El Chevrolet Camaro Z/28 es el muscle car con el modo de conducción más loco: el "flying car"

Se lanzó al mercado en 2014 para arrasar en circuito y se puso a punto en Nürburgring, así que se optó por una solución bastante innovadora.
En pleno 2026, dentro del sector del motor la tecnología ha avanzado tanto que seguramente tengas la sensación de que ya has visto prácticamente todo. Por eso, si alguien te dice que existe un coche con “modo avión”, lo normal sería que pensaras que se trata de una broma o de algo sacado de una película de ciencia ficción. Nada más lejos de la realidad, es algo que existió de verdad y con lo que contó un vehículo que vio la luz hace más de una década, el Chevrolet Camaro Z/28.
El “flying car mode” existe, aunque al contrario de lo que puede sugerir la imaginación si se la deja volar (valga la redundancia), no tiene alas ni turbinas. Fue un avance técnico diseñado pensando en qué hacer cuando un coche literalmente despega del suelo, algo que no te pasará cuando vas a comprar el pan, pero que sí es más probable cuando se trata de un vehículo pensado para “ir a fuego” en un circuito.
Vayamos por partes. Empecemos por el propio coche. El Camaro Z/28 no es un Camaro cualquiera: es una versión radical enfocada a un uso en pista, equipada con un motor V8 atmosférico de 7,0 litros y capaz de desarrollar más de 500 CV de potencia.
¿Se podía conducir en carretera? Sí. ¿Tenía una puesta a punto extrema a la que solo se le podía exprimir su jugo de manera legal en circuito? También. Y, si quieres hacer eso, te vas a un lugar como Nürburgring para ponerlo a punto.
Lo que pasa es que el Infierno Verde es un trazado peculiar que cuenta con bastantes puntos en los que, al ir tan rápido y encontrarse con un cambio de rasante, el coche puede perder contacto con el suelo durante unas décimas de segundo para, literalmente, volar.
Aquí es donde entra el problema porque, aunque quede genial en fotos y vídeos, estar suspendido en el aire es contraproducente, porque resta velocidad y eficiencia.
En condiciones normales, cuando las ruedas pierden contacto con el asfalto, el sistema de control de tracción interpreta que hay pérdida de agarre (como si estuvieras derrapando) y reduce automáticamente la potencia del motor para recuperar estabilidad. ¿El resultado? Cuando el coche vuelve a tocar el suelo… lo hace con menos potencia y pierde tiempo. Esto es de ayuda en tu día a día, pero para un coche pensado para marcar tiempos en circuito, eso es inaceptable.
En esa tesitura, los ingenieros de General Motors decidieron darle vueltas al asunto. Para solucionarlo crearon una función dentro del sistema Performance Traction Management (PTM) que detecta cuándo el coche está en el aire… y decide ignorar el problema en vez de hacerle caso.
¿Cómo lo hace? Gracias a sensores de altura de la suspensión. Estos sensores identifican cuándo las ruedas dejan de ejercer presión sobre el asfalto, es decir, cuándo el coche está en pleno salto, y evitan que el sistema corte potencia. El resultado simple: el motor sigue entregando toda su potencia incluso cuando el coche no está tocando el suelo.
Esto significa que cuando el Camaro Z/28 aterriza, lo hace con toda la potencia disponible, lista para seguir empujando y sin perder el tiempo. Nada de interrupciones, nada de pérdidas de inercia, solo velocidad. Y eso, en un circuito como Nürburgring, marca la diferencia: los ingenieros proclamaron que, gracias a esta función, consiguieron recortar hasta 5 segundos por vuelta y conseguir un crono de 7:37 en el trazado.
Bill Wise, ingeniero de rendimiento del Camaro Z/28, declaraba en unas palabras que recoge McGrath: “Desde el hardware atornillado al chasis hasta el software, como la lógica del "coche volador", cada elemento integrado fue diseñado para ayudar a lograr tiempos de vuelta más rápidos, con consistencia, control y fiabilidad”.
Chevrolet permitía activar el modo ‘Flying Car’ en los cinco modos incluidos dentro del sistema Performance Track Management, pero era en el quinto, especialmente diseñado para buscar los mejores tiempos por vuelta, en el que se le podía sacar más partido.
Este peculiar sistema ayudaba a un muscle car que, por lo demás, iba “cargado” para acometer con éxito su función.
Calzaba neumáticos de 305/30 ZR19 en las cuatro ruedas y montaba un sistema de frenos firmado por Brembo y que eran carbocerámicos.
Estos últimos permitían aligerar 9,6 kg de peso, pero solo eran uno de muchos elementos con esta filosofía: se eliminaba el aire acondicionado (-12,9 kg), los asientos traseros eran más ligeros (-4,7 kg), se quitaba el kit reparapinchazos (-2,7 kg), se perdía parte del material fonoabsorbente (-4,6 kg), las llantas también eran más livianas (-8,7 kg), etc.


