En 2002, la berlina más rápida de su tiempo era el el Kleeman E55 AMG con su V8 Kompressor ultravitaminado

El Kleemann E55 AMG es una muestra de cómo se puede preparar un coche a lo bestia pero que, a simple vista, no parezca nada del otro mundo: nadie diría que su V8 Kompressor podía llegar a los 650 CV...
Es posible que el Kleemann E55 AMG no te suene, especialmente si eres joven. Es lógico, es uno de esos coches de otra época, un representante de un tiempo en el que las cosas eran más sencillas, en el que las berlinas tenían el protagonismo que se merecían y en el que era más fácil que ahora ver proyectos que se salían de la norma.
Es un modelo que se ganó un hueco especial en el corazón del aficionado al mundo del motor porque era la perfecta definición de lobo con piel de cordero o, por usar una terminología más específica, de “sleeper”. Lo mirabas y sabías que normal, lo que se dice normal, no era, pero no te podías hacer una idea de la verdadera bestia que era hasta que no lo veías en acción.
Para entenderlo, hay que situarse a principios de los 2000, una época en la que los sedanes deportivos estaban viviendo una auténtica revolución. Mercedes-AMG ya tenía entre manos el E55 AMG con motor V8 Kompressor, un modelo que, de serie, ya llegaba con fuerza suficiente como para rivalizar con superdeportivos.
Sin embargo, siempre hay alguien para quien incluso más nunca es suficiente, en esta ocasión la firma danesa Kleemann, especialista en preparaciones de alto rendimiento, quien consideró que todavía había margen para hacerlo más extremo, pero sin perder por el camino la esencia de berlina ejecutiva de la que hacía gala.
Fue una sus señas de identidad. A diferencia de otros preparadores más extravagantes, Kleemann siempre se movió en un punto intermedio muy interesante: mejoras profundas en el motor y el rendimiento, pero sin modificar demasiado el aspecto exterior. La fórmula es sencilla, pero eficaz, y sirve para: a) no dar el cante demasiado, y b) que el modelo aguante de manera mucho más digna el paso del tiempo.
A simple vista podía pasar por un Clase E potente, pero no desvelaba todas sus cartas. Eso, precisamente, es lo que hizo que se ganara a muchos entusiastas.
Visualmente mantiene un aspecto sobrio. Conserva la mayoría de la carrocería intacta, con solo algunos cambios en los paragolpes, pero tan ligeros que no “cantan” a la vista”, y en algunos ejemplares con unas llantas que son algo más llamativas pero que, comparado con lo que se estilaba por aquella época, era bastante discreto. Eso es lo que hacía que al arrancar la sorpresa fuera aún mayor.
El corazón del coche es el archiconocido V8 M113K de 5,4 litros con compresor volumétrico. En el E55 AMG de fábrica ya rendía 476 CV, aunque en la práctica muchos superaban los 500. Kleemann daba un paso más allá con su famosa preparación “Kleemann Kompressor System”, que incluía un compresor más grande, una reprogramación profunda y modificaciones en la admisión y el sistema de escape.

Dependiendo del nivel de preparación elegido, ya que se ofrecían varios, las cifras podían variar enormemente: había versiones más “tranquilas” que rondaban los 550-570 CV y otras que superaban fácilmente los 600 CV o incluso los 650. Con esos números, la berlina alemana pasaba a jugar en una liga completamente distinta.
Y los cambios no afectaban solo al motor. La caja de cambios se reemplazaba por la de un C209 CLK55 AMG, algo que ayudaba a mover esta mole (para aquella época) de 1,8 toneladas de 0 a 100 km/h en menos de 4 segundos.
La lista de modificaciones seguía con un sistema de frenos con discos de mayor tamaño y pinzas con más mordida, suspensiones deportivas ajustadas para mantener el coche estable a altas velocidades, mejoras aerodinámicas… Esto potenciaba el desempeño del Kleemann E55 AMG para que incluso pudiese aguantar el tipo en circuito, pero no comprometía su usabilidad en el día a día, porque seguía siendo un coche muy cómodo.
Hoy se ha convertido en un modelo muy buscado entre aficionados. No fabricaron muchos y los que aparecen suelen estar en manos de propietarios que conocen perfectamente qué tienen entre manos, así que su precio, en las contadas ocasiones en las que hay uno a la venta, suele ser bastante alto. Valga como ejemplo éste que 2022 se vendió por 25.000 dólares.
Esto, en parte, es por cómo ha envejecido el Kleemann E55 AMG. Actualmente muchos coches deportivos modernos apuestan por turbos pequeños, motores más contenidos y mucha electrónica, un enfoque diametralmente opuesto al suyo. La berlina tiene un toque analógico muy apreciado por muchos, además de que monta el M113K, un motor que es famoso por su fiabilidad y por aguantar potenciaciones enormes sin sufrir, siempre que se mantenga adecuadamente.

