El MR2 podría haber saltado a otra dimensión si su casi gemelo el Toyota 222D hubiera podido competir

El Toyota 222D fue la versión de rally del MR2 que pudo brillar en los 80, pero que no tuvo oportunidad de competir. Hoy es uno de los coches más raros de la marca.
El Toyota MR2 pasó a la historia como un simpático deportivo japonés de motor central que todavía muchos recuerdan, pero pudo ir más allá. Estuvo cerca de brillar en los rallies e incluso contó con una versión pensada para dominar los trazados del fallido Grupo S, pero no tuvo la oportunidad de competir. Hablamos, cómo no, del Toyota 222D.
Cualquier aficionado a los rallies que se precie sabe lo que es el Grupo B de rallies, la categoría extrema que contó con modelos como el Audi Quattro, el Metro 6R4, el Lancia 037 y el Ford RS200 volando por trazados de medio mundo al límite de las máquinas y los pilotos. Fue una clase tan emocionante como peligrosa y en los años 80 iba a contar con una sucesora en la que querían estar marcas como Toyota.
La FISA (Fédération Internationale du Sport Automobile), empezó a trabajar en la clase sucesora del Grupo B, con el objetivo de tener todo listo para finales de la década de 1980. Se llamaría Grupo S y era una especie de evolución del Grupo B con más seguridad, con coches que debían tener chasis tubular, tracción a las cuatro ruedas, carrocería de fibra de carbono y un motor central turbo. Iban a ser menos potentes, además, con un límite de 300 CV en lugar de los 500 CV del Grupo B, aunque las marcas fueron más allá de esas cifras.

Varios fabricantes se apresuraron a preparar prototipos para competir en esta categoría y una de ellas fue Toyota, que tomó como base su MR2 original para ello. Al fin y al cabo, ya contaba con motor central, así que era la elección más racional sobre la que idear el que sería denominado Toyota 222D.
El desarrollo se llevó a cabo en torno al año 1985 en la división de Toyota Motorsport de Alemania. Parecía un MR2 de la época, pero carecía de faros escamoteables y contaba con un aspecto más agresivo, con tomas de aire adicionales y cambios en elementos como los paragolpes. Además, variaban elementos como la suspensión, independiente en el eje trasero y de doble brazo en el delantero.
Pesaba apenas 750 kg y para mover ese peso se pensó en utilizar un cuatro cilindros de 1,6 litros, pero finalmente el motor del Toyota 222D fue un cuatro cilindros de 2,1 litros pensado para el Celica GT-Four ST165 que entregaba una potencia de unos 650 CV, con unos 640 Nm de par.

Se dice que el turbo tardaba unos tres segundos en responder al acelerar y se podía variar la presión del turbo desde el habitáculo. Además, la potencia se gestionaba a través de un cambio manual de cinco velocidades y se enviaba a ambos ejes, aunque también era posible enviar tracción solo a dos ruedas en el prototipo.
En líneas generales, este MR2 de rallies era un coche que prometía grandes cosas y en el que se trabajó duramente en un proceso de desarrollo que se llevó a cabo en Alemania y en Japón. Sin embargo, todo quedó parado cuando se optó por cancelar el Grupo S tras la inseguridad del Grupo B, que quedó patente con accidentes como el de Henri Toivonen y Sergio Cresto, que perdieron la vida en el Rally de Córcega de 1986.
Tras decidir la FISA que esa temporada sería la última del Grupo B y que el Grupo S no se configuraría, para optar finalmente por el Grupo A, los prototipos que estaban preparando los fabricantes que deseaban competir en esta clase de vehículos se quedaron a medio desarrollo y no tuvieron oportunidad de competir. El 222D fue uno de ellos, aunque Toyota sí siguió adelante en los rallies con modelos como el Celica.
Con este modelo y con el Supra, la firma japonesa compitió en las temporadas 1986 y 1987, así como logró buenos resultados en el WRC en años posteriores. Mientras tanto, su proyecto basado en el MR2 quedó guardado en un cajón, y aunque el coche no se destruyó, no se llegó a hacer nada más con él.
En total solo existen dos Toyota 222D, con una unidad de color blanco que permanece en el Toyota Mega Web de Tokio (Japón) y otra de color negro que se encuentra en Europa, en la sede de Toyota Motorsport GmbH en Colonia (Alemania). Así quedan estos ejemplares como una muestra de lo que pudo ser y no fue, con un coche de rally basado en el deportivo de motor central de la compañía hecho a medida de una categoría que murió antes de poder nacer.

Sergio Ríos
Redactor
Sergio Ríos es Redactor de Auto Bild y Top Gear. Prueba todo tipo de coches, escribe artículos y graba contenido para redes sociales. Por un friki del motor, para los frikis del motor