cita era a las 6.15- y es hora de enfrentar cara a cara a estos dos monstruos del asfalto vestidos de coche elegante.

 

BMW M3: un bramido cabreado

Tras unas cuantas tomas en grupo, por fin tengo oportunidad de ponerme tras el volante de los coches por primera vez, y decido comenzar por darme un paseo a bordo del BMW para poder hacerme una idea de la vara de medir con la que debería examinar al S60. He de reconocer que el hecho de cambiar las nomenclaturas de la gama y dejar al M3 condenado a ser un cuatro puertas para siempre no me hizo demasiada gracia, pero no deja de ser una anécdota nimia que se te olvida cuando enciendes el motor y empiezas a escuchar el bramido cabreado que emiten sus cuatro salidas de escape. En cuanto me pongo en marcha noto cómo su cambio automático de doble embrague es algo brusco y me pide que empiece a pisar el pedal derecho sin miramientos, porque es la situación en la que más cómodo se encuentra. Pero quiero ir por partes y comienzo ajustando todos los parámetros posibles -suspensión, respuesta del motor y respuesta de la dirección- en el modo más suave para ver cómo se comporta este animal domesticado cuando se le necesita para viajar con calma. Y lo hace realmente bien. En su versión más civilizada el coche es tan discreto -una sensación ayudada por su excesivamente sobrio habitáculo- que por un momento puede llegar a engañarte: ¿estoy al volante de un M3 de verdad o llevo un 318i? Afortunadamente la respuesta es tan instantánea como la que ofrece su motor incluso en su modo más eficiente: dale un buen pisotón y empezarás a notar para qué sirven los 431 CV que puede ofrecerte su bloque de seis cilindros biturbo de tres litros.

 

 

En marcha es cómodo, tiene una carga tecnológica realmente completa y te permite llegar a cualquier parte sin castigar demasiado tu espalda, gracias a un tarado de suspensiones más que refinado a la hora de filtrar las irregularidades del firme por el que circules que, teniendo en cuenta el escaso perfil de sus neumáticos, resulta verdaderamente digno de admirar. Pero hoy no estamos aquí para torturar al M limitando nuestra prueba a un tramo de autopista, ¿no crees? En cuanto tengo oportunidad tomo un desvío y me dirijo a una de mis carreteras preferidas al norte de la Comunidad de Madrid. De esas tan al norte que si lanzas una piedra con la fuerza suficiente aterriza en territorio segoviano. Y empiezo a buscarle las cosquillas al coche: selecciono el perfil intermedio en todos los parámetros y avanzo. Muy rápido. Más de lo que podría imaginar dado el tamaño y peso del conjunto que, con 1.610 kg en la báscula -y algunos extra de mi cosecha-, se muestra increíblemente contenido y obediente a los cambios de dirección… y de velocidad. Algo a lo que ayudan enormemente su voluntarioso motor y un equipo de frenos carbocerámicos ofrecidos como opción por 8.983,28 euros. Que no es dinero tras comprobar cómo funcionan. Te lo digo de verdad.

El S60 te anima a ir rápido, el M3 a ir a la cárcel

Crecido y confiado por el maravilloso comportamiento del coche decido que ha llegado el momento de afrontar unos cuantos kilómetros en su configuración más salvaje para comprobar hasta qué punto se puede emplear para ir rápido mientras aún no has comenzado a escuchar los gritos suplicantes de tu familia para que bajes el ritmo. Pero no es el momento: nos encontramos en los primeros compases del invierno, esta noche ha helado y en esta zona de la montaña el sol hace menos acto de presencia que un miembro del Congreso de los Diputados en plenas vacaciones de Navidad, y por eso en cuanto decido darle algo de libertad a la zaga del coche activando el M Dynamic Mode puedo sentir en mis carnes cuán efímera es la existencia humana en comparación con este planeta extraño llamado Tierra. Y con los pretiles de hormigón que delimitan el final del asfalto y el comienzo de una accidentada ladera repleta de rocas.

 

BMW M3 vs Volvo S60 Polestar

 

Con el subidón de adrenalina propio de haber vuelto a sentir las sensaciones que sólo un M puede darte, decido que es momento de saltar -literalmente, mi compañero Javier Leceta aún no se explica cómo pude introducir mis casi dos metros de estatura en el habitáculo de ese modo- al interior del Volvo S60 Polestar para comprobar si los escandinavos han realizado un buen trabajo añadiendo un poco de picante a la receta de su berlina. Y la primera impresión es buena: por fuera, su color Rebel Blue, su doble salida de escape y su discreto pero contundente alerón dejan claras sus intenciones, ofreciendo una estampa deportiva que es respaldada con un interior bien diseñado y con algunos detalles que lo diferencian algo más de sus hermanos de gama de lo que lo hace el del BMW.

