Este fue el primer Ferrari de calle en utilizar turbo

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Este deportivo se presentó en el Salón del Automóvil de Turín de 1982, tenía un motor V8 de 2.0 litros de 220 CV y presumía de una velocidad máxima de 242 km/h.

Cuentan los que la vivieron que la década de los 80 estuvo sobrecargada en todos los sentidos. Y el automotriz no podía ser menos. Muchas marcas querían tener su gran superdeportivo como el Porsche 959, el Lamborghini Countach LP500S y un trio de Ferraris como el Testarossa, el F40 y el 208 GTB Turbo. Nos vamos a detener en este último porque tiene mucha información que detallar.

Innovador y descarado. Así se podría describir a este vehículo que combinó la salvajada de la F1 de entonces con un recurso ingenioso para evitar las leyes fiscales de Italia, que eran muy severas. Fue presentado en el Salón del Automóvil de Turín de 1982. 

Pininfarina fue el encargado de darle un estilo singular basado en el 308 en el que tenía un frontal con faros escamoteables y echó mano de una excelente aerodinámica para adaptarse a su motor.

Incorporó un chasis tubular con la referencia F106 DB100, discos de freno en las cuatro ruedas, así como suspensiones independientes de triángulos oscilantes, con muelles helicoidales, amortiguadores hidráulicos y barras estabilizadoras en ambos ejes. Todos los modelos se numeraron en una secuencia de cifras impares y sólo se fabricaron con volante a la izquierda.

Instaló, igualmente, tomas de aire en forma de flecha, de tipo NACA en la parte inferior de los laterales, el alerón negro detrás del techo y las rejillas del capó delantero pintadas de negro. En su retaguardia tenía el anagrama 208 TURBO junto al icónico cavallino Rampante, que completaban un superdeportivo espectacular. 

Calzaba unos neumáticos Pirelli P7 de medidas 205/55 VR16 delante y 225/50 VR16 detrás ya eran un calzado más decente. Sus dimensiones eran de 4.23 metros de largo, 1.72 metros de ancho y 1.12 metros de alto. Su batalla era de 2,34 metros y sus vías delantera y trasera eran idénticas, con 1.460 mm. Su peso en seco era de 1.232 kg.

Según informa la web de Ferrari, este 208 GTB Turbo estuvo en producción desde 1982 hasta 1985. Durante esos tres años se fabricaron 437 ejemplares en el que los números de chasis se movieron desde el 41.357 y el 59.277.

Pero la brillantez estaba en la posición trasera transversal del coche, puesto que allí tenía un propulsor poco o nada habitual para lo que se esperaba de un Cavallino de aquellos tiempos, ya que fue el primer Ferrari en utilizar un turbo. En concreto, un V8 de 2.0 litros turboalimentado que ofrecía 220 CV a 7.000 rpm con 240 Nm de par motor. 

Todo este conjunto iba asociado a una caja de cambios manual de cinco relaciones, todas ellas sincronizadas. La transmisión se instaló en la parte inferior, por detrás del cárter.

Aceleraba de 0 a 96 km/h en 6,6 segundos y su velocidad máxima era de 242 km/h. Con todo, se puede decir sin riesgo a equivocarnos que se convirtió en el germen de lo que vino después con los modelos con inducción forzada de la marca italiana.

Además, se gestó para eludir el sistema fiscal italiano, que penalizaba severamente a los automóviles con motores de más de 2,0 litros (más del doble del IVA). Por eso, desde Maranello se las ingeniaron para desarrollar el citado V8, que bajó de esos centímetros cúbicos y le pusieron 1.991 cc equipado con un turbocompresor KKK K26.

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