El Subaru Impreza 22B STI es uno de los deportivos japoneses más valorados. Y como buen mito, se dice que su nombre oculta algo

Subaru Impreza 22B STi
Subaru Impreza 22B STi

El Subaru Impreza 22B es un deportivo japonés icónico de los 90 y el sueño de muchos. Ahora bien, su nombre está rodeado de misterio casi tres décadas después.

La década de 1990 nos dio muchos deportivos japoneses que pasaron a la historia y que aún se recuerdan a menudo hoy en día. Entre ellos, el Subaru Impreza 22B es un modelo icónico y extremadamente valorado, el cual cuenta con un misterio que rodea a su propio nombre y que todavía no ha quedado resuelto por completo.

Subaru decidió lanzar el Impreza en la década de 1990 con la idea de sustituir al Leone, un modelo compacto lanzado en la década de 1970. Su premisa era similar, es decir, la de un coche familiar de carácter económico, pero la ejecución era más moderna.

El Subaru Impreza llegó con carrocerías de dos y cuatro puertas e incluso en variantes con carrocería familiar. Además, aunque inicialmente estaba enfocado como modelo de diario de carácter económico, pronto recibió varias configuraciones deportivas de calle, especialmente cuando la firma decidió usarlo para competir en los rallies.

Así llegaron variantes como el Impreza WRX (World Rally Experimental), con un motor bóxer de cuatro cilindros que rendía unos 240 CV, tracción integral y un cambio manual de cinco velocidades. En algunos mercados se conoció como GT y como Turbo 2000, pero la receta era la misma y dejaba claro que este ya no era un coche convencional para el día a día.

Disponible incluso en versión familiar, el Impreza WRX era un deportivo de lo más versátil, pero solo era el comienzo. En 1994 se lanzó en Japón el WRX STI, siglas que significan Subaru Technica International, el nombre de la división deportiva de la firma. Aquí se realizaron varios ajustes más deportivos y la potencia incrementó hasta unos 250 CV, aunque más adelante llegó a superar los 270 CV e incluso alcanzó los 280 CV, que era la cifra mágica del pacto de caballeros de los fabricantes japoneses.

Se fabricaron multitud de versiones deportivas de la primera generación del Subaru Impreza, pero el Santo Grial llegó en 1998. Se trataba del Impreza 22B STI, con carrocería de dos puertas más ancha, suspensión rebajada con amortiguadores Bilstein y muelles Eibach, brazos de control de aluminio forjado, un gran alerón trasero ajustable y un aspecto general más agresivo con unas llantas doradas BBS de 18” como toque final.

Bonhams

Bajo el capó seguía presente un motor bóxer, pero aquí se trataba de un bloque de 2.2 litros turbo y no de uno de 2.0 litros. En teoría, seguía ofreciendo 280 CV, aunque se sospechaba que entregaba mucho más. El par también incrementó y esto dio lugar a una experiencia de conducción sensacional que casi te hacía sentir que te encontrabas en un coche de rally.

Ofrecía un paso de 0 a 100 km/h en 4,5 segundos y alcanzaba una velocidad máxima de unos 248 km/h, lo que era bastante llamativo para la época. Estaba a la altura de algunos grandes deportivos del momento, pero no era para menos, ya que este era un modelo muy especial para Subaru.

Si bien muchos deportivos nacidos o inspirados por el rally son versiones de homologación creadas por exigencias del reglamento, en este caso hablamos de un coche de celebración. El Impreza 22B se creó principalmente para celebrar los éxitos de la marca en competición, con tres campeonatos consecutivos del WRC logrados en 1995, 1996 y 1997.

Es por esto que se creó esta edición tan especial y limitada, ya que se fabricaron no mucho más de 400 unidades. Esas 400 fueron para Japón, mientras que 24 se vendieron en otros mercados como el británico y el australiano, donde también conducen con el volante a la derecha. Así, se convirtió en un icono de los 90 y de la propia historia del Impreza, el cual cuenta con una curiosidad en su propio nombre.

La denominación 22B es conocida por cualquier aficionado del deportivo de Subaru, pero su significado no está claro todavía. La teoría más extendida es que 22 hace referencia a la cilindrada de 2,2 litros de su motor, mientras que la B se refiere a los amortiguadores Bilstein. No obstante, también cabe destacar que 22B es equivalente a 555 en hexadecimal, lo que puede que te suene.

Si tienes en mente las imágenes del Impreza WRC de los años 90, seguro que recuerdas ver las pegatinas de ‘555’ en la carrocería. Se trataba del patrocinador principal del equipo de rallies, la marca de tabaco State Express 555, muy popular en Asia. Dado que este era un coche pensado para conmemorar las victorias en rallies, tiene sentido que su nombre haga referencia a ello, pero todavía sigue siendo un misterio sobre el que muchos siguen debatiendo.

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Sergio Ríos

Redactor

Sergio Ríos es Redactor de Auto Bild y Top Gear. Prueba todo tipo de coches, escribe artículos y graba contenido para redes sociales. Por un friki del motor, para los frikis del motor