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Han creado una batería que podría durar 400 años: ¿Se puede aplicar a coches eléctricos?

Batería de 200.000 ciclos de la Universidad de California Irvine

La investigación está siendo llevada a cabo por la Universidad de California y surgió de manera espontánea con un experimento.

Varios científicos de la Universidad de California en Irvine, Estados Unidos, buscaban sustituir el líquido de las baterías con el objetivo de reforzar también el cableado interno, cuando se dieron cuenta de la enorme efectividad energética de esta nueva tecnología.

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Los nanocables de oro fueron recubiertos con dióxido de manganeso y un gel de electrolitos especial que buscaba el mayor aislamiento térmico posible. Sin embargo, las mediciones iniciales aseguran que esa configuración de batería podría resistir más de 200.000 ciclos de recarga.

Un descubrimiento clave fruto de la suerte

Mya Le Thai y su batería de 200.000 ciclos

Mya Le Thai fue la artífice de la obra colocando ese gel entre los nanocables y realizó multitud de procesos de recarga y descarga durante meses. Algo que contrastó con los poco más de 5.000 ciclos que suelen aguantar las baterías convencionales.

La revista Popular Science recogió las palabras de la investigadora, que aseguró que se trara de un sistema con una durabilidad extremadamente alta sin perder su capacidad.

"Esta investigación prueba que las baterías de nanocables de oro pueden tener una larga vida y que son una realidad", con solo un 5% de pérdida de su capacidad total tras 200.000 recargas.

La Universidad de Stanford podría aumentar la vida útil de las baterías de coches eléctricos

¿Podría llegar la novedad en el futuro al coche eléctrico? De momento, no. En aplicaciones como los smartphones puede ser viable ya que sus baterías son especialmente pequeñas, pero las de los vehículos eléctricos van por otro camino.

El oro es un mineral extremadamente caro y no precisamente abundante, por no hablar de que la construcción de una batería de coche eléctrico necesita resolver muchos más factores y soportar altas tensiones y niveles de energía.

Si en un futuro ese metal se sustituyese por alternativas más baratas y comunes como, por ejemplo, el níquel... Quién sabe. Quizá hubiese un nuevo boom tecnológico que también representaría una ventaja medioambiental ante la ausencia de la necesidad de reciclar continuamente esos componentes.

De momento en automoción, solo queda confiar a corto plazo (unos cinco años) en las baterías de estado sólido que marcas como Toyota ya están investigando y que prometen dar un salto cualitativo enorme.

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