Prueba: Opel Adam Rocks S

Pequeño, pero… pintón.

7 10

Nuestro veredicto

El Opel Adam Rocks S prueba su carácter dinámico bajo nuestras manos en este test. Pero también saca a relucir su personalidad múltiple, ya que muy pocas veces habrás visto tal combinación de segmentos en un mismo coche… con lo que eso tiene de ventajoso (es como una navaja suiza, multiusos) y de insólito, ya que no sabes qué predomina. Sin embargo, por extraño que parezca, la mezcla funciona.

Muy bien, pero entonces, ¿qué es esto?

Recuerdas el Adam, ¿verdad? Un coche urbano que, para destacarse de sus rivales (Fiat 500, Mini…), jugaba a la personalización (ah, espera, como sus contrincantes). Después, llegó la versión Rocks, que añadía cierto aire crossover al modelo. Y, sobre eso, se suma el motor turbo 1.4 de 150 CV del acabado S. Júntalo todo y aquí está: el Opel Adam Rocks S que probamos hoy. Ah, se me olvidaba añadir que tiene un techo de lona retráctil para convertirlo en una especie de descapotable. Sí.

Repito la pregunta anterior. ¿Dónde se encaja?

Pues… en casi todos estos terrenos y en ninguno, la verdad. Lo que ocurre con un vehículo que quiere abarcar tantas posibilidades es que corres el riesgo de que te hagas un poco de lío. Al final, dominará la faceta en la que más lo utilices… y pronto apostarás por la urbana. Hasta que te des cuenta de lo divertido que puede llegar a ser en carretera. Pero hay que ir con cuidado.

¿Por qué?

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Vamos primero a descartar su vertiente crossover, ¿de acuerdo? Más allá de los plásticos que pueda llevar su carrocería y de lo deprisa que su motor lo haga ir en las pistas, ten en cuenta que la batalla del Opel Adam es muy corta (2,31 m) y que sus suspensiones te van a machacar el cuerpo, así que no es muy adecuado para lanzarte a excursiones con él. Olvídate de subir montañas.

Pero… precisamente estas características son las que lo convierten en un compañero muy divertido. Es el tipo animado que siempre está de fiesta, aunque su hiperactividad te agotará. La amortiguación calca cada bache, cada junta del asfalto, y la traslada al habitáculo sin compasión. Une a eso su potencia y su escasa distancia entre ejes… y tienes como resultado un chiquitín muy nervioso, que exige tratarlo con mano izquierda, ya que puede revelarse en cualquier glorieta.

Ups.

Espera y permite que siga, porque hay detalles que matizan este comportamiento. Por ejemplo, no vas a sentir una patada catapultándote hacia delante; el turbo es un poco perezoso. Y eso trae cosas buenas: evitará que te metas en líos en carretera sin dejar de ser el más ágil del barrio. El Adam Rocks S te va a poner en forma, te llevará a un ritmo muy vivo por las calles y cambiará de dirección antes de que lo hayas pensado. Pero tendrás que sujetar sus riendas, porque en este terreno, que es el suyo, se viene arriba enseguida.

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¿Es indomable?

No diría eso: si no te dejas arrastrar por su frenesí, no lamentarás que su alegría se convierta en una carcajada algo histérica. Para evitarlo, sácalo a pasear a una vía amplia. El aire fresco lo convertirá en un coche mucho más centrado.

Ya veo. Es como darle un tranquilizante…

No, ya que no anulas el espíritu de este Opel Adam. En las autopistas, el propulsor puede subir de vueltas a un ritmo más progresivo y, en la zona alta, es donde muestra su mejor cara: rápido, eficaz, con fuerza. Para mantenerlo ahí, utiliza el cambio, bien afinado y de tacto correcto. Suspensiones y dirección ya no tienen que lidiar con baches y giros cerrados de forma continua: están más cómodos y tú, también. Por no hablar de tu acompañante (suponemos que no se te ha ocurrido meter a nadie en alguna de sus dos plazas traseras, más aptas para niños que para adultos. Si es así, esperamos por su bien que el viaje no sea muy largo).

Su buena actuación aquí provocará que te confíes y querrás llevarlo a sitios más retorcidos (algunas de las 6 mejores carreteras de Europa estaría muy bien). Mantente alerta, ya que es pasmosamente sencillo hacerlo sobrevirar… y el Adam Rocks S no avisa. Pero, si no se te va de las manos, te divertirás de forma terrible; sentirás que estás al volante de un auténtico deportivo en miniatura.

Bueno, es lo que da a entender por su aspecto. Por fin cuadra algo…

Exacto: todo en él habla de dinamismo, de exaltar las sensaciones, de acelerarte el pulso. Especialmente, en el interior: cuero, pedalier de aluminio, asientos Recaro ¡de serie! (y comodísimos, por cierto), pinzas de freno en rojo, el mismo color que ves combinado con negro en el habitáculo… Muy racing.

Como te decía, no hay mucho espacio para los pasajeros en las plazas traseras y tampoco para el equipaje en el maletero, de 170 litros. El Opel Adam Rocks S es un poco egoísta y te quiere para él solo, por lo que te colmará de atenciones: mandos sencillos y de manejo intuitivo, acabados correctos, calefacción en los bacquets y en el volante (señores responsables de la industria automovilística: hagan esto obligatorio. También salva vidas) y, eh… una dirección con asistencia especial para la ciudad. Y un modo eco. ¿Te parece incongruente con su carácter indómito? A nosotros también, pero no está de más que piense en tu confort y en tu bolsillo, ¿verdad?

Nos encogemos de hombros y disfrutamos de ello, así como del techo de lona retráctil; está ahí y es bueno saberlo. Y todo, por menos de 19.000 euros. Sí, es caro; a ese precio tienes un Abarth 595, otro de sus rivales de peso, aunque éste no viene tan equipado. O un Mini básico por poco más, aunque éste no te pone a prueba. El Opel Adam Rocks S, sí. Continuamente. ¿Listo para el examen?

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