 

Volvo S60 Polestae: más artificial

Enciendo el motor y me gusta lo que escucho: está claro que un cuatro cilindros de dos litros apretado como si lo fueran a prohibir para entregar 367 CV no enamora tan rápido como el sonido del bloque de seis en línea del M, pero no está nada mal. Llega el momento de elegir el modo de conducción para empezar a desplazarme y… ¡¿qué?! No encuentro ningún botón para poder elegir los perfiles de la conducción, y la única tecla relacionada que veo está señalada con las letras ECO y parece afectar exclusivamente al sistema de climatización. Mucha fe es necesaria para lanzar al mercado un producto tan equilibrado que pueda satisfacer todas las facetas en las que debe desenvolverse un automóvil moderno. Veamos si Volvo ha dado con la receta mágica.

En cuanto comienzo a recorrer los primeros metros me doy cuenta de que, a pesar de que los asientos delanteros recogen bien el cuerpo y son realmente cómodos -todavía no he decidido cuáles me gustan más-, el apartado de la suspensión está pensado para darte más alegrías dentro de una pista o en una carretera de montaña, y en cuanto paso por un par de baches presentes en el asfalto noto cómo mis empastes quieren salirse del sitio. Desde luego, no es el mejor modo de empezar… pero vayamos donde nos interesa: la misma carretera de montaña donde el M3 me ha regalado una experiencia religiosa. Empiezan a pasar los kilómetros y debo reconocer que con el S60 Polestar han realizado un buen trabajo: el motor empuja con muchas ganas en cualquier régimen y su sistema de frenos es realmente bueno -aunque quede bastante por detrás del equipo cerámico del BMW-. Los cambios de dirección pueden llevarse a cabo con soltura y sólo en los apoyos largos a mucha velocidad se dejan sentir sus 1.751 kg, debidos en buena parte a un sistema de tracción integral que aporta un extra de confianza en aquellas zonas en las que con el M tenías que levantar el pie para no crear situaciones de peligro innecesarias. Para los demás. Porque para mí resultan tremendamente tronchantes.

 

BMW M3 vs Volvo S60 Polestar

 

Pero la concepción del coche como un vehículo más sobrio se deja notar y todo en el Polestar parece demasiado artificial. Es la misma sensación que tendría si apareciera un amiguete con un Honda Civic con el motor cambiado por uno más grande, potente y brutal: por muy bien que acelere, jamás será mejor que un Ferrari. Más fiable, sí. Pero nunca más deportivo. Y eso es exactamente lo que creo que le sucede al Volvo. Para realizar una valoración final decido volver a colocarlos frente a frente en el mismo lugar donde hemos comenzado esta brutal prueba con un total de 798 CV, y no puedo evitar -a pesar de las miradas de incredulidad lanzadas contra mi persona por parte del resto del equipo de Top Gear- sentirme más atraído por el modelo sueco. Quizá su color de carrocería -mucho más llamativo que el Tansanitblau de la paleta Individual del BMW- sea el verdadero culpable, pero lo cierto es que me llama mucho más la atención tanto por fuera como por dentro… hasta que llega el momento de ponerse en marcha. En ese terreno el modelo de referencia sigue siendo el modelo de referencia, aunque también hay que reconocer que se vale de una diferencia de potencia de 64 CV a su favor y de un equipo de frenos increíblemente potente. Pero su ventaja va más allá y el hecho de que en el Volvo no se pueda elegir entre distintos perfiles de conducción -algo que sí ofrecen otros modelos actuales de la misma marca- son la verdadera razón de por qué el M3 sigue siendo el rival a batir… y lo seguirá siendo durante muchos años. Porque el Polestar es un coche que te anima a ir rápido, mientras que el BMW es un coche que te anima a ir a la cárcel. Pero no creas que eso significa que el S60 sea una mala opción: tal como están configuradas las unidades que ves en estas páginas, la alternativa nórdica al BMW es hasta 40.000 euros -no se me ha colado un cero, te lo prometo- más económica (unos 30.000 si son las versiones base). Un buen ahorro con el que financiar unos 28.985 litros de gasolina de 98 octanos con los que pasar unos ratos muy divertidos. Porque no tendrás pensado repostar 95 en coches así, ¿verdad?

 

Datos técnicos

BMW M3

Precio: 92.226 euros (base).

Motor: seis cilindros en línea biturbo de 2.979 cc, 431 CV y 550 Nm.

Transmisión: automática de dobre embrague, propulsión.

Prestaciones: 0–100 km/h en 4,1 s, 250 km/h.

Consumo: 8,8 l/100 km, 204 g/km CO2.

Peso: 1.610 kg.

 

Volvo S60 Polestar

Precio: 63.930 euros (base).

Motor: cuatro cilindros turbo de 1.969 cc, 367 CV y 470 Nm.

Transmisión: automática de ocho relaciones, tracción total.

Prestaciones: 0–100 km/h en 4,7 s, 250 km/h.

Consumo: 7,8 l/100 km, 179 g/km CO2.

Peso: 1.751 kg

 

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