El Boxster ayudó a salir de un profundo pozo sin fondo a Porsche. Pero con la inestimable ayuda de Toyota

Fueron ex empleados de la firma nipona los que cambiaron la forma de trabajar de Porsche y la rescataron de la bancarrota con la llegada del Boxster 986 en 1996.
La década de los 90, dorada para algunas marcas automotrices, no lo fue tanto para otras como Porsche, que tuvo unos años tormentosos e incluso estuvo al borde de la desaparición. La escasez de ventas a principios de esa década era alarmante y con tan sólo tres coches en su portfolio (Porsche 911, Porsche 968 y Porsche 928) todo apuntaba a la muerte hasta que llegó la tropa de Toyota.
La comercialización del 911 no daba para mantener a todo el conglomerado empresarial y la guadaña de la bancarrota llamó a su puerta. Y eso que la compañía alemana venía de unos años 80 de bonanza financiera (se vendían una media de 50.000 vehículos anuales), pero en 1992 una crisis económica golpeó fuertemente tanto a Alemania como a Japón.
Una de las empresas afectadas fue la compañía de Stuttgart, que vio cómo se reducían drásticamente sus ventas: pasó de fabricar 58.625 unidades en 1986 a 15.082 en 1993. Este hecho provocó que se derrumbaran los beneficios de esta enseña que bajaron de 258 millones de dólares (unos 250 millones de euros) a unas pérdidas de más de 180 millones (casi 175 millones de euros).
El miedo se apoderó de los directivos de Porsche que querían evitar a toda costa que BMW, Mercedes o Volkswagen compraran la compañía, como se llegó a rumorear y así lo publicaron algunos medios estadounidenses como el Chicago Tribune en un artículo de 1996.
El personaje fundamental que puso la primera piedra para que Porsche no cayera en la quiebra más absoluta fue Wendelin Wiedeking, ingeniero de profesión y director de producción de la marca germana desde 1991. Antes, a principios de los años 80, comenzó a trabajar en Porsche dentro del área de producción.
Esta persona intentó que los directivos de la empresa alemana entendiera que la fabricación de coches se estaba llevando a cabo de una manera completamente ineficaz y ruinosa para ella.
Un viaje a Japón, donde visitaron las fábricas de Toyota, Nissan y Honda, pareció cambiar el rumbo porque allí vieron cómo trabajaban los japoneses. Fueron varios los viajes que sirvieron para que los empleados de Porsche se dieran cuenta de sus carencias respecto a la disciplina y eficacia de sus homólogos nipones.
En 1992, Wiedeking sucede en el cargo de CEO de la firma de Stuttgart a Arno Bohn y contrata a la consultoría japonesa Shingijutsu Global Consulting (SGC), creadora del sistema 'just in time', que cambió la forma de trabajar de los alemanes para que fueran más eficientes en toda la cadena de montaje.
Sus fundadores fueron ex empleados de Toyota y utilizaron esa metología, que también aplicaron en la enseña japonesa gracias a Taiichi Ohno. Posteriormente, ese modo de trabajar lo copiaron numerosas marcas del País del Sol Naciente.
De esta manera, entre otros logros, se consiguió reducir de 28 a 7 días de producción el número de piezas disponibles, lo que llevó consigo un cambio en la relación de Porsche con sus proveedores. Y no sólo eso, se perfeccionaron los recorridos que debían hacer los trabajadores en la cadena de montaje para que la efectividad creciera.
Además, los consejos de los expertos japoneses influyeron en la línea de ensamblaje, en la metodología de trabajo de los empleados de Porsche y, sobre todo, en la reestructuración de la cartera de productos de la compañía.
Porsche comercializó en los albores de los 90 modelos con motores de cuatro, seis y ocho cilindros, con trenes motrices delanteros (transaxle) y traseros. Pero los especialistas de Shingijutsu dijeron que ese tipo de modelos nunca llegarían a ser rentables y propusieron otro plan, que pasó por prescindir en 1995 de los coches con motor delantero y focalizar el trabajo en el clásico Nueveonce.
Y llegó el Boxster 986...
Después de todos los encajes, cambios y diferentes planteamientos, vio la luz el Porsche Boxster 986. Lo haría en 1996 y se convertiría en la tabla de salvación para la marca alemana, ya que encajó entre la necesidad de reducir costes de producción y el atractivo del coche en sí.
La reducción de costes llegó porque se fusionó el desarrollo del Boxster 986 y el 911 (996), el primero refrigerado por agua. La arquitectura mecánica de ambos vehículos era prácticamente calcada, salvo la cilindrada, como también lo era el frontal y los faros tan característicos.
Aparte de abaratar costes de desarrollo, el nuevo modelo gozó de credibilidad de cara a los compradores potenciales al heredar parte de las piezas y el lenguaje de diseño de su hermano mayor.