El motor M113 de Mercedes fue el encargado de convertir a los Black Series en leyenda

En 2007, Mercedes lanzó al mercado un deportivo muy especial, derivado de un roadster: el Mercedes SLK 55 AMG Black Series con el espectacular V8 M113 de 400 CV.
Mientras los Mercedes-AMG Black Series vuelven a la carga con un nuevo integrante que se sumará próximamente, basado en el GT, queremos volver la vista atrás en el tiempo para recordar el Mercedes SLK 55 AMG Black Series convertido en leyenda gracias a su motor M113.
Lanzado en 2007, se trataba de una variante del Mercedes SLK 55 AMG aún más centrada en el conductor, que utiliza tecnología inspirada en el automovilismo para ofrecer un rendimiento deslumbrante y una dinámica de conducción mejorada.
Más allá del apartado mecánico y del chasis, que entraremos más adelante, la naturaleza exclusiva del Mercedes-Benz SLK 55 AMG Black Series quedaba de manifiesto a través de unas aletas delanteras aún más musculosas, hechas de plástico reforzado con fibra de carbono (PRFC) ultraligero y un faldón delantero AMG rediseñado con incrustaciones de fibra de carbono.
Uso grandes tomas de aire y salidas de aire laterales garantizan un flujo de aire suficiente al radiador de aceite del motor ampliado y a los nuevos enfriadores de aceite de transmisión y dirección.
Mercedes SLK 55 AMG Black Series, de roadster a deportivo radical

El Mercedes SLK era un roadster famoso por su techo rígido retráctil, una tendencia que puso de moda a mediados de los 90 y luego imitaron otras marcas en los 2000. Sin embargo, esta versión Black Series del SLK 55 AMG renunciaba a ese techo vario con su mecanismo de cierre hidráulico.
En su lugar, apostaba por un techo rígido fijo con una sección central en fibra de carbono CRP negro. Esto no sólo hacía que el centro de gravedad del coche fuera más bajo, sino que también reducía en 45 kg el de peso con respecto al SLK 55 AMG normal, dejándolo en unos 1.495 kg, lo que se traducía en una relación potencia-peso de 268 CV por tonelada.
Esa reducción del peso también fue posible gracias a un interior específico, revestido con materiales más ligeros. Equipaba dos asientos deportivos tipo baquet AMG especialmente desarrollados sin airbags laterales, con un excelente apoyo lateral y tapizados en un terciopelo negro perla con logotipos AMG plateados.
Asimismo, tenía un volante revestido de cuero y Alcantara derivado del utilizado en el Coche de Seguridad Oficial del Campeonato Mundial de Fórmula 1 de la FIA, y paneles centrales de puerta interiores de fibra de carbono AMG ligeros.
El motor V8 M113 tuvo gran parte de culpa
Ahora sí es el momento de entrar de lleno en el apartado más técnico del Mercedes SLK 55 AMG Black Series. Empezando por su motor, un V8 de 5.5 litros con código M113 que utilizó Mercedes en muchos AMG de la época.
Este motor recibió una serie de mejoras importantes, que incluían una toma de aire modificada, un filtro de aire deportivo AMG y un sistema de escape de nuevo desarrollo. El resultado era una potencia aumentada desde los 360 CV del SL 55 AMG normal hasta los 400 CV del Black Series y 520 Nm de par desde las 3.750 vueltas.
La potencia se enviaba a las ruedas traseras a través de una transmisión AMG Speedshift 7G-TRONIC con programa de conducción manual y levas de cambio de aluminio montadas en el volante.
Con esta configuración, el SLK 55 AMG Black Series podía acelerar de 0 a 100 km/h en 4,5 segundos (frente a los 4,9 segundos del 55 AMG), de 0 a 200 km/h en 15,5 segundos y alcanzaba una velocidad máxima de 278 km/h.
Chasis mejorado

Naturalmente, Mercedes tuvo que modificar el chasis para adaptarlo a la mayor capacidad de rendimiento de esta serie especial del SLK 55 AMG. Contaba con una suspensión de torsión AMG, optimizada para circuitos, con altura ajustable y amortiguadores regulables, que permitía una capacidad de giro aún más impresionante.
En lugar de las llantas estándar de 18 pulgadas, el Black Series optaba por unas de aleación forjadas AMG ultraligeras de 19 pulgadas, envueltas en neumáticos Pirelli P Zero Nero 235/35 ZR 19 delante y 265/30 ZR 19 detrás.
Asimismo, un refuerzo en el vano motor proporcionaba una mayor rigidez de la carrocería y, para aquellos que buscaban un manejo aún más deportivo, Mercedes ofrecía un diferencial de deslizamiento limitado, a cambio de pagar 3.475 euros.
También mejoró el equipo de frenado para minimizar las distancias de frenado, optimizar la sensibilidad y garantizar una alta resistencia a la fatiga. Para ello, utilizaba discos de freno de 360 mm de diámetro en el eje delantero y discos ventilados internamente y perforados de 330 mm en el trasero.
Opcionalmente, el Mercedes SLK 55 AMG Black Series se podía equipar con una serie de paquetes de personalización para aumentar el nivel de exclusividad aún más: un paquete AMG de cuero con asientos de cuero, salpicadero, consola central, reposabrazos central, paneles de puertas y bolsas de puertas, y barras antivuelco por 6.310 euros.
Un paquete interior de fibra de carbono AMG con cubiertas de fibra de carbono para el cuadro de instrumentos, cubiertas de botones multifunción del volante, palanca de cambios y paneles de umbral de puerta, por 2.630 euros.
Por último, un paquete AMG Exterior de Fibra de Carbono, con inserciones de fibra de carbono en la parrilla delantera, cubiertas de espejos exteriores y molduras del alerón trasero, por 4.325 euros.
El Mercedes-Benz SLK 55 AMG Black Series con su motor M113 tenía un precio de partida de 92.500 euros, sin incluir opciones, y sólo se podía pedir bajo encargo especial en los concesionarios.



