Volkswagen siempre ha hecho Golf GTI más o menos serios. Pero un día se volvieron locos con el salvaje A59

En 1993, la marca estaba inmersa en el desarrollo del Volkswagen Golf A59 que llevaría a la compañía a competir en el Grupo A del Campeonato Mundial de Rallys.

Hubo una época en la que la industria del automóvil solo encontraba límites en los presupuestos asignados para cada proyecto. Esos años, con los ’80 y ’90 a la cabeza, marcaron un antes y un después para este sector, con coches como el salvaje Volkswagen Golf A59 que demostraban que una idea alocada y la ingeniería podían dar forma a coches radicales incluso para los estándares de hoy en día.

Nadie en su sano juicio pondría casi 300 CV de potencia en un Golf de tercera generación. El chasis está lejos de soportar esas cifras de potencia, no al menos sin una serie de refuerzos específicos y multitud de modificaciones. Sin embargo, a principios de la década de 1990 no se prestaba tención a estos detalles, y todo era posible si cabía o si se podía hacer funcionar.

La historia del salvaje Volkswagen Golf A59

Estos ideales llevaron a Volkswagen a crear el que fue, durante mucho tiempo, el Golf más radical jamás construido. El A59 no es tan conocido como otras versiones del compacto alemán, ya sea el GTI o el R32. Pero ocupa un lugar especial en la historia del fabricante de Wolfburg, una pieza de museo que comenzó con argumentos de sobra para llegar a producción, aunque no pasó de la fase de prototipo.

Ya en la segunda generación del Volkswagen Golf, la marca alemana construyó una interesante edición especial denominada Rallye. Esta variante, limitada a 5.000 unidades, utilizaba un Golf Mk como base, el cual estaba equipado con un motor de gasolina de 1.8 litros y un compresor volumétrico que le ayudaba a generar 160 CV de potencia.

Para canalizar esa potencia al asfalto, se instaló un sistema de tracción total Syncro con diferencial viscoso. Por desgracia, su elevado precio provocó que los concesionarios de Volkswagen tuvieran algunas dificultades para colocar todas las unidades producidas.

El objetivo con el Volkswagen Golf A59 era superar al Golf Mk2 Rallye y competir en el Grupo A del Campeonato Mundial de Rallys, además de vender fácilmente todas las unidades de calle necesarias para homologar el modelo de carreras. Por eso, se le encargó al Schmidt Motorsport el desarrollo de este coche.

El preparador alemán tomó la base del Golf Mk3 y le instaló un completo kit de carrocería de kevlar con parachoques más grandes, guardabarros ensanchados, taloneras y un generoso alerón trasero que producía una gran carga aerodinámica sobre el eje posterior.

La carrocería fue acompañada de componentes de fibra de carbono que ayudaban a mantener el peso bajo, una suspensión específica que mejoraba el control y las prestaciones, y unas llantas con neumáticos 205/50 ZR16. Todo el conjunto se sometió a un extenso programa de pruebas que incluyó hasta 20.000 kilómetros de conducción en el circuito de Nürburgring.

El corazón de la bestia

Pero todo esto solo pasaría por un Golf modificado de no ser por su propulsor. Schmidt Motorsport se decantó por una unidad de cuatro cilindros en línea, 2.0 litros y 16 válvulas como motor del Golf A59. Lo dotó de un turbocompresor KKK y de inyección electrónica Bosch Digifant, haciendo posible una potencia de 275 CV a 6.000 rpm y un par motor de 375 Nm.

El bloque estaba ligado a una caja de cambios manual de seis velocidades que, a su vez, se asociaba con un sistema de tracción total permanente Syncro y un peso en vacío de 1.375 kilos. El resultado fue un compacto deportivo capaz de pasar de 0 a 100 km/h en 4,2 segundos y de alcanzar una velocidad máxima de 270 km/h.

Con el prototipo de pruebas ya completado, la idea en Volkswagen era la de llevar el A59 a la siguiente fase del proyecto: construir las unidades necesarias para lograr la homologación que acabaría con el Golf Mk3 participando en el Grupo A del Campeonato del Mundo de Rallys.

Recortes y proyecto cancelado

Sin embargo, a finales de 1993 se produjeron una serie de cambios en la cúpula directiva de la compañía alemana que acabó con nuevos dirigentes al frente de Volkswagen y numerosos recortes en diferentes áreas. Una de las que se vio afectadas fue el departamento de competición y, en particular, el proyecto A59.

Y es que Volkswagen había previsto comercializar el Golf Mk3 A59 a unos 80.000 marcos alemanes (unos 42.000 euros), una suma por la cual acabaría perdiendo dinero en cada venta. Esto, en un contexto de recortes presupuestarios, no encajó con las ideas de la nueva directiva, que acabó cancelando el proyecto.

Por aquel entonces, ya se había fabricado un prototipo de pruebas, una unidad que hoy se puede contemplar en el Museo Volkswagen de Wolfsburg. También se construyó otro ejemplar, que está en posesión del preparador, y menos de 10 carrocerías que acabaron vendiéndose a clientes privados.

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Aarón Pérez

Colaborador

Colaborador redacción motor Auto Bild España