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El primer BMW M3 nació casi por casualidad... y así terminó convirtiéndose en un mito

¿Sabes cómo fue el alumbramiento de uno de los mayores iconos de la Historia del automóvil?

Imagen de perfil de Alex Aguilar

Si eres tan petrolhead como cualquier miembro del equipo de Top Gear, es más que probable que la berlina deportiva por excelencia llegada de Múnich sea uno de tus artefactos favoritos... y siempre ocupe una de las primeras posiciones a la hora de confeccionar el listado de coches nuevos con los que te gustaría hacerte. Hoy vamos a hablar de cómo nació el primer BMW M3, cuáles eran las expectativas de la marca con él y encontraremos las razones que lo llevaron a convertirse en un auténtico mito con ruedas. 

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¿Sabes lo que es el DTM? Sí, es esa competición exageradamente adictiva que hasta hace bien poco gozaba de una popularidad brutal y que ninguna marca quería perderse... y eso incluye a auténticos elefantes como Audi, Opel, Mercedes e incluso Porsche. Sí, Porsche. En los años 80 el dominio en la categoría del 190E 2.3 16V -aquí tienes la historia del Evo II- cabreó bastante a BMW que, cegada por su obsesión por hacerse con el título, ordenó a su departamento de competición M crear un artefacto capaz de sacarle los colores a cualquiera en la pista. 

 

 

Aunque pueda parecer algo sencillo, en realidad una maniobra así encerraba una complejidad bastante salvaje: el reglamento del certamen obligaba a los fabricantes a poner en la calle al menos 5.000 unidades de los vehículos de competición para poder empezar a correr, lo que significaba que al menos 5.000 piezas del primer BMW M3 tendrían que rodar por ahí antes de poder empezar a hablar de subir a un podio con su variante de competición. ¿Crees que una decisión así puede tomarse a la ligera? Pues en realidad sí: a pesar del recelo de algunos departamentos de la marca a la hora de lanzarse a fabricar una versión deportiva de una berlina que no tenía el pedigrí necesario aún, alguien estuvo lo suficientemente loco como para darle luz verde al proyecto sin importarle los costes económicos que pudiera implicar. Ese alguien se llamaba Eberhard Keuenheim, era el consejero delegado de la firma por aquel entonces y nadie pudo rechistar ante su decisión. Bravo. 

Para perfilar el primer BMW M3 la marca bávara recurrió, lógicamente, a su departamento de competición denominado M... que nunca antes se había enfrentado a algo así. Sí, eran auténticos especialistas en extraer todo lo extraíble a los modelos de calle para hacerlos competitivos en pista, pero jamás habían recibido el encargo de crear algo que en la calle fuera sensacional para después, en el circuito, convertirse en una máquina sencillamente brutal. Para lograrlo decidieron destripar por completo el Serie 3 de la época y sólo reutilizaron cuatro -sí, cuatro- paneles de su carrocería, con un nuevo diseño que sería más eficiente, aerodinámico y, por qué no decirlo, molón. También se trabajó profusamente en el apartado de frenos, suspensión y dirección para conferirle al conjunto un tacto muy deportivo sin que eso implicara ser una herramienta de tortura en el día a día.

 

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¿Quieres que hablemos de su motor? Para dotar de movimiento al artefacto el personal de BMW decidió tomar prestado del M1 su motor de seis cilindros... y eliminar dos para hacerlo un poco más ligero. ¿El resultado? Uno de los bloques de cuatro cámaras en línea más inspiradores que han existido jamás: con 2,3 litros de cilindrada era capaz de erogar 200 CV. De los de antes, claro. La versión definitiva del coche apareció en 1986 y puso en marcha un movimiento fundamental que marcaría la evolución del mercado en las siguientes décadas: el de las berlinas deportivas. Una cifra de producción final de más de 16.000 piezas -recuerda que en ventas creyeron que iban a pasarlas canutas para darle salida las 5.000 previstas inicialmente- fueron aval suficiente como para que la marca decidiera introducir la alternativa más salvaje en las próximas generaciones... que llegarán hasta la que veremos en 2020 con el nuevo BMW M3

Ahora mismo hay lágrimas asomando a tus ojos, ¿verdad? Te entiendo. Esta tarde nos vemos en el parque de los patos: repartiremos abrazos gratis. 

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