Nadie le hizo caso en su día, pero el Rover 200 BRM es un compacto deportivo con aires de unicornio que podría ser tuyo por un par de miles... si lo encuentras

El Rover 200 BRM es un compacto deportivo olvidado, una rareza de los 90 equipada con un motor de cuatro cilindros con 145 CV.
Ya se sabe que “a toro pasado” es fácil analizar las cosas, pero es que el mundo del motor es un ejemplo perfecto de coches a los que nadie le hizo caso en su día… y que con el paso del tiempo se han convertido en auténticos unicornios a los que a más de uno les gustaría echarles el guante. El Rover 200 BRM es un ejemplo perfecto de ello, un modelo que pasó tan desapercibido en su día que, probablemente, ni siquiera sabías que existe.
Esta edición limitada británica es una de esas joyas escondidas que solo unos pocos entusiastas recuerdan con cariño, que pasó desapercibida en los años 90 y de la que se vendieron poquísimos ejemplares, así que mucha suerte si quieres hacerte con uno, porque te va a costar encontrarlo.
El Rover 200 era un coche compacto de los años 90 diseñado para competir contra modelos como el Ford Fiesta o el Opel Corsa, que obviamente eran mucho más populares que él, pero que en sus entrañas contaba con argumentos como para plantar cara a los hermanos mayores de estos, el Escort y el Astra.
Fue la tercera generación del modelo la que recibió esta peculiar serie especial, que nació básicamente para intentar darle algo de chispa a un coche que, pese a que generó un interés inicial razonable, no tardó en perder relevancia.
Pasa solventar la situación Rover lo presentó primero como prototipo en el Salón del Automóvil de Frankfurt de 1997, con el nombre de Rover 200 BRM (siglas de British Racing Motors). Originalmente iba a ser una edición especial con tintes deportivos y con la ambición de relanzar una submarca más picante junto con otros proyectos como el MG.
Sin embargo, la realidad fue bastante más gris: con Rover bajo el control de BMW, esos planes se desvanecieron, y el BRM terminó comercializándose simplemente como una versión más del Rover 200, aunque con muchos detalles exclusivos. Podría calificarse como un ‘all show, no go’ o, haciéndolo más nuestro, un poco “quiero y no puedo”.

Solo se fabricaron 795 unidades para el mercado del Reino Unido y 350 más para exportación, lo que le convierte en una rareza en cualquier mercado europeo hoy en día y también explica por qué pocos han oído hablar de él: porque prácticamente nadie ha visto uno en su vida. Es precisamente esa rareza la que ha hecho que se revalorice, pudiendo rondar los 8.000 euros si está bien conservado, bastante más que un Rover 200 normal, mucho más abundante y, por tanto, barato.
Visualmente era donde más destacaba el BRM. Su carrocería en Verde Brooklands contrastaba con una llamativa entrada de aire frontal naranja, un detalle estético inspirado en los coches de carreras BRM de la década de 1960. Las llantas de 16 pulgadas, las carcasas cromadas de los retrovisores y los emblemas específicos completaban un look que ganaba enteros respecto al modelo estándar.
El interior era todavía más llamativo: el cuero rojo con patrón de rombos cubría asientos, paneles de puertas y consola central; había detalles en aluminio y cromados, el volante estaba forrado en cuero de dos colores… y algo que en 202 nos estallaría a cabeza es que, como opción, se podía reemplazar por uno retro, de madera y que directamente prescindía del airbag. Eran otros tiempos.
El apartado mecánico también tenía su aquel, aunque no fuera un cohete. El BRM montaba un motor de cuatro cilindros 1.8 VVC K‑Series con 145 CV (107 kW), el más potente disponible para la gama de Rover estándar, que estaba asociado a una caja de cambios manual de cinco velocidades. La cifra no era una locura, pero al pesar poco más de una tonelada era bastante vivo: aceleraba de 0 a 100 km/h en unos 7,9 segundos y podía alcanzar una velocidad máxima de 204 km/h.
En cuanto a puesta a punto dinámica, el BRM se distinguía por emplear una suspensión rebajada 20 mm y más rígida que la del 200 estándar, junto con un diferencial Torsen delantero y frenos de disco de mayores dimensiones. Esto le daba un comportamiento directo en curvas, lo que marcaba una diferencia importante respecto a sus hermanos de gama.
Si te hemos despertado la curiosidad, tenemos que darte la mala noticia de que conseguir uno en buen estado es cada vez más difícil, tanto por el hecho de que son pocos, como por la disponibilidad de repuestos y la atención que requieren los Rover de esa época. Sin embargo, quizá te cruces con alguien que tenga uno sin saber lo que tiene, y puedas hacer un buen negocio.